5 de junio de 2020
¿Hace falta humillar a los mayores de 60 bajo el pretexto de que “los tenemos que cuidar”?. ¿No saben cuidarse solos? ¿El gobierno cree que en ese segmento etáreo se congrega la irresponsabilidad ciudadana y personal que generará la catástrofe epidemiológica? ¿Suponen quienes nos gobiernan que la “gente mayor” no tiene motivos para vivir y por lo tanto para cuidarse? ¿O estarán pensando que, por ser mayores, a los “viejos de 60 o más” se nos quemaron las neuronas y entonces necesitamos que alguien piense por nosotros?
¿Qué hay que justifique semejante ataque a la libertad como lo es, por ejemplo, habilitar una caminata pero sólo hasta los 60 cumplidos? Se me dirá, previo carraspeo para aclarar la garganta y acomodarse el cuello de la camisa para parecer que explican algo científico, que a partir de esa edad se ingresa en el “grupo de riesgo”. Y entonces, si hay riesgo, ¿por qué habilitan las caminatas, el trote y las bicicleteadas? ¿Hay riesgo o no lo hay? Porque si no hay riesgo (y ese es, seguramente, el origen de la habilitación) no debiera haber limitaciones. Nadie puede ingresar a un terreno que no existe, tenga 61 años o 19.
Se me ocurre que se está poniendo el carro adelante del caballo en muchos análisis, especialmente en el tratamiento que se da a los adultos mayores. Debieran ser el centro de la preocupación; pero no sólo a la hora de evitar que se enfermen de coronavirus. Debiera haber gente pensando en cómo resolverles la angustia, el dolor de no poder ver a sus hijos o nietos sabiendo que, por ser grandes, cada día que pase se aleja, a pasos acelerados, la posibilidad de verlos quizás por última vez. Debería haber gente pensando en cómo flexibilizarles especialmente a ellos la rigidez de la cuarentena y, en cambio, lo que están haciendo todos los gobiernos es encerrarlos, privarlos de su libertad y obligarlos a sentarse frente al televisor, que es un alimentador especializado de la paranoia.
En estos 80 días de cuarentena no se ha conocido ninguna medida pensada a favor de los mayores de 60. Sólo hay para ellos, según se sabe, camas preparadas en los hospitales que quizás no lleguen a usar porque, según también nos dicen, en caso de saturarse la capacidad instalada seguramente esa cama tendrá un destino más joven, más activo, más necesario, más calificado. Y hay restricciones, claro está. En eso sí que han pensado. Restricciones mayores y más severas que para cualquier otro ciudadano. “Vaya a su casa, abuelo”, le dijeron en un control a un amigo sesentón como quien esto escribe. Y continuaron: “no comprometa la salud de la población”.
Así estamos. Confundiendo cuidados con humillación y prevención con descarte. Como dije: poniendo el caballo detrás del carro. Olvidando, entre otras cosas no menores, que una forma de cuidar la salud de los mayores de 60 es no contradiciendo las prescripciones médicas que, enfática y recurrentemente, recomiendan caminatas. Falta creatividad en quienes gobiernan. Es muy fácil pensar en dar permisos de circulación a los niños en compañía de los padres, como lo hicieron en la propia capital federal. Pero hay que ser creativos y no tener temores al ridículo para, por ejemplo, autorizar a jugar al golf, o ir a pescar, a los mayores de 60 acompañados por un hijo, por poner sólo una idea de fácil implementación en Bolívar.
Reclamo una mirada desde la libertad a favor de los viejos. Sin refugiarse en el facilismo del encierre.
Víctor Agustín Cabreros
Cuando todo parecía perdido, apareció el corazón de la Selección. Argentina protagonizó una remontada épica, venció 3-2 a Egipto y se clasificó a los cuartos de final de la Copa del Mundo tras revertir un 0-2 en apenas once minutos.