10 de abril de 2026
Abrirían una pizzería en local propio a metros de la esquina.
por
Chino Castro
Como los negocios no se rigen por el amor sino por la rentabilidad y la poesía de una noche inolvidable jamás podrá depositarse en un Banco, inesperadamente los hermanos Guido y Gonzalo De Julio, los hijos del legendario 'Pifume', debieron abandonar a fines de marzo la histórica esquina de Brown y Venezuela donde el boliche Alcatraz fue durante casi tres décadas con un ícono de la noche vernácula.
La titular del inmueble, que pertenece a la familia Andonegui, dueña de varias propiedades en la ciudad, les solicitó el lugar para algún otro proyecto (en rigor, el contrato de alquiler no les habría sido renovado), por lo que los pibes, que crecieron entre las mesas y los duendes rústicos de ese bar desde bien niños, debieron abandonar un sitio que sentían como su casa, y del que no proyectaban irse dado que Alcatraz era uno de los boliches que trabajaba bien en la ciudad, con su estilo y su clientela. (El acuerdo original, establecido en 1998, fue entre 'Pifu' y los hermanos 'Pepe' y Carlos Andonegui. En ese entonces, Guido tenía 8 años y Gonzalo 4.)
No trascendió qué se hará en una de las mejores esquinas de la ciudad, aunque circulan algunos rumores. Podría ser un bar, o probablemente no. De cualquier modo Alcatraz ya no será, y es otro clásico que se apaga en la ciudad. Quedarán en la memoria pueblerina, y en pilas de fotos, esas paredes naranjas con dibujos del 'Pato' Arbe, flanqueando a la puerta, en uno de cuyos vidrios aún resalta, irónicamente, un cartelito con la palabra 'Ríe'. Hace algunos años la misma suerte -o desgracia- corrió Don Giácomo, del 'Negro' Grismado y Alicia Garmendia, emprendimiento gastronómico que no poseía tanta historia pero sí un lugar ganado y buenas proyecciones. Hoy la esquina de Brown y Avellaneda todavía permanece vacía.
El ya ex Alcatraz fue desocupado durante el fin de semana, por Guido y Gonzalo con la generosa ayuda del cuerpo de Bomberos Voluntarios, del que el primero forma parte. Entre los elementos y recuerdos que anduvieron removiendo, aparecieron varias cosas que ni sabían que existían, en algún momento guardadas por su padre, Heriberto Oscar de Julio, para quien este boliche fue un gran sueño, después de haber tenido otros, como Majada -a cien metros de allí, en Venezuela y Olascoaga-, y de trabajar como mozo en varios pubs legendarios de la ciudad. Alcatraz fue el lugar donde quería quedarse, y después sus hijos también, pero pasaron cosas...
Sin embargo, contra lo que cabría suponer podrían venirse para ellos tiempos mejores, como veremos a lo largo de esta entrevista.
"Nos dolió mucho a nosotros y a toda la gente que nos acompañó".
"Nos tocó tener que cerrar. Siempre sospechábamos que era algo que podía suceder, aunque a la vez nunca esperábamos que llegara el día. Pero pasó, y en verdad nos dolió mucho a nosotros y a toda la gente que nos acompañó todos estos años. Para nosotros, nuestros clientes y habitués fueron nuestra familia, porque son personas a las que vimos casi todos los días durante un montón de tiempo", expresaron Guido y Gonzalo en la entrevista con este diario. Y ese vínculo crecía en un contexto de bar, lo que da a los encuentros un sabor bien rico aunque no haya nada para celebrar. Es que en un bar se ríe, se llora, se charla, se discute, se piensa y se suelen hacer planes que no resisten las primeras luces del día, ese delicado instante cotidiano en el que la madrugada hace hojaldre y se endurece en mañana, pero es un lugar al que se elige ir, y con eso está todo dicho. Los hermanos De Julio pueden dar fe.
¿No hubo posibilidad de negociar nada?
- No, le ha salido otro proyecto que considerará mejor y estos son negocios, es así. Lo tuvimos que entregar, qué íbamos a hacer. Queríamos seguir, tenemos la clientela, tenemos trabajo, y además hay un factor emotivo que para nosotros es fundamental: esto es algo que nos dejó nuestro padre, y eso es hermoso. (Guido y Gonzalo llegaron a trabajar junto a 'Pifume', que falleció en octubre del 2021.) Por eso queremos aprovechar para agradecer el cariño de la gente todos estos días, los saludos personales, los mensajes tan lindos que nos dejan en las redes, los videítos. Ese apoyo es valiosísimo, y nos llena de ganas de seguir.
