24 de abril de 2026
por
Chino Castro
De visita por primera vez acá para el conversatorio Trincheras de la Memoria, organizado por el colectivo Mujer Originaria con el apoyo de Cultura municipal y La Cultural, donde la actividad se llevó a cabo hace un par de viernes, el periodista y escritor Esteban Bayer, hijo del gran Osvaldo, dialogó en exclusiva con este diario y nos brindó una delicada semblanza de su padre, con quien compartió charlas, las rutas del país, el exilio, la filmación de La Patagonia rebelde y otros hitos que, desde lo personal, entroncan con el derrotero de la lucha popular de los desplazados por nuestra historia 'oficial'.
Sos Esteban Bayer, no 'Baier', igual que tu padre, al que cada tanto alguien le mandaba un 'Baier' y mucho no le gustaba...
- Él prefería Bayer. Pero para provocar a veces decía 'Baier'. No le gustaba porque lo identificaba con el gigante multinacional. Por suerte no tenemos nada que ver, a él le gustaba Bayer porque se sentía de acá, no se sentía alemán para nada. Era como reafirmar su lugar de origen. A pesar de que al exilio lo pasó en Alemania, que fue una etapa que le dolió muchísimo, él se sentía un hombre de acá.
El conversatorio tiene un título elocuente: Trincheras de la memoria, frase que nos está invitando a defender la memoria pero peleando, porque trinchera alude a luchar, pelear, combatir, convoca a la acción.
- Tengo la suerte de estar acá, por primera vez. Visitando esas trincheras que mi padre fue ocupando. Él estuvo en Bolívar varias veces, tres como mínimo, me contaba. Y sigue teniendo una presencia importante, acabo de ver el mural en la estación terminal de ómnibus, dedicado a él. Me toca ir recorriendo esas trincheras en las que anduvo Osvaldo. Para él la trinchera era enfrentarse a los que estaban del otro lado. Es dar la cara, también, no ocultarse. Y era una trinchera de la palabra, sui herramienta de lucha siempre fue la palabra, ya fuera escrita, en sus libros, sus ensayos, sus contratapas en Página 12, pero también la palabra hablada. Entonces es esa trinchera que habitó Osvaldo, invitando siempre a mucha gente a integrarse a la lucha por la verdad, por la justicia y por la memoria. Para él el ejercicio partía siempre de la verdad. Por eso sus trabajos, sus investigaciones sobre temas ocultos en la historia oficial argentina, asuntos silenciados. Para él el primer paso era recuperar la verdad. Y después venía el ejercicio de la memoria. Siempre decía que no le servía nada que sus libros estuvieran entre historiados y entre bibliotecas que nadie visitaba, encerrados en armarios, sino que el objetivo era que la gente, el pueblo, conociera la verdad de esas tramas ocultas, y que se comenzara a hacer el ejercicio de la memoria. Por ello es que para él representaba una gran satisfacción ver cómo sus temas fueron tomados como propios por la gente, por ejemplo su investigación sobre la 'patagonia rebelde', quizá su obra más emblemática. Hoy uno viaja a Santa Cruz y es un tema presente, la gente lo tomó como propio de su identidad; o el tema de los pueblos originarios, muy presente en la última etapa de su vida. Es un ejercicio de la memoria activa, que se nos presenta como un desafío bien actual: cómo ejercemos la memoria para hoy, porque no se trata de recordar hechos históricos como en una enciclopedia, 'esto pasó en tal año', y de que esa sea nuestra memoria, no señor, de lo que se trata es de seguir aprendiendo de aquellos hechos.
Y esa es de algún modo tu tarea: continuar el camino que Osvaldo dejó trazado, si bien nunca es un dejar definitivo el suyo porque ahí están y estarán sus obras, siempre hablándonos en presente, y también, gracias a la tecnología de hoy, tenemos a disposición sus charlas, sus participaciones mediáticas.
