21 de diciembre de 2020

Espectáculos

Espectáculos. “Como músico, diría que soy un buen cantante”

Las fotos de sus nietos son lo primero que un orgulloso ‘Bocha’ Crespo exhibe a quien franquee el pasillo (¿alguna vez fue zaguán?) de entrada a su hogar, en Sargento Cabral casi esquina Viamonte. Quizá con cada visitante despliega el mismo operativo. Apenas me saluda, aún en pleno tránsito hacia la cocina se detiene para hacer lo principal: mostrarme los retratos de Gabriel y Celina, hijos de su hijo mayor, el ‘Topo’. Enciende la computadora y va al objetivo como una flecha. Son pocas las funciones del ordenador que le interesan, y las domina bien; dos teclas le bastan como llave de su paraíso interior.


 


Ya en la cocina, según asegura el lugar más apropiado de una casa para recibir, Héctor Félix Crespo se acomoda para hablar de tango, esa inextinguible pasión artística que ha cultivado como acordeonista, tecladista y cantante a lo largo de casi setenta años, siempre con el corazón calibrado en la rítmica frecuencia de la etapa dorada del género.


 


Pero pongamos primera, que el ‘Bocha’ anda con ganas de hablar:


¿Qué tango te gusta para cantar, cuál te queda como una pilcha?


- Volver y El día que me quieras, de Gardel. De Jorge Falcón, El amor desolado. Es de Alberto Cortez, pero lo grabó Falcón. Y Pasional.


¿Y para escuchar también?


- Sí. Hay tangos que me gustan por su música y por su letra. Si la letra sirve y la música no acompaña, no me gustan. Debe ir todo amalgamado. Y si la música es muy linda pero la letra no dice nada o dice algo que no va con mis convicciones, que cada cual tiene las suyas, no me interesa tampoco.


En el tango es muy importante la letra, el género ha tenido grandes poetas.


- Claro (saca una lista, empieza a enumerar, parece que esperaba el ‘pie’): Discépolo, Manzi, Cátulo Castillo, Cadícamo, Contursi, Le Pera.


El mismo Horacio Ferrer, que con Piazzolla cultivaban ese estilo que fue tildado de no ser tango.


- Es como una derivación del tango, está basado en el tango pero tiene otra división musical.


¿Cómo te llevás con Astor?


- De maravillas.


¿Fue así de entrada?


- Sí.


Siete décadas ganadas


‘Bocha’, que este año cumplió ochenta, comenzó a sus trece a tocar tango, cuando el género era bailable o no era. Mamó la denominada música ciudadana desde la cuna: en casa sus padres escuchaban tango y él se dormía cada noche con los acordes que brotaban de la radio sintonizada en los programas del género, que proliferaban y con un éxito imposible de mensurar en la era de la diversificación mediática. Como en tantísimos hogares de la ciudad y el país antes de la irrupción de la tele. “Casi que hasta soñaba con eso”, rememora con afecto.


Dio sus primeros pasos de la mano de Teodoro, su padre, bandoneonista y acordeonista que había estudiado con Virgilio Rossi, el tío del célebre Mario Rossi y hermano de ‘Tití’, que tocó en Buenos Aires con diferentes orquestas y llegó a ser arreglador de Héctor Varela. “Cuando papá vio que había avanzado, me mandó con Devincenzi, que también venía de la escuela de los Rossi. Iban muchos alumnos pero no aprendimos muy bien porque este señor era muy pícaro, nos dejaba solos y se iba: “’Muchachos, estudien’, y arrancaba”. Y nosotros capaz que nos poníamos a jugar, imaginate, teníamos catorce años, quince…”.


Pero a sus catorce falleció su papá, y todo cambió de golpe: ‘Bocha’ tuvo que dejar la secundaria para trabajar, porque la plata no alcanzaba. Por la noche estudiaba Dactilografía y Teneduría de Libros en lo de ‘Pancha’ Soto, una institución lugareña promediando el siglo pasado. “En esa época había bailes todos los fines de semana, dos o tres por pueblito, y todos se llenaban. No había televisión, y en algunos pueblos ni cine. Los muchachos llenaban el tanque, que había plata para eso, iban a un baile y si no les gustaba rumbeaban a otro. Devincenzi enviaba conjuntos que armaba con sus alumnos. Nos mandaba así, sin ensayo: nos sentábamos en el coche y armábamos algo en base a lo que cada cual sabía o podía hacer”. No se disponía de amplificación ni recursos tecnológicos, “y la gente bailaba igual. Qué gente buena había en aquella época…”, se ríe el ‘Bocha’, con el chascarrillo siempre listo en la punta de la lengua.