Estos días tristes, retirar las cosas de la esquina resultó una de las instancias "más feas", confesaron los hermanos. Vasos, sillas, mesas, vajilla, pocillos que constituyeron su cotidianidad y quedarán en silencio para siempre, salvo lo que les sea de utilidad para volver a emprender. Pero también tuvo sus momentos simpáticos, básicamente al hallar cajas con cosas que ni sabían que existían, y que 'Pifu' amarrocaba para después, para quién sabe cuándo: por ejemplo algunas docenas de vasos flamantes, que hubiesen sido usados si los hermanos hubieran sabido que estaban disponibles, en vez de salir a comprar. Pero también se toparon con otros elementos, como una parva de bolsas de arpillera y un termotanque que andá a saber qué destino les habría trazado 'Pifu'. Finalmente, al darse vuelta y ver "todo vacío" cuando llegó el momento de salir por última vez y cerrar, Guido y Gonzalo sintieron un sabor "muy amargo", y no pudieron evitar pensar en su padre, "que nos pedía que continuáramos, y no pudimos cumplirle el deseo. Fue muy dolorosa esa parte", como desarmar y embalar en las cajas del olvido una parte de la infancia.
Héctor Heriberto De Julio contrajo un cáncer contra el que peleó más de una década. Durante el proceso nunca abandonó Alcatraz, y fue en ese periodo que sus hijos se pusieron al frente del emprendimiento, reemplazándolo cuando debía ausentarse por su tratamiento médico. "Cuando pasó lo que pasó, me fui quince días con él a Buenos Aires, y lo poco o mucho que hablábamos pasaba por el negocio, que él quería que siguiera abierto y lo tranquilizaba mucho que continuáramos nosotros", recordó Guido. Fueron tiempos de 'hacerse', como se dice en la jerga laboral: "Al principio directamente nos chocamos la pared, ni sabíamos dónde estaba la perilla de la luz. Había que tratar con proveedores, organizar el funcionamiento de un boliche, pero fuimos aprendiendo, con ganas y voluntad", coincidieron los hermanos.
Desde que se hicieron cargo, Alcatraz siguió con lo de siempre: un típico bar donde la 'vedette' fue la cerveza, y unas ricas pizzas con las que 'Pifume' se había ganado el favor de toda una clientela que las elegía. Básicamente, la de muzzarella, bien finita. Cortito y al pie lo del 'Pifu', y los pibes siguieron con su receta, aunque fueron agregando variedades. También sumaron unas pastas que concitaron mucho interés de barras de amigos que se juntaban en la esquina cuando pintaba la ocasión. El fútbol era una aglutinante, y para ello se equiparon con una pantalla donde poder ver los partidos cómodamente y vibrar en un clima de peña. "Seguir a River y a Boca fue un clásico", remataron. (El 'equipo' siempre se completó con alguien fundamental, hay que ser justos: Cristina, la cocinera, la madre de los chicos y exmujer de De Julio. Aunque las luces nunca apuntaron hacia su figura pequeña, sin esa mujer fuerte ahí atrás quizá otra hubiese sido esta historia.)
Cosas que mucha gente va a extrañar. Alguna, que siguió a 'Pifu' desde sus orígenes como laburante de la noche, más la que se fue incorporando a partir de la gestión de sus hijos. Muchas de esas personas, hombres y mujeres de muy diversas edades que caminan nuestras calles, se los ha hecho saber con emoción estos días: "Gente que nos ha contado historias con él, cosas que no sabíamos y que nos emocionan", resaltaron.

Allende la tristeza del ahora, "cuando se cierra una puerta se abre otra, y en estos años aprendimos cómo se lleva adelante un local", remarcó Franco. Un concepto que empleó como puente para anunciar que ya tienen un local en vista para volver al ruedo. Y que se viene una nueva etapa que los llena de esperanza.
Sin dejar el barrio, porque los hermanos emprenderían, dentro del rubro que aprendieron a conocer y en el que ya tienen una clientela que los espera, a pocos metros de esa esquina, en una construcción con casa arriba en la que montarían "algo de tipo gastronómico", pinta que una pizzería. Un inmueble que "estamos viendo si va a ser propio, que sería lo ideal. Eso queremos, dar la vuelta la página y que lo próximo que iniciemos sea en un sitio nuestro", aseveraron Guido y Gonzalo. Eso sí: le cambiarán el nombre, y así Alcatraz quedará a salvo de los nuevos avatares en el escalón de los mejores recuerdos.
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RODRIGO PISANO
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