30 de agosto de 2020
Escribe: Mario "Chiqui" Cuevas
“El duende de tu son, che bandoneón, se apiada del dolor de lo demás…”, escribió Homero Manzi sobre ese instrumento de misterio insondable que nació en una tierra lejana con fines religiosos y luego recaló en el Río de la Plata. ¿Cómo llegó el bandoneón a nuestros pagos?
Miguel Ángel Scenna, escritor bolivarense por adopción, escribe en ‘Historia del bandoneón’, artículo publicado en la revista Todo es Historia: “Es una tarea imposible demostrar cuál fue el primer bandoneón que llegó a estos pagos. Algunos autores afirman que Ciríaco Ortiz conservaba uno pequeño que perteneciera a su padre. Otros señalan como responsable a un marinero, Bartolo ‘el brasilero’ y algunos arriesgan que el primero fue un inglés, Thomas Moore. Es verosímil que durante la Guerra del Paraguay, entre 1865 y 1870, en los campamentos argentinos haya sonado por primera vez un bandoneón que perteneciera al soldado José Santa Cruz.”
Hacía fines del siglo XIX el bandoneón ingresó en los prostíbulos y bares de los suburbios de Buenos Aires y así comenzaría su unión indisoluble con el tango.
¿Habrá interpretado alguna vez Rubén Exertier el tango de Homero Manzi y Aníbal Troilo? Si no fue así, me lo imagino haciendo sonar su fueye con Tinta Roja o Quinto Arrabal dibujando las notas de ‘Che bandoneón.
“Empecé con el bandoneón cuando tenía seis años, mi familia vivía en el campo, a treinta y cinco kilómetros de Bolívar - nos cuenta Rubén - En un principio fue bastante difícil, no teníamos un vehículo, veníamos en un carruaje tracción a sangre, teníamos cuatro horas de viaje, salíamos a las cuatro de la mañana para llegar a las ocho. Estudié con Jorge Devincenzi de los seis a los doce años. Después, a los catorce años comencé a estudiar con Virgilio Rossi, un gran maestro, un músico de primer nivel, estuve con él durante cuatro años.
Después de cincuenta años tuve la posibilidad de tomar algunas clases con Rodolfo Mederos que me cambiaron muchas cosas, en el manejo del bandoneón, me abrió otro panorama en cuanto a la música pero más que nada en cuanto al instrumento.
Hace tres o cuatro años, desde la Dirección de Cultura, nos dan la posibilidad de hacer una noche de tangos en el salón de la calle Güemes, Jorge Fernández nos pide el título de un tango para ponerle un nombre al espectáculo. Estuvimos de acuerdo en ponerle Tinta Roja, y finalmente, ese nombre nos quedó para el trío que formamos con dos grandes amigos, Norberto Paolone en guitarrón, José Marchetti en la voz, un gran cantor. Con Tinta Roja hicimos una presentación en la Biblioteca Rivadavia, organizada por la Asociación Musical, también tocamos en Salazar y en el festival Me Encanta Bolívar.
Luego, en 2017 tuvimos el privilegio de ser convocados para acompañar a un gran cantor de Henderson, Marcos Tamborenea. En la primera presentación que hicimos, en el festival de Henderson, nos acompañamos con Mauricio Exertier en bajo y Norberto Paolone en el guitarrón. Después Marcos nos propuso sumar algunos instrumentos para agrandar el sonido y se incorporaron Franco Exertier en la batería y Juan Montero, un joven pianista de Henderson. Así se formó Quinto Arrabal. Este año con Marcos hicimos algunas presentaciones y teníamos pensado en el invierno hacer también algo en algunos teatro de Bolívar pero no se pudo.”
Hace unos días Rubén Exertier participó en un quinteto en la grabación de un video de una versión de Fuga y misterio, obra de Astor Piazzolla. Allí estaban Rubén, su hijo Franco en percusión (desde Bolívar), Franco Panzini en guitarra (desde La Plata), Juan Fernández Rossi en contrabajo y María Rojas en violín (desde Bahía Blanca).
