27 de abril de 2020

Opinión

Opinión. Un sur del sur

Si nos interesa ser sensibles, porque también es una cuestión mental, deberíamos pensar en los que están volviéndose tristes con la cuarentena, no sólo en quienes no pueden abrir su comercio o estudio, en qué milagro debería operar para que a nuestros bolsillos de laburantes rasos ingrese algo más que pelusa y en cómo pagará o postergará Argentina el ‘muerto’ que nos dejó el radimaurismo. Pensar en el de acá a la vuelta que está solo y se quedó sin el boliche y los mates en algún taller, que no es rico pero le alcanza, ni tan joven ni tan viejo, ni tan bueno ni tan malo, ese que no puede con la soledad. El nuevo mundo también deberá ser construido con ellos y sus subjetividades, rara vez contempladas por la maquinaria mediática regida por los intereses de un capitalismo siempre afecto a mirar el trazo grueso de las cosas. (El capitalismo es el grandote de la escuela, ese que cuando no le gusta algo lo resuelve pegando, que grita cuando canta y es muy malo en dibujo.)


Hay un tipo de sujeto que en el tiempo nuevo de la pandemia languidece en una parcela gris, indefinida, ya que no hay encuestas sobre tristes y sí sobre desocupación, cierre de pymes, hambre, contagios y muertes: no es el empresario que dejará de ganar o tendrá que cerrar su emprendimiento, ni el trabajador siempre explotado que ahora la pasará aún peor, si es que le cabe más dolor. (¿Si las empresas desaparecen qué pasa con los trabajadores cuando los echan para intentar salvar esas empresas, terminan exiliados en el mismo país al que van los pájaros cuando mueren, o son árboles que caen de pie?) No es el que clama por comida y/o medicina, el primero en el que debe pensar la política social de un gobierno popular. Tampoco el médico o enfermero que sale a la ‘guerra’ cada mañana, ni el recolector que junta nuestra mugre, no es el héroe de esta peli de terror. Es el que está solo -aunque esté con alguien- y espera algo, el que no sabe lo que quiere pero lo quiere ya, diría Sumo. Un palo que le meta un ‘tatequieto’ al reloj de su ansiedad, cuando ya no hay nada que anestesie su dolor, como canta Fito en Cable a tierra. El que pide a gritos mudos un electroshock a su anhedonia, palabra con que Charly tituló un lentazo de su década sagrada, para seguir con ochentosas, que de ahí vengo. Hablo de la vieja impedida de estirar la ronda de mandados, de los que no logran endulzar el encierro con unas cucharadas de productos artísticos aunque te los revoleen por el mate, se empacharon de mirar barbijos por la ventana, la casa ya les brilla como invicta y a esta altura tampoco se les va a dar por el milenario arte de asar, la huerta o la fabricación de muebles. Los que ahora mismo son devorados por las hormigas del estrés o caen por el lento tobogán de la depresión. Esas personas cuyo ‘caso’ no hace ruido, y entonces nadie se entera. Más que el hambre los corre el olvido, y las noticias no hablan de ellos, tampoco las redes sociales. Todes conocemos a alguien.


