11 de junio de 2026

RECUERDO

RECUERDO. Godoy pinta a Solari

El guitarrista evoca al Indio, uno de sus íconos artísticos.

por
Chino Castro

Si te digo Indio, ¿qué es lo primero que irrumpe en tu mente?
Jorge Godoy, guitarrista, docente: -Uy, varias cosas: en lo personal adolescencia, música de mi vida. Y fuera de mí, o más ampliamente, rebelión, fuera de sistema, palabras de ese tipo.

'Jorgito' descubrió a Indio Solari en Los Redonditos de Ricota, a través del hoy traumatólogo Alejandro Zeitune. Bolívar, fines de los años '80. "Él venía de visita y era nuestro colaborador musical, porque traía grabaciones de bandas. Por él conocí a Sumo, y después a Los Redondos". El doctor arribaba munido de tesoros piratas de CABA, y Godoy y los amigos grababan todo lo que podían abarcar: "Mucho punk rock, mucho rock and roll, y dentro de eso lo más llamativo eran Sumo y Los Redondos", destacó el hoy guitar hero, entrevistado por este diario ayer en su ámbito de trabajo como docente. Justamente ese acceso a grabaciones no oficiales le permitió conocer temas de Los Redondos que permanecieron inéditos añares -algunos aún no han visto la luz formalmente- como Un tal Brigitte Bardot o Mariposa Pontiac, incluso antes que los propios discos lanzados por banda, a esa altura de aquella década Gulp!, Oktubre, Un baión para el ojo idiota y ¡Bang! ¡Bang!... estás liquidado. "Eran shows grabados en los reductos porteños donde tocaban, como el Stud Free Pub, el Parakultural, Cemento".

A partir de ahí, la vida también fue ir consiguiendo toda la discografía de Patricio Rey que iba saliendo, álbum por álbum. Un castillo de cristal, pero bien resistente. "Y ahí se copó mi vieja (Betty Alba)", evocó Jorgito con una sonrisa. "Era un disfrute escuchar con ella, y también le gustaba Sumo".

"Después, cuando salió La mosca y la sopa (1991), hubo un desencanto", confesó el músico.

¿Un desencanto? ¿Por qué?
- Yo creo que el auge de ellos, el ingreso a la masividad, viene con ese disco. Están Mi perro dinamita, Un poco de amor francés. Hay un quiebre ahí.

Aunque no sé si musical, quizá seguían haciendo lo mismo pero su público no cabía en Cemento, y tuvieron que mudarse a las canchas. Ahí aparecen Huracán (Godoy estuvo en uno de esos cuatro recitales, entre el '93 y '94), Racing...
- Me parece que si uno escucha La mosca y la sopa, a diferencia del resto es un disco brutalmente más digerible. Oktubre no es un disco de masas. Y Gulp! tiene sus cosas, pero se caracteriza por esa oscuridad...

En ese primer álbum está Criminal Mambo, un tema difícil de digerir, nada pop o rock 'cuadrado'.
- Por eso, por eso te digo. La mosca y la sopa trae Toxi Taxi, El pibe de los astilleros, todos hits, canciones gancheras. De hecho, me acuerdo de haberlas escuchado en Loft.

Y en ese momento no nos gustaba ni medio que sonaran en el boliche las canciones de Los Redondos.
- Porque a diferencia de lo que es la música hoy, en ese momento era una cosa de tribus. Y uno quería diferenciarse de la gente típica del boliche, supongo, que se vestía bien, se peinaba con gel, siempre la chombita y un manguito más para gastar. Los Redondos eran contraculturales, eran la música que no escuchaba nadie, eran tu ghetto y tu nicho, una especie de nicho de elite también.

Pero después de ese disco, la música de Los Redondos se vuelve a oscurecer.
- Sí, claro. Pero el quiebre ya estaba, y después se desbordó todo, pasó lo de Bulacio (el crimen de un fan en la puerta de un recital a manos de un policía, en 1991). Ya empezaba a ser un lugar intranquilo para ir, ya te recomendaban cosas cuando se enteraban de que ibas a Los Redondos.

¿Y al Indio como músico, cómo lo describirías?
- Él ya venía con la cuestión de salir del formato rock clásico, aunque Los Redondos nunca fueron rock clásico. Para mí su necesidad artística empezó a pasar por la cuestión musical. Ya en el final de Los Redondos. Ahí empieza a construir maquetas con una gran participación suya en cuanto a lo sónico. Hasta ahí, eran canciones de la dupla Beilinson-Solari. Lo que también las hace bonitas son toda esa magia de riffs y solos de Skay, pero de Luzbelito para acá las cosas cambian. Ese disco también me parece alucinante. Ya la injerencia de Solari en lo sónico provocó un cortorircuito entre ellos dos, eso en principio.

Pasaron a ser algo así como Los Redonditos de Solari. Creo que se podría parangonar con lo que pasó en la última etapa de Soda, cuando ya la banda parecía Cerati Stereo, por la tremenda injerencia de Gustavo. Ya en los últimos álbumes de Soda, Cerati establece el kilómetro cero de su producción solista. Lo mismo Indio con Los Redondos.
- Totalmente. Lo último de Soda también es muy 'maquinoso'. Y si pensás a Los Redondos, tenés claro que ellos son Solari y Beilinson, los demás fueron cambiando. Y no tenían injerencia en el núcleo de lo que se hacía con los discos, las canciones.

