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martes, 30 de noviembre de 2021
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Columnista: De esto y aquello Nota 1495 (4ª Época)

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez.

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Lo extraño de los Nóbel de los últimos años es que en algunas  categorías parece ser que los eligen los advenedizos. Y este año, el de literatura que es el más esperado, se lo han otorgado a un escritor que poquísimos han leído  y casi nadie lo conocía de nombre. Lo cual no quiere decir que sea malo. Pero al anunciarlo como un escritor que está contra el colonialismo  es como si lo hubiera elevado a una tendencia. Que los justos y correctos, nadie sabe por qué gustan de los antisistema porque están contra el capitalismo que en los últimos meses es veneno. Pero lo curioso, es que recién toman nota de que este  escritor está en contra de los colonialismos desde que nació en Tanzania y desde que empezó a escribir en Tanzania y desde más de cuarenta años atrás que en Tanzania existía el colonialismo propio y ajeno.

Y curiosamente, hoy, después de cuarenta años, qué casualidad, ven que el núcleo de sus escritos pasan por la lucha contra el colonialismo. A la vez que corren los tiempos de los críticos de todo hasta de lo desconocido, incluido el pasado. De verdad o de mentira, los antisistema, con la palabreja amplían los bolsillos, chiringuitos mediante. De manera que ha escrito sobre el coloniaje de los árabes contra los nativos que no son árabes, el coloniaje de los ingleses contra todos y cada uno, y el coloniaje de católicos y árabes contra el contrario. Y así años y años con tanta inopia que entre unos y otros rompen la casa de sus ancestros. Quiero decir que esa cultura de la diversidad, en vez de vivir en paz, se pierde en un magma de salvaje incultura por donde astutamente pasa el meridiano del coloniaje.

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Usted se imagina a la famosa academia otorgando el Nobel de la paz que admite en su seno los derechos humanos a máximo, al canciller, o esa señora famosa por la libido exacerbada, por sus aportes universal a los humanos. Bueno, pues esta vez, no ha sido para ninguno de ellos, pero sucederá si votan mal. Tampoco hay que olvidar que al anterior argentino premiado con el Nobel noruego, que curiosamente, siempre cae extraño, al punto que agraciado argentino anterior en recibirlo,  era, inconscientemente, claro, el que los violaba y solamente había una sola porción de humanos que tenían derechos. Más o menos como hoy que unos sí y la mayoría no. Y como es de suyo en esta gente, hacía ver a los demás argentinos y población mundial como algo lógico, cumplimentado por él y sus socios; eso sí, sin ponerse colorado.

Me acuerdo, aquella vez ya en la lejanía, que le dieron a Arafat un premio de estos y en el recibimiento madrileño los niños portaban al lado de la roja y gualda la árabe de moda en ese momento, y a esos niños les ocurría, como a los de estas pampas, que se les entrechocaban los conceptos, porque claro ondeaban la bandera del Cid, de Isabel, de Lepanto o Granada, y la otra era la otra. Y eso que existía España a pesar de las bombas etarras; ni moraban en el reparto de las  bancas, los jodidos actuales amamantados por el okupa de la Moncloa; eso sí, que también hay que decirlo, gracias a la poca trascendencia de la Moraleja. Que nunca dice lo que hay que decir y se le pide a gritos, como se pide a gritos que los derechos humanos también son para los vivos olvidados y para los muertos masacrados a pedradas y olvidados. O sea, que no se para que se siguen otorgando  algunos de los Nobel pues en realidad todos adolecen. Y en la realidad se refleja un mundo, el actual, patas para arriba, gracias a los correctos y encorsetados que a la larga o a la corta se les ve el plumero: unos odian a sus respectivos pueblos, o curiosamente no los odian, pero los toman para sus necesidades lujosas. Pero el lujo sin cabeza da tunantes de cuarta.

O sea, que asistimos a diario a una película mediocre porque mediocres son los guionistas actuales. Y veo que algunos Nobel reflejan esas circunstancias. Por si fuera poco, se llega al extremo de otorgar el Nobel de literatura a un señor que puede ser excelente pero que nadie ha leído porque sus libros se editaron en pequeñas tiradas por los noventa; y ahora nos enteramos que era anticolonial. Sin embargo, el mejor escritor a nivel mundial es Javier Marías y lo han leído millones en distintas lenguas.

Y a mí también me podrían dar algún premio de los derechos humanos aunque sea consuelo, simplemente por resistir a los que te rompen la esencia de los derechos; o más cerca porque se les antojó a cuatro cámporas que no me iban a vacunar, porque siempre les tiro con flores, un jazmín por aquí un clavel reventón por allí. Porque cuando me ofrecieron la segunda dosis, en vez de con la rusa como está establecido, con no recuerdo cual otra, porque por decreto tanto sirven algunas para un roto como para un descosido, y conteste que esperaba la segunda dosis de la sputnik. Sin embargo, alguien no hizo lo que debía y figuraba como que no había querido vacunarme. Claro no había querido con la ofrecida sino con la que correspondía. Y a alguien le correspondía anotarlo bien. Y no como una contravención para mejor entendernos. 

De manera que era necesario abrir un frasquito  y eran necesarios dos más de los dos anotados o tres con mi mujer que era la que habían llamado. Por supuesto, me atendieron muy bien y como nobleza obliga agradecí al frasquito. La vida por un frasquito.  Pero lo tremendo es que ni la cámpora por vacunarse en nocturnidad a pie del avión, ni yo podemos ir a Madrid. Pensaba ir a Moscú, sin la cámpora, claro; pero justamente estos maestros en economía, han puesto el dólar a 180, y hasta Ibarra está prohibida.

Demasiado desgobierno. Demasiado desasosiego. Ensayan Venezuela.

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