Desde siempre, quienes no se adaptan psicológica y/o emocionalmente a las condiciones con que los grandotes modelan al mundo y el correspondiente sentido común que es su motor, son descartados por el ojo de la sociedad. Y por las manos. La publicidad tampoco habla de ellos, y si la publicidad no habla de vos, en el mundo capitalista no existís. Despectivamente, aunque también poéticamente, se los llama locos. Se los niega o esconde, se los combate con algo peor que las armas: el desdén, el ninguneo. A nadie interesan, ni siquiera molestan en medio de la indiferencia marcial de las ciudades, y si tienen plata se los interna en algún lugar caro y chau picho. Son lo que hay que descartar, amansar a pastillas, lo que no encaja. Son el error. Aunque no estoy hablando acá de gente con un trastorno científicamente dictaminado, sino de los que están perdiendo el gusto, no tienen ganas de comer o se duermen durante el día, hartos de la tevé, corroídos por el insomnio de noches como barrotes. Los que cargan un desierto en el alma, y no parece que fuera a llover. Gente que va a enfermar, pero la factura le caerá el año que viene. Podríamos ser vos o yo. Ya hay quien lo está estudiando, pero no aparece en el gritódromo de Intratables ni en el caldaso del ‘zurrado’ Feinmann. Porque como advirtió la comunicadora Daniela Roldán en el programa Fuga de Tortugas: si reunirse, compartir, socializar y abrazarse es salud, la ausencia de todo eso es enfermedad. Somos latinos y argentinos, no orientales ni finlandeses, y a las seis de la tarde el día recién comienza. Deberíamos detenernos en ellos cuando pensemos en qué hacer por otro. Eso también es amor, porque sostenernos entre nosotres es fácil. No poseo una receta, no necesitan comida sino apetito, no son enfermos terminales, no buscan trabajo sino algún flash de pasión. Quizá con sólo recuperar su vida anterior volverían al sol, pero mientras este denso día se encariña con la eternidad la ansiedad les sube como la bilirrubina, y quién te dice hasta se sienten culpables de no cuidar al otro quedándose en casa con una sonrisa y una peli que elegir.


Cuando el río baje y llegue el momento de contar las pérdidas y lo que nos queda para armar el delicado rompecabezas del mañana, habrá que afinar la mirada más allá de pibes sin clase, empresas quebradas, desocupación, pobreza, ladinos que en todas las guerras se roban las armas para vendérselas a los verdugos y los etcéteras que son nuestro elemento de este raro abril. Quedará bajo esa costra un sedimento emocional difícil de calcular, que está acumulándose ahora. La massmedia no lo hará, no perderá un instante en fabricar con ellos un puñal contra @alferdez, tiene cosas más importantes que romper y llegado el caso la miseria, que siempre debería ser lo más urgente y lo más importante, volverá a garpar más. Son el daño colateral, al fondo de ese opaco tarro nunca llegan. En cambio l@s que nos creemos dueñ@s de un capital espiritual capaz de sostenernos en la que sea, sí deberíamos integrarlos al arco de nuestros pensamientos y acciones, hacerles saber que los tenemos en cuenta. Ya deberíamos empezar, no esperar a que Febo asome. Todes conocemos a alguien así. La inclusión empieza por el pensamiento, es decir por casa. Y el sur, ese sur en el que ocupan una desapercibida mesa que ni siquiera está en un rincón, finalmente un sur del sur, también existe.


Chino Castro

ARGENTINA ESTÁ EN CUARTOS DE FINAL

ARGENTINA ESTÁ EN CUARTOS DE FINAL. Con el corazón en la mano: Argentina lo dio vuelta ante Egipto y se metió en los cuartos de final del Mundial

Cuando todo parecía perdido, apareció el corazón de la Selección. Argentina protagonizó una remontada épica, venció 3-2 a Egipto y se clasificó a los cuartos de final de la Copa del Mundo tras revertir un 0-2 en apenas once minutos.


MOTOCICLISMO - 1ª FECHA DEL ENDURO BUENOS AIRES. Juampi Ziarzolo impuso su ritmo en 25 de Mayo

mask

AJEDREZ - GRAN PRIX PROVINCIAL. Destacada labor en 25 de Mayo de la escuelita local, líder en la general

mask
CATEGORIAS FORMATIVAS - FEMENINO CATEGORIAS FORMATIVAS - FEMENINO

CATEGORIAS FORMATIVAS - FEMENINO. La selección U15 finalizó su participación en el Zonal

Subscribite para recibir todas nuestras novedades

data fiscal  © 2026 | Diario La Mañana | Av. Venezuela 159 | Bolívar (CP 6550)