- Es increíble, yo que tengo la suerte de ir recorriendo las sendas que él fue abriendo, es increíble digo, que en cada lugar al que voy en estos viajes por la República nunca falta alguien que aparece con el recuerdo de que por ahí pasó Osvaldo Bayer, charlando para mil personas en un auditorio, una universidad o una asamblea, o ante diez chicos en una escuelita rural. Es impresionante. La gente lo recuerda con respeto, con cariño, algo que me impacta, que después de casi ocho años de que lo despidiéramos este aún tan presente. Y que la gente quiera acercarse a escuchar quién fue esa persona, por qué pensaba así, por qué esa coherencia política, esa conducta independiente, de no venderse nunca a nadie, por qué esa obsesión por la verdad. Y justamente en estos tiempos tan difíciles en nuestro país y nuestra sociedad, aparece él muy presente. Hay que decir que después de la destrucción del monumento el año pasado, en Río Gallegos, a partir de esas escenas que se volvieron virales, la presencia de Osvaldo se multiplicó mucho más, porque aquellos que no lo conocieron empezaron a querer saber quién fue.
Lo pusieron de moda. Fue trending topic como algún cantante pop.
- Lo pusieron de moda y a disposición de los pibes, para que lo descubran. Empezaron a preguntarse qué habrá hecho este hombre, qué hombre malo, qué maldad habrá cometido, porque para que le rompan el monumento... Y así descubrieron a una persona que era completamente lo contrario de eso. Hoy mucha gente joven está rescatando sus libros, sus películas. Se replican los homenajes, hay todo un interés: ya sea a través de charlas, de calles a las que les ponen sus nombres, o de murales, que aparecen por todos lados de la República. Y lo curioso es que a esos murales se los respeta. Lo único que no respetaron fue el monumento en Río Gallegos. No conocemos ningún acto vandálico contra un mural.

Es indudable que el propio pueblo de cada lugar defiende esos homenajes pintados.
- Claro, porque en la mayoría de los casos no es una autoridad la que pone el mural, sino los vecinos, la gente.
Del pueblo y para el pueblo.
- Claro. Es un decir 'este hombre pasó por acá, y le queremos agradecer y hacer un homenaje'. Algo hermoso, y muy sentido. Es lo que también vivo acá en Bolívar, en estas horas recorriéndolo en las que veo a Osvaldo por ahí, y compruebo cómo la gente lo sigue queriendo.
¿Llegaste a dar charlas con él, a viajar?
- Sí, muchísimas. Aparte de nuestra relación padre-hijo, la etapa del exilio nos unió mucho. Hasta ese entonces ya era una relación padre-hijo. Y en los últimos años, tuvimos un vínculo de compinches, de charlas muy intensas sobre la vida, sobre tantos temas... Tuve la ocasión de acompañarlo en algunas de sus charlas, en viajes. Fue una relación por momentos obligada, el destino lo quiso así, ya que por diversos hechos nos obligó a estar juntos. Por ejemplo cuando la filmación de La Patagonia rebelde. Yo era un chico de dieciséis años y pasamos cuatro semanas juntos ahí, compartiendo la filmación, viendo los debates que se generaban, una vivencia única. Luego la etapa de exilio nos unió mucho. Es muy duro el exilio, complicado y difícil. Y ya con el retorno de la democracia coincidimos en la defensa de los derechos humanos, de la democracia. Después, sus últimos años, sabiendo que se le estaba acabando la energía -pero no la memoria-, nos encontraron hablando de muchísimos temas.
Toda una serie de asuntos a los que tu padre consagró su vida, que sigue siendo necesario militar y defender, peor aún en tiempos de negacionismos, de relativismos...
- Tenemos una historia tan larga de impunidad en nuestro país, que nos exige seguir peleando por lo mismo. No podemos permitir que se relativice, que haya un negacionismo, que surja una reacción como diciendo que la dictadura finalmente no fue tan mala, no, fue una dictadura militar sangrienta, genocida, acompañada por civiles, por empresarios, por la Iglesia, y debemos tenerlo muy presente. Lo bueno es que la memoria nueva no está en las estanterías sino que vive en las calles, en las plazas, como vimos el 24 de marzo pasado, con multitudes en todo el país, con manifestaciones masivas. Es lo que nos enseñó Osvaldo.
COMPARTE TU OPINION | DEJANOS UN COMENTARIO
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.
ANIVERSARIO
Lunes 27 y jueves 30, dos días de actividades abiertas al público.