31 de diciembre de 2020
Dado que es el último día del año 2020, resulta convocante intentar hacer un balance. Tarea quizá muy difícil de realizar hoy, quizá el paso del tiempo de lugar a nuevos saberes, a partir de lo vivenciado.
Estas últimas semanas he pensado en la potente fuerza de una de las fuentes de las que emana nuestro sufrimiento: la regulación de las relaciones sociales. Así lo sitúa Freud, en su obra "El malestar en la cultura". Es la tercera que ubica. La primera es la hiperpotencia de la naturaleza, y segunda es la caducidad de nuestro propio cuerpo.
Aunque se creyera que las dos primeras, por su magnitud, serían causa del mayor sufrimiento, sabemos que es de la primera: "la insuficiencia de nuestros métodos para regular las relaciones humanas en la familia, el Estado y la sociedad, de dónde emana el mayor sufrimiento humano". Porque es el que nos negamos a aceptar; cada vez que le pedimos a las instituciones que representen protección y bienestar para todos. Freud desarrolla largamente la resistencia que ejerce una fuerza indestructible que no se deja dominar tan fácilmente, o el costo por el grado de su renuncia puede ser alto: la tendencia destructiva, inherente al ser humano. En conflicto continuo con otra fuerza indestructible que es la de la unión, la tendencia a la vida.
Él refiere que nada puede augurar bajo el predominio de cuál se resolverá el conflicto.
Creo que han pasado muchas cosas este año, que puso en jaque mucho de lo que ordenaba las relaciones sociales. Y allí nos encontramos con el malestar que emanaba de los nuevos preceptos, de la interpretación individual para concretarlos, el agrupamiento de quienes buscaron amar al prójimo, asegurándose que hubiera otros en quienes descargar los golpes.
Le pedimos a las instituciones y las instituciones propusieron la aspiración a una salud perfecta, el bienestar obligado y el rendimiento económico y cultural, sin importar cómo lograrlo.
Es un punto decisivo para intentar que las próximas experiencias se logren regular integrando la complejidad del asunto, en la medida en que se trata de la complejidad de lo que significa estar vivo para un ser humano.
Lo que tienda a la unión, y sea vida
Quisiera proponer una invitación a la reflexión, para que cada quien piense, registre, cómo puede atarse a lo que una y sea vital, sopesando la inevitable cuota de destrucción ("una porción indomable de la naturaleza"): parte de nuestra propia constitución psíquica.
Para el 2021 deseo que Eros, como llama Freud a la tendencia a la vida, gane su primacía sobre Tánatos o pulsión de muerte.
"De este mundo no podemos caernos", tratemos de caber todos.
Muchas felicidades
Aquello a lo que aspira todo ser humano, que es la felicidad, no es realizable. Con lo que contamos es con satisfacciones de carácter episódico.
Freud dice: "nuestra disposición no nos permite gozar intensamente sino el contraste".
¡Felicidades no sin contrastes!
Cecilia Luna
(La licenciada escribió este texto como base para su columna radial del sábado pasado en el programa Fuga de Tortugas.)
Cuando todo parecía perdido, apareció el corazón de la Selección. Argentina protagonizó una remontada épica, venció 3-2 a Egipto y se clasificó a los cuartos de final de la Copa del Mundo tras revertir un 0-2 en apenas once minutos.