26 de mayo de 2020
Es una mentira impiadosa afirmar que el coronavirus mata a todos por igual. Ponele que en peligro estamos todes, pero a la par no: juegan las desigualdades, mirá los barrios rotos argentos y después contáme.
El diseño capitalista se alimenta de las asimetrías y la meritocracia, la justicia y la equidad son sus enemigas, a pura concentración asesina la distribución, y la solidaridad no es ni su quimera.
Los sepultureros del ‘chau cuarentena’ porque “esto no se aguanta más”, que tildan al gobierno de comunista (¿?) por meterse con las libertades individuales y lo acusan de exprimir el confinamiento para robar y perpetuarse, se creen/se saben a salvo. Incluso consideran secretamente que, si se les pica, su posición socioeconómica les permitiría mover influencias para quedarse con el último respirador, u obtener un permiso ‘gold’ para una cama en la ignota Formosa. Con la vida resuelta es fácil ser optimista y “que pase lo que tenga que pasar”, por eso hasta se dan el lujo de estar en contra de la política y a favor de los ‘mili-gerentes’ que arriban al estado para aniquilarlo. Con alas cualquier cacatúa pregona la libertad.
Los desangelados no van a estar primeros ni siquiera en esta, y Juntos a la par es sólo una floja canción de Pappo. La kryptonita del sistema capitalista es excluir, no incluir, y quizá conforme el núcleo de la condición humana: la competencia, el ego, la dominación, la codicia. Ya se descarta a los viejos cuando hay que decidir a quién salvar, y si la crisis se agudiza se desechará a los pobres. Si ya no está ocurriendo.
Los hooligans del “que vuelva todo” no están pensando en un ñato que hace changas y perdió laburo y morfi, salvo que justo les trabaje a ellos y les deje la parrilla por la mitad, ni en un mozo que quedó en bolas porque cerró el restorán. Tampoco en los coronarios ni los viejos tristes. No son el plomero sino el dueño de la canilla; son el que desaloja, no el desalojado; no reciben órdenes, las dan; en la “conquista” del desierto jamás hubiesen sido los indios, ni siquiera un puto cacique, y en los barrios frágiles a los que con la boca verde del asco llaman villas, sólo ven fétidos tumores que pudren el paisaje del progreso. Y ahora que el virus se desmadra en el anillo marginado (no es lo mismo ser un marginal que un marginado), falta nada para que el sentido común de esos ‘criterioses’ que respiran patria y honorabilidad cívica le cargue la culpa del naufragio a “los negros villeros”, que no viajaron ni a pescar a la glamorosa Chasicó. Sobre llovido, empapado.
La jauría de liberales del “sálvese quien tenga (cartera)”, ni registran a los que van últimos: ellos disputan la punta, y no les pasará lo de riBer. En todo, a la escala que quieras, siempre la tienen más larga. Cuando reinó el “sálvese quien pueda”, se salvaron: nadie proclama su propia muerte, y para irse se requiere una pizca de romanticismo. De los quemados sólo se acuerdan para garrotear al peronismo, sufren unos extraños flashes de concientización social pero al toque se les pasan, han de ser como un pinchacito en la sien. La gente de mente chiquita que eligió relamerse en la escasez no se va a juntar con ellos, que se arregle. Menos que mantener. En su enfoque todos los negros y los mediocres se morirán antes, mirá si hay tiempo. Todavía van a terminar descubriendo la vacuna…
Chino Castro
Cuando todo parecía perdido, apareció el corazón de la Selección. Argentina protagonizó una remontada épica, venció 3-2 a Egipto y se clasificó a los cuartos de final de la Copa del Mundo tras revertir un 0-2 en apenas once minutos.