Es Mollo y Arnedo en Divididos. El baterista cambia, pero ellos conservan el poder de las grandes decisiones, seguramente.
- Claro. El baterista acompaña, pone su bata, pero la idea general y la producción son de Arnedo-Mollo. Ellos son la mesa chica, la cocina. En Los Redondos en esa mesa estaban Beilinson y Solari, pero después se achicó y quedó sólo Solari. Y ahí lo descubrimos en su etapa solista en toda su dimensión. Que de hecho, lo que pasaba en el último período de Los Redondos, que a los arreglos de teclados los hacía todos Solari, no el tecladista, se profundiza después.

Hay un crecimiento tremendo de él como músico a partir de ahí.
- Total. Para mí era una necesidad artística que tenía. Y cuando la banda ya no te satisface, o lo que escuchás en un disco no te alcanza, ¿cuál es la salida a eso? Desarmar la banda.

Quedan las canciones, por supuesto, pero el Indio fue un intelectual, un filósofo de barrio, un líder de masas que alumbraba con su palabra en cada nota que daba, en cada aparición pública, incluso hasta en sus últimos escritos, publicados en el Facebook Crespi Patricio. No fueron sólo canciones.
- Para mí él comenzó siendo un letrista, y después se redescubrió como un intelectual. Él no se presenta así, pero la gente lo descubre como un intelectual. Es la cuestión de los ídolos populares, ellos se presentan de un modo pero también los hace la gente. El Indio era un contador de historias, uno recorre sus temas y cuántos personajes encuentra, no sé, treinta: taxistas que venden falopa, el gordo Pierre, todos personajes. Y hay una serie de temáticas que recorren su obra también, la más oscura es la de la muerte, que hacia el final de su carrera aparece con fuerza, porque sabía que estaba por morirse o que tenía una enfermedad que lo llevaba hacia ahí.

Y me parece que, como artista, es uno de esos tipos que más nichos puede abarcar: su prosa, su música, sus comentarios, sus notas, un tipo con esa profundidad y una necesidad de expresión casi infinita. Pintaba, incluso, hacía sus tapas. Había en él una necesidad casi eterna de investigar, de meterse en todos los caminos de expresión que una persona puede transitar. Ha coqueteado incluso con la cuestión de la composición digital, y digitalmente ha pintado. Era alguien que no tenía límites. Estos días lo escuché en una vieja nota con Pergolini, Lalo Mir y Bobby Flores, y hablaba con recelo de internet, como que no le gustaba, no le cabía, no tenía ganas. Y una década después lo ves sumergido en todo lo digital.

Tenía una visión cuasi paranoica, o 'conspiranoica', de la influencia de las máquinas en la humanidad, pero terminó siendo un apasionado de su uso, extrayéndoles un 'jugo' que quizá no se esperaba de él.
- Sí, la comunicación de él era vía digital, y su música estaba totalmente armada en forma digital. Pero también creo que es propio de esa necesidad suya, alguien a quien le queda chico lo analógico y tiene que ir a lo digital, un ñato dispuesto a usar todo lo disponible para expresarse.


Olavarría: "Es difícil un recuerdo hermoso, pero el show y la misa previa sí fueron hermosos"

¿Seguiste yendo a verlos después de Huracán?
- No. No vi nada más hasta lo del Indio en Olavarría.

2017, la última vez con él ahí, cantando junto a la banda todo el recital. También hubo un desborde.
- Mal. Murieron dos personas. Por problemáticas ajenas al Indio, supongo yo, no sé cómo era puntualmente la organización. Cercaron el predio y fue una locura: el acceso siempre es individualmente, o por oleadas, pero la salida no. Entonces tenían la misma entrada, que sería de cinco metros, para no sé, cuatrocientas mil personas. Una locura. Nunca vi algo así. Miro el video hoy y recuerdo que no lo podía creer, porque llegó un momento en el que hasta los que no somos paranoicos nos empezamos a 'paranoiquear', la gente se empezó a desesperar, a romper la cerca, una cerca armada con madera.

¿Te enojaste con él? Hubo gente que sí, que dijo que se sintió maltratada por el artista, etcétera.
- Sí, mucha gente. Yo recuerdo haber puteado en algún posteo. No al Indio puntualmente, pero sí a la organización, diciendo que no se podía organizar algo así, la organización fue pésima. A la salida incluso hubo un accidente de unos papás que fueron a buscar al hijo, que no sé de dónde iban. Escucharon por la tele que había lío y arrancaron. Porque ni siquiera había teléfono, estaban tan abarrotadas las antenas que era imposible comunicarse. Salieron para Olavarría y tuvieron un accidente en el acceso. Eso complicó más la salida. Yo para salir y llegar hasta la rotonda, tardé tres horas. Y para venir de Olavarría a Bolívar, otras diez. Es difícil que te quede un recuerdo hermoso de todo eso, pero el momento, el show, sí fue hermoso, y la misa previa también, que a eso lo tenían ellos nada más, y eso 'garpa' mucho. Tengo amigos que fueron a ese recital tres días antes, para vivir toda esa previa. Van con asado, con amigos, bebida, y acampan. La misa.

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