Poco más tarde se armó la orquesta Copacabana, con Crespo en acordeón. Aún no había cumplido veinte, y con esa banda estaría añares. Primero como acordeonista, después como cantante de tango. “Yo era corajudo”, exagera.


Ya en los setenta, disuelta Copacabana ‘Bocha’ se incorporó a Los Caballeros del Ritmo. “Se tocaban foxtrots, rancheras, pasodobles, polcas, todo lo popular”, puntualiza. Ahí, en la banda que encabezaba como frontman el locuaz Carlos A. Gasparini, Crespo comenzó como tecladista, un instrumento que no le resultó difícil sabiendo acordeón. Ya empezaba a sonar la cumbia, “siguiendo la línea de Los Wawancó”, y el tango a perder fulgor.


En los ochenta Los Caballeros pierden el ritmo y ‘Bocha’ recala en Evidencia. Estuvo en esa nave hasta 1995, momento en el que su carrera artística sufrió un impasse de una década, del que fue rescatada por ex compañeros de Los Caballeros del Ritmo y Evidencia, que formaron Tango Seis y lo incorporaron para tocar el órgano-piano. Giraron por la provincia y el país, y hasta realizaron una gira por Santa Cruz. Así, hasta 2015. “El tango venía en decadencia para la gente joven, aunque persistían lugares reservados al género, clubes de jubilados y sitios así, donde íbamos nosotros. Pero eso también fue menguando, parece que la gente grande fue transformando su cultura y sus gustos y empezó a pedir pachanga. Ya tocábamos espaciadamente; después murió el director de la orquesta, ‘Bocha’ Scarillo, y antes ya había fallecido Lopardo, el bandoneonista”, una andanada de golpes que selló el nocaut del proyecto.


 


Salir a las pistas (o con pistas)


Ahí surge el ‘Bocha’ cantante. “Siempre me gustó. Si me preguntás qué tal músico soy, te diría que un buen cantante”, se ríe, pero quién sabe habla en serio. Con pistas que compra o le bajan sus hijos, “lo que hace todo el mundo ya”, dado que formar una orquesta de tango es imposible en Bolívar: hay pocos músicos que conozcan en profundidad el estilo y, fundamentalmente, salir a la palestra con algo así no sería redituable para nadie, ya que el interés por el género en su variante clásica ha quedado apenas reservado a un nicho entre la gente grande.


“Cuando canto, mi personaje está en el escenario”, dice de repente, como si hubiese estado aguardando el momento de decirlo e izar su bandera. En la cocina, un ambiente típico de clase media de laburantes, con sólo lo necesario, lo que se usa, todo parece detenido para escucharlo. “Estoy como en una obra de teatro, estoy viendo que mis personajes desfilan. Yo veo lo que estoy cantando, como en una película. Las propias escenas me van recordando la parte que viene de la letra…”.


Sus modelos son Goyeneche, Gardel, Rubén Juárez, Jorge Falcón y Guillermo Fernández (él es de los que aún le dicen Guillermito). “De todos he aprendido algo, todos tienen su particularidad. Los observo y les ‘robo’ cosas. Según qué tema cantes, podés aplicar la técnica de uno u otro”, explica el hombre de la voz melodiosa, óptima para esa suerte de subgénero no formal que es el tango abolerado. Para cantar, y también para escuchar, prefiere los tangos que hablan de las cosas cotidianas de la vida, del amor y el desamor, de semblanzas barriales y sueños de juventud, en lugar de aquellos que cuentan historias de “muertes, peleas, facones y venganzas”. “Yo prefiero los tangos que en sus letras perdonan, no los que toman venganza”, grafica.


En los últimos años se dio un gustazo: grabar dos discos cantando clásicos, registrados en estudios de Bolívar y Olavarría: Al tango lo canto así, de 2010, y Nostalgias tangueras, de 2014, con portadas ideadas por él y realizadas por su hijo ‘Topo’, amante de la fotografía y también músico.



Ambos están a la venta en casa de su autor, en Sargento Cabral 194. “Sería un placer que alguien me tocara el timbre para pedirme un disco, se lo doy autografiado”, se entusiasma, mientras sigue aferrado al papel donde anotó todo lo que le parecía importante para la entrevista. Por ejemplo, que llegó a compartir escenario, como acordeonista, con la orquesta de Juan Canaro, hermano de Francisco; con Ariel Pedernera, de la Orquesta de las Estrellas de Miguel Caló, y con la de Mario Rossi. También con otros pesos pesados, los cantantes Alberto Marino, Argentino Ledesma, Héctor Mauré y Roberto Goyeneche, en noches que hoy agotarían el calificativo de mágico en las bullentes redes sociales tan proclives a hallar perlas donde apenas hay piedras. Grandes formaciones y cantores del género se presentaron en las sesenta y setenta en el boliche 11 de Julio, de Miguel Osovi, arriba del cine Avenida, y él estuvo ahí, con Copacabana.


