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viernes, 24 de septiembre de 2021
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Familias en tiempos de ‘cuarentena’

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Quisiera compartir algunas palabras sobre padres e hijos en las circunstancias actuales, consecuentes de las conductas que tenemos que adoptar, para atender a la responsabilidad social de contribuir a la prevención de la propagación del Coronavirus.

En principio, quisiera partir de una distinción: no es lo mismo preguntarnos qué podemos hacer con los niños en esta situación, que la pregunta sobre qué podemos hacer con nuestros hijos.

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La relación padres e hijos no es lo mismo que la correspondiente a adultos y niños. Existe un malentendido en tanto que se desconoce que niño no es igual a hijo. Para una serie de situaciones, nos perdemos mucho de lo que podemos comprender acerca de qué es un niño si sólo lo pensamos como hijo. Y en otros casos, hay cosas que corresponden a lo que nos permite comprender y relacionarnos con nuestros hijos, que no encontramos necesariamente en saberes sobre los niños.

Es importante puntualizarlo, porque hay muchas propuestas interesantes sobre qué hacer con los niños, que puede llegar a frustrar a muchos padres, porque, ese vínculo en términos más o menos generales, y en singular en cada caso, está atravesado por toda una trama afectiva cargada de ambivalencia y dificultades, que pueden ser obstaculizadores a la hora de la implementación concreta de dichas propuestas.

Como también es importante destacar que, aspectos favorables de esa relación de los padres con sus hijos (como el sentimiento de protección y cuidado, el amor, el disfrute de los encuentros con ellos, sin igual en otras relaciones), es aquello que fortalece las posibilidades reales de saber hacer, y son fortaleza para atravesar y relanzar posibles encuentros cuando todo parece irse por la borda.

Como sugerencias generales, tratemos de mantener rutinas con ellos. Que aquello que nos ayuda a diferenciar el día de la noche; el tiempo de pasar por la obligación y lo que a la construcción de la autoridad se refiere, del hacer lo que tenemos ganas; el momento de necesidad de hacer algo solos y el deseo de estar con el otro, que suele estar facilitado por la agenda de actividades que hoy no tenemos, se reemplace por lo que creativamente podamos construir cada día, estando en casa, para que algo de eso se mantenga.

Siempre, en la medida que no nos veamos forzados por ideales y mandatos, y tratemos de encontrarle la vuelta para que sea desde el deseo y las ganas, todo va a ser más fácil. Por eso, recetas u orientaciones generales a aplicar en forma directa, no sirven.

 

Hablarles sobre lo que está pasando

También es muy importante hablarles sobre lo que está pasando, siempre desde el sentido del cuidado y evitando asustarlos. Preguntarles cómo se sienten. Qué entienden de lo que está pasando. Ubicar la situación temporalmente, que es algo transitorio.

Recordemos que los niños, y en particular, nuestros hijos, no registran o expresan sus sentimientos de la misma manera que los adultos. A veces, su inquietud, sus travesuras, su intensa actitud demandante, su actitud desafiante, cambios en los hábitos de dormir o comer, aparición de miedos, son formas de expresar e intentar tramitar lo que les está pasando. La posibilidad de pensar, de hablar, es algo que vamos a aportar los padres con nuestros acercamientos a ellos, en la medida que los reconocemos y les suponemos sentimientos, emociones, fantasías.

Nosotros también estamos muy movilizados, y atravesados emocionalmente por lo que está ocurriendo, como adultos, que es mucho más de lo que a nuestro ser se refiere cuando nos nombramos como padres. Muchas cosas nos están pasando con todo esto. Es importante reconocernos en esta situación, con relación a lo que nos pasa, que el aislamiento no implique quedarnos solos. Encontrarnos virtualmente en diálogos con pares, con familiares. Acompañarnos.

 

Actividades posibles

Volviendo al estar con los hijos, de acuerdo a los intereses y afinidades de cada quien, compartan quehaceres culturales: pelis, leer, escuchar música, búsqueda de información, cocinar, manualidades, huerta… no podría hacer una lista exhaustiva, pero si recordar que puede ser válido reencontrarse con cualquier saber de costumbre, tradición, que sea base para hacer algo juntos, ya que el circular por otros espacios que proponen ofertas culturales, estará restringido un tiempo. 

Encontrarse también, desde un lugar que a cada uno le quede cómodo, con el movimiento del cuerpo, tan importante para los niños y tan mal condicionado por el hecho de tener que quedarse adentro: bailar, saltar a la soga, improvisar una pequeña rayuela. Pero cuando estén disponibles psíquicamente para implicarse en el juego, y poder disfrutarlo, si no, dejarlo para algún otro momento. En la misma línea, traten de jugar; los juegos de mesa facilitan en encuentro intergeneracional, y la posibilidad de compartir afinidades, intereses y modos de divertirse. Y si los padres no tienen ganas de jugar, promover como mejor puedan, que sus hijos se encuentren con el jugar todas las veces que puedan.

 

Consejos para los docentes

También quisiera hacer mención a la situación de las escuelas, y la complejidad que reviste para los docentes, directivos y equipos, construir alternativas para acompañar a las familias, buscando promover que los chicos estén conectados con lo escolar, brindando estrategias que intenten ofrecerles continuidad en la oportunidad para la construcción de aprendizajes, y apropiación de saberes académico/culturales.

Sobre este punto, tratemos de tomarlo como una oportunidad, y vayamos avanzando lo mejor que se pueda para que estas intenciones se conviertan en oportunidades significativas para los niños, pero procuremos que las familias no se vean sobrecargadas, atendamos a las circunstancias tan variadas que conforman el contexto para la realización de estas propuestas. Acompañemos a las familias, y seamos conscientes de las diferentes realidades, y por lo tanto, oportunidades, que, en la escuela, pueden suavizarse, por la pericia de los docentes, y por todas las estrategias que en este sentido, se despliegan en pos de la igualdad de oportunidades, considerando las desigualdades en las condiciones de partida de los alumnos. Procuremos acompañarnos, y entre todos, encontrar un saber hacer con la complejidad que a cada quien le toca. Quiero destacar el “entre” de la enunciación, para potenciar el sentido de la misma.

 

Siempre en familia

En un momento pensé en reescribir “padres” por madre y padre, pensando en la cuestión de género, que atraviesa el lenguaje por el uso del masculino. Pero en este caso creo que, quizá sea mejor que diga muchas veces “padres”, para deslizar con el sentido la posibilidad que no quede sólo del lado de la madre el tener que encargarse de lo que conlleva, respecto de la crianza, lo que toca hacer particularmente en estas circunstancias. Que no le quede a la madre solamente, la tarea de “armonizar el clima familiar”, sabiendo que ahora, con todo esto que afrontamos, va a ponerse a veces bastante difícil. De paso digo algo sobre la deconstrucción de los roles que tradicionalmente se espera que ejerza la madre.

 

Por último, que el aislamiento social, sea en términos de distancia física, no de distancia psicológica, porque si así fuera, todo va a ser mucho más complicado.

Aún en un mundo tan difícil, sigamos creyendo fuertemente que podemos ser responsables, solidarios, generosos, y que podemos encontrar cómo saber acompañarnos. Esas serán fortalezas muy valiosas para afrontar y minimizar los efectos negativos, y algunos inevitablemente tristes y dolorosos, de lo que estamos transitando.

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