La realización de la versión, que se grabó vía streaming se viralizó rápidamente, fue una idea de María Rojas: “La música y el arte forman parte de mi vida desde que soy muy chica y esta situación de pandemia me trajo u cambio en la manera de comunicarme y expresarme ya que para mí, para que la música tenga posibilidad de existencia es muy importante la interacción entre el compositor, intérprete y oyente - cuenta María - Así que comencé a hacer videos para compartir con la gente y se me ocurrió hacer un video de Piazzolla, que es un compositor que le gusta mucho a la gente, y elegí Fuga y misterio. Mi papá me comentó que su primer maestro toca muy bien el bandoneón, entonces le escribí, le comenté de este proyecto y le encantó la idea, dijo: ‘Nunca lo toqué, me voy a poner a estudiar. Tuvimos charlas hermosas, con Franco también, que me dio una mano enorme con la grabación.”
María es hija de Luis Rojas, compositor, documentalista e integrante de la Orquesta Sinfónica Provincial de Bahía Blanca. Luis es bolivarense y fue alumno de Rubén.
“Estudié en la Escuela 1 y en el Colegio Nacional, en el Bolívar de los años 70, un poco antes quizás, a los nueve años me regala una guitarra mi madre, siempre preocupada por mi formación, estudiaba inglés y dibujo en esa época - cuenta Luis -Mi necesidad de expresarme a través del arte, ayudado quizás por mi extrema timidez hizo que más que estudiar el instrumento como intérprete, ejercitara mi inquietud creativa escribiendo canciones, incluso puramente instrumentales.
Comienzo a estudiar más seriamente la música con el profesor Rubén Exertier, el conocerlo y que me guiara en mis primeros pasos fue fundamental para que abrazara mi profesión de músico para toda la vida dejando de lado la carrera de ingeniería electrónica.
¿Qué me enseñó Rubén, animado también por mi madre y amigos? Que era bueno ser ‘raro’, que los gustos y orientaciones estéticas no debían coincidir con la mayoría, no importaba.
¿Qué me enseñó Rubén? Que la música no se lee, que no está en el papel, se siente, se presiente, se escucha con el oído pero fundamentalmente con el corazón. Me enseñó también que la música se puede cambiar, se puede agregar o sacar notas, se puede improvisar; que la partitura es una mera guía.
Me enseñó que el compositor, los creadores e intérpretes como Rubén son inventores. Y si uno busca el origen de la palabra inventor es: encontrar. No creamos nada, sólo encontramos lo que ya está y lo ofrecemos a los demás como reflejo nuestro. Rubén me enseñó que la música se comparte y como recientemente pusimos un videoclip que fue viral en la semana pasada, la música posibilita, posibilita el encuentro con Rubén, posibilita el encuentro con quiénes, aunque los tenemos lejos, están siempre presentes.
Pienso además, que uno es la continuación de sus maestros y yo soy la continuación de Rubén y espero no desilusionarlo ni defraudarlo. Quiero recordar también a Mirta, que me guiaba en la práctica teórica de la música y era mi fan número uno en el momento de la lección. Si no hubiera conocido a Rubén, si no hubiera nacido en Bolívar, no lo hubiera sabido nunca, pero como los músicos solemos jugar con la imaginación seguramente lo hubiera imaginado y me hubiera dado mucha pena. Esto que digo quizás demuestra mi tinte melancólico en mis composiciones de carácter descriptivo. Rubén, sabés cómo te queremos y con mi hija María intentamos homenajearte y hacernos un regalo tocando con vos, un regalo incomparable, un privilegio único que agradecemos, inolvidable.”
Por ahí anda el duende del son del bandoneón aunando música, voluntades y generaciones: un bandoneonista y profesor con su hijo; y un alumno, compositor y documentalista con su hija, grabando una obra de uno de los grandes compositores del tango. Por ahí anda el duende del son de los bandoneones de Aníbal, Astor y Rubén, calmando el dolor de los demás.
Cuando todo parecía perdido, apareció el corazón de la Selección. Argentina protagonizó una remontada épica, venció 3-2 a Egipto y se clasificó a los cuartos de final de la Copa del Mundo tras revertir un 0-2 en apenas once minutos.