7 de julio de 2020
La huella (ahora que, tristemente, se ha puesto de moda hablar de huella epidemiológica) artística de los grupos y solistas de la música vernácula, de todos los géneros y períodos, está siendo reconstruida por el ciclo radial Sin Fronteras, que conduce y produce desde hace añares Mario ‘Chiqui’ Cuevas, y que hoy se emite los sábados por Radio Federal.
Tras su regreso al éter luego de un parate de dos meses por la cuarentena, el programa se ha lanzado al rescate emotivo del legado de bandas y solistas que dejaron alguna impronta discográfica, así se trate de material registrado caseramente o en viejos recitales en la ciudad o la zona.
La sección fue estrenada con la remembranza de La Fase, uno de los más emblemáticos combos del rock local de los ochenta y principios de los noventa. En la ocasión, se homenajeó a Daniel Marcón, el fallecido cantante de la alienación que una mayoría referencia en la figura de su guitarrista, Eduardo Real. Se brindaron datos sobre la ‘huella’ de la banda y se compartieron algunas de sus canciones registradas en discos (La Fase llegó a grabar en Panda).
Siete días después, el segmento trajo a la superficie El fusil de madera, de Duilio Lanzoni, la primera obra del teatro argentino dedicada a la Guerra de Malvinas. La música escogida fue alegórica a la contienda bélica.
El siguiente sábado fue el turno del célebre bandoneonista vernáculo Jorge Riccio, un crack con las perillas del ‘fueye’ a la vez que una especie de ‘ilustre desconocido’ para las nuevas legiones de músicos y músicas bolivarenses. La propia familia de Riccio acercó material a Cuevas, y se gestó una suerte de pequeña cadena de colaboración que nutrió el informe del ‘Chiqui’, en una práctica que seguramente crecerá con el tiempo. Se emitieron canciones registradas por Bolívar Tango, del que Riccio fue uno de los fundadores en la década del setenta, y la ocasión sirvió también para homenajear a otros de los integrantes de esa orquesta que ya no están, tales los casos de los cantantes Jorge Soria y Néstor Darino. Entre otras perlas, sonaron tangos del concierto debut del grupo, en 1974 en Olavarría.
La elección de su figura tuvo también condimentos personales: Jorge Riccio era amigo del padre de Cuevas, que le inculcó el tango a ‘Chiqui’, quien por su parte tuvo el placer de ver en vivo al bandoneonista fallecido en septiembre de 1988.
Se vienen Los Diabólicos, banda de rock de fines de los sesenta; Malaya, combo de folclore moderno de los primeros dos mil, y entre los rescates que Cuevas proyecta titila la obra de Víctor ‘Pipo’ Cupertino, básicamente con Piedra Azul. Todo, remarcó el hacedor radial y gráfico en charla con este diario, sin descuidar lo que se está cocinando ahora mismo en los laboratorios musicales de la ciudad.
Sin Fronteras, además, incluye cada sábado, de 19 a 21, obras de músicos bolivarenses que residen acá o yiran en otras ciudades, mayormente en La Plata o Buenos Aires. El programa pasado tuvieron su segmento Bledo, trío de rock y jazz en el que toca Fernando ‘Fefe’ Botti, y Deacapayá, donde interviene Felipe Chorén, quienes testimoniaron para el informe elaborado por ‘Chiqui’.
Todo este menú local seguirá girando, mechando las músicas del mundo, de todos los géneros, de todas las épocas, lo que constituye el sello que a su programa imprime Mario J. Cuevas, quizá el melómano bolivarense por antonomasia y el mayor difusor musical que tenemos en la ciudad.
Chino Castro
Cuando todo parecía perdido, apareció el corazón de la Selección. Argentina protagonizó una remontada épica, venció 3-2 a Egipto y se clasificó a los cuartos de final de la Copa del Mundo tras revertir un 0-2 en apenas once minutos.