Pero el ‘Bocha’ tiene un orgullo mayor, mayúsculo, y le encanta mencionarlo. Es tan sólido que le alcanza con susurrarlo: haber conocido en un baile a su compañera, Marilú Romera. Las orquestas de entonces hacían tango y jazz (la típica y la jazz), y cuando no le tocaba tocar, el ‘Bocha’ salía a bailar, que noche que se pierde no se recupera, como arengaba ya en los dos mil en pleno pináculo de la madrugada un conocido ex bolichero local de voz aguardentosa. Tenía dieciocho y el mundo por delante, y así fue que en su camino se cruzó “el amor de mi vida”, una mujer que lo “flechó” para siempre, con quien siguen juntos sesenta años después y formaron una “hermosa familia” con dos hijos, el mencionado ‘Topo’ (Héctor Daniel) y Fabricio, ambos músicos no profesionales, igual que su nieto Gabriel, que toca la flauta traversa.


 


Cuando la charla finaliza y el reporter apaga su discreta pero omnipresente lucecita roja, el ‘Bocha’ se para pronto con sus piernas aún rápidas, me sirve un vaso de jugo fresco y sin más me regala un disco, que es como entregarme un pedazo de su piel. Ya en la calle me despide contento, orgulloso de que nos acordáramos de él. Va a esperar una nota que merece, porque la dignidad del hombre común, que no ha estado en la cima de la historia pero le ha puesto pasión y compromiso a lo que le ha tocado hacer en la vida, finalmente es la savia que permite que un pueblo pueda seguir levantando su frente.


Chino Castro


 


A la ruta con Gaspa


Fuera de su carrera como músico, el ‘Bocha’ hizo de todo: fue repartidor del almacén Los Inglesitos, empleado de Arteta, del Banco Provincia y vendedor para una panadería que estaba entre Saladillo y 25 de Mayo de unos simpáticos panes dulces que “si no los comías el primer día, a la semana tenías que cortarlos con un serrucho”, exagera, o no. “Pero había gente que los compraba, era buena gente”, se ríe. Crespo tuvo el primer abono local para limpiar gasificadores, cuando las cocinas eran a gas de kerosén y aún se preparaban comidas ‘de olla’, algo para lo que ya casi no queda tiempo en los hogares argentinos en los que la mesa pasó a ser un lugar de tránsito, un puente y no el puerto para la charla y enterarse de qué le pasa al otro. En una época llegaba del baile con Copacabana a las 6, se bañaba, se tomaba un café y se iba a laburar. Volvía a casa a las 15, comía algo, se acostaba y a la noche el ciclo volvía a comenzar. Así, hasta diez días seguidos, cuando el carnaval era furor.


Ya en los años del alfonsinismo, se lanzó a la ruta con su amigo Carlitos Gasparini, a quien conocía de la época de Los Caballeros del Ritmo, “un personaje para hacer un libro”, enfatiza. Recorrían la provincia vendiendo artículos de limpieza, les iba bien pero Gaspa dio un volantazo para dedicarse al mercado del fútbol como representante de futbolistas, y Crespo siguió solo. “Carlitos era un buen cantante y mejor comedor de milanesas: la abuelita le preparaba dos o tres para llevar al baile, porque le daba hambre y decía que además las milanesas le hacían bien a la garganta”, revela el ‘Bocha’, y deja la puerta abierta para otra entrevista, acaso de un tono más pintoresco.

ARGENTINA ESTÁ EN CUARTOS DE FINAL

ARGENTINA ESTÁ EN CUARTOS DE FINAL. Con el corazón en la mano: Argentina lo dio vuelta ante Egipto y se metió en los cuartos de final del Mundial

Cuando todo parecía perdido, apareció el corazón de la Selección. Argentina protagonizó una remontada épica, venció 3-2 a Egipto y se clasificó a los cuartos de final de la Copa del Mundo tras revertir un 0-2 en apenas once minutos.


MOTOCICLISMO - 1ª FECHA DEL ENDURO BUENOS AIRES. Juampi Ziarzolo impuso su ritmo en 25 de Mayo

mask

AJEDREZ - GRAN PRIX PROVINCIAL. Destacada labor en 25 de Mayo de la escuelita local, líder en la general

mask
CATEGORIAS FORMATIVAS - FEMENINO CATEGORIAS FORMATIVAS - FEMENINO

CATEGORIAS FORMATIVAS - FEMENINO. La selección U15 finalizó su participación en el Zonal

Subscribite para recibir todas nuestras novedades

data fiscal  © 2026 | Diario La Mañana | Av. Venezuela 159 | Bolívar (CP 6550)