9 de agosto de 2020

Opinión

Opinión. De esto y aquello

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez


No cabe duda y se palpa sin profundizar demasiado, que ya para nadie pasa desapercibido que el ochenta por ciento de la población está harta por los veinte añitos perdidos, sin sumar los anteriores, que suman medio siglo de desconciertos varios, y que apunta a perder el país. Y hay que estar alerta. Y por si no les bastare la pandemia para hacerlo mejor. Claro, que  nunca como en estos pocos meses han tomado conciencia las gentes de que ahora es de verdad el hundimiento, además el virus muy bien tratado para que desfallezca cada uno de los pobladores, aunque para su pesar va disminuyendo la famosa virulencia, mientras se va perdiendo su fuerza, como ha ocurrido desde la Edad Media, cuando no había ni medicamentos ni malandras globales. Pero toman conciencia porque el país está al inicio del no retorno, salvo que algo en dos meses o tres pare el estropicio, pues de otra manera en el primer trimestre del año venidero andamos por Caracas o por Madrid, que corren carreras para hacerlo mal, con una diferencia a favor de Madrid, que todavía queda algo de Justicia.


     En Argentina los jueces deberán interesarse de si mismos, antes de que los revuelvan los jueces nuevos. Toman conciencia que están rodeados por lo peor,  y que los están rodeando  diario. En una palabra que en el ámbito de la Justicia, si los buenos o más o menos buenos no se calientan, los van a  apartar de cuanta cuestión de peso salga al paso; y los llantos no tendrán gracia. Aunque creo que sí se notan cambios en las gentes, que son las que importan y cada vez con más ahínco toman nota de lo que sus representantes más directos, es decir los de su ciudad o pueblo, están haciendo a sus espaldas y riéndose a carcajada batiente; y  sin barbijo, claro.  Todos saben qué es una Cámara de Diputados y qué hacen o que dejan de hacer, y los que se sientan en esas butacas, y los convecinos  les conocen muchas veces desde que han nacido. El bali, por ejemplo que siempre sale a colación porque en definitiva está colado en todo y por supuesto, sabemos de sus méritos para entender en la patria.


 Y sin embargo, no contento con soltar presos con sus amiguetes de bancada ahora quiere soltar a López que todos recordaran cuando andaba por esta hermosa  ciudad de las palmeras y la goza cuada su jefa corta el micrófono en un acto de pura democracia al que está hablando; que curiosamente no es del palo. Sabemos de las travesuras del muchacho, y menos, claro, de los otros muchachos contiguos;  por supuesto, en comisión o por omisión; faltaba más.  Y no es que esté inventando algo porque los votos llevan nombre; y en consecuencia cada vez que votan cantan, incluso si se tapan la boca que se olvidan en demasía. Si en cada pueblo, cada habitante hablara del pedigree de su representante, Argentina no estaría donde está, porque  quienes están arriba han salido de los que están abajo y que suben por distintas razones, y curiosamente, en los últimos años por cualquier cosa menos patriotismo y cultura.


     Y así le va a los argentinos. O sea, no hay que olvidar que el que está arriba viene de adentro y gusta de esconderse tras la cháchara de los otros para que le olviden y continuar en carrera, más allá de que punto venga el viento que el populista siempre cae bien. Y no hablo de los populismos que son inventos para desorientar. Porque desde lejos y muy lejos, al pan, pan y al vino, vino. Y no falla. De la misma manera, que no falla nunca desde el derribo de Illia, en que cada ministrillo de economía que sucede, deja sin economía a cada uno de los habitantes; y parten la patria sin partirse ellos. Como ahora, un triunfo a la pérdida a pesar de los relatos.


     Y para más inri siempre traen a colación un nuevo problema o mejor dicho enfrentamiento. Entre los mapuches que de indios ni el pelo, hasta el ahogado y otra vez a desenterrar cuestiones que esta es la palabra desenterrar. No importa qué, pero que haya pasado y esté arreglada u olvidada. O sea, como sus amigos golpistas de España. Siempre hay que discutir con el otro, por ejemplo ahora los enfermos se van de la capital a la provincia. Qué pena que el presidente no sepa que  Bs, As, y La Plata son embudos a donde llegan los enfermos desde siglos, por sus Universidades y su infraestructura a nivel mundial a pesar de todos los desgobiuernos que permiten que sus médicos sean los peor pagados del mundo incluida África. Sin embargo, discutir desde la democracia con quienes no la quieren, es dar vueltas sin sentido. Hay salida saliendo pero no discutiendo.


     Que haya que estar frenando a gilipollas de ambos sexos para que no excluyan a la gente, con la inclusión. Para que no rompan el rico idioma mediante el cual Sarmiento o Borges hicieron su obra o los que sabían del asunto, hicieron una Constitución, para que hoy la rompan los que no saben que, curiosamente son inclusivos para excluir. Y que además dan cuerda a estos colectivos de morondanga obsequiándoles  con  partidas millonarias en dólares; para que no dejen de romper.  Por lo demás todo se tergiversa, se lo tapa o se hace aparecer como por arte de magia de otra manera que es imposible de aceptar porque la democracia ha sido quebrada. Se han inventado el término populista que nadie sabe que es y al parecer anda por todos los puntos cardinales de derecha y de izquierda. Y hasta se dice que si saltan y triunfan es porque las democracias no son perfectas. Y no se va al grano. Las democracias no son imperfectas son imperfectos aquellos que al día de hoy, y son muchos, dicen defenderla. Tal el caso de lo que sucede por estos andariveles.

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