1 de marzo de 2026

ENTREVISTA

ENTREVISTA. María Lana, una marca entre las marcas que produce cuidando

Tamborenea amasa, hace docencia y protege la cultura.

por
Chino Castro

María José Tamborenea se inventó un oficio, y con ello una nueva vida. Hace poco más de diez años comenzó con el amasado de lana, empleando una técnica ancestral que protege el medioambiente, y hoy lleva adelante un emprendimiento que sigue creciendo, en Bolívar y afuera: María Lana. Además de que, en su rol de formadora, ha preparado a setenta y cinco personas que están en condiciones de continuar difundiendo la técnica, tres de las cuales están dando sus primeras puntadas como emprendedoras.

Tras un 2025 "muy intenso", a este año María José lo inició "tranquila". Estas semanas está pergeñando la que será su propuesta para la temporada otoño-invierno, en la que reutilizará material que encuentre en condiciones a partir de la limpieza y renovación de su taller, ubicado en los fondos de su casa, en Olascoaga 345. Es el sitio donde se puede ir a consultar por ropa y objetos, dado que con la misma técnica y materiales también diseña cuencos, luminarias y otros artículos. "Esta temporada de otoño-invierno haré cosas en tono blanco", anticipó la diseñadora y confeccionadora días atrás en charla con este diario.

Desde que comenzó a desplegarse en su nuevo metier (es de profesión docente) "nunca paré". Eso ocurrió cuando su hija Juana era recién nacida y ella muy joven: "Tenía la inquietud de hacer algo y me puse con tejidos para chicos. Me asocié con alguien. No nos compraba ni el loro, hasta que una persona nos sugirió elaborar algo para mamás. Así fue que en ese tiempo de búsqueda, un día en Uruguay vi un saco que me encantó. Me lo compré para sacar el modelo en telar y hacérmelo, y cuando pregunté sobre la confección me dijeron que era con lana hervida. Volví a Buenos Aires muy interesada, decidida a aprender. Hace de esto catorce años", nos contó.

En ese entonces había en el país "una sola profesora" de la técnica del amasado de lana, pero tiempo después el INTI lanzó unos cursos. La bolivarense es egresada de una de las primeras camadas. Más tarde también tomó clases particulares con una japonesa "que era un lujo", con una canadiense y con otras expertas.

Casi una década y media después María José no ha podido/querido/sabido parar, y los resultados están a la vista: un emprendimiento consolidado y siempre en vías de expansión. Sin embargo, este enero se impuso un impasse, que laburante como es empleó para reacondicionar el cuarto donde tiene el taller, y en el que pasa largas horas todos los días ya que el trabajo en su caso abunda. "También advertí que era necesario frenar el ritmo para ver dónde estoy parada y cómo seguir. No es fácil ser emprendedor, el trabajo implica varias aristas", que van más allá de la elemental y sustancial tarea de producir, que es la que María José más disfruta. Una de los menesteres a los que se dio estos días fue el de rearmar su equipo de laburo, lo que incluye coordinar un plan de acción junto a quien le manejará las redes sociales con la misión de difundir diseños que cualquiera advertiría que tienen mucho de artístico.

"Como alfarería con lana"

¿Y qué ideas te han surgido tras esas semanas de reflexión y de renovar tu ámbito de trabajo?
- Me di cuenta de que este año quiero dedicarme más a la docencia. Me están pidiendo muchos talleres particulares, que el año pasado no pude llevar a cabo por falta de tiempo. Doy clases para el CEA (Centro de Educación Agraria), de Ibarra, y este año me tocará darlas en Urdampilleta (antes estuvo en Pirovano y en Bolívar). Son talleres que dependen de Educación de la provincia. Hay setenta y cinco personas ya que han aprendido la técnica, y a mí haberlas capacitado me pone muy contenta. Hay quien me dice que es mucha gente, mucha competencia de trabajo, pero para mí es al revés.


Claro, es todo un grupo de personas que continuará difundiendo la técnica.
- Sí, favorece a la actividad, la desarrolla. Además, cada quien pone su impronta en lo que hace, vos enseñas la técnica, das a cada alumno/a el vellón de lana de oveja, el jabón blanco y un molde, pero esa persona quizá se capacita con otra gente también. En este oficio no se puede copiar aunque se intente, porque se trata de algo muy personal, y vinculado con la creación. Justamente por eso no se emula: cada cual quiere realizar algo personal, crear algo, y eso es justamente lo que estimulo en mis clases: la originalidad de cada alumna/o, quiero que ellos se relajen, saquen que lo tienen adentro y diseñen algo.

Vellón de lana, jabón de lavar y agua tibia es todo lo que se necesita, y después a amasar, una labor "muy física", que implica esfuerzo y mucha constancia. "Esta técnica es la más antigua creada por el hombre, antes de hilar y de tejer. Consiste en poner capas de vellón en diferentes direcciones, y según lo que quieras vas a tener una, dos, tres, las que necesites. Como la lana tiene escamas, cuando le incorporás el agua tibia con jabón esas escamas se abren, se enganchan y se apelmazan. Amasás con agua y jabón y va quedando conformada la prenda, por supuesto con la intervención de moldes", describió Tamborenea, que tiñe con productos naturales. Por ejemplo palta, "con la cáscara o con el carozo; la prenda queda rosa", o con té. Lo suyo es, para usar una metáfora bien gráfica, "como hacer alfarería con lana".

Además de ropa -chales, sobre todo, también chalecos y vestidos-, confecciona carteras, cuencos y otros objetos por el estilo, y luminarias (estas sólo por pedido). Los vestidos interesan mucho, cada vez que hace se van pronto e inclusive ha habido fiestas en los años recientes en la cuidad en las que muchas de las mujeres invitadas han lucido prendas de María Lana. "Me pasó hace poco en la Rural (cuando la noche en que tocó Cruzando el Charco), que encontraba a mujeres vestidas con prendas que había hecho yo, y me encantó. Una chica que encontré en el baño me contó ella misma que la pashmina que llevaba puesta era de María Lana". Acá, y allá también: "Alguien de Bolívar que vive en Estados Unidos me encargó para el casamiento de su hijo una pashmina con que acompañar su vestido de madrina. Así que por videollamada fuimos diseñándola, la confeccioné y se la envié", contó orgullosa María José. Y hablando de confeccionar: la diseñadora elabora cada artículo en una sola pieza, sin costuras, aunque ahora está incursionando en algunos diseños cosidos. Siempre con la lana como símbolo y bandera. Es que la urdampilletense se define como una "defensora total" de un producto con "tantas propiedades", por ejemplo que "abriga como ninguno" por su condición de "gran aislante tanto de frío como de calor".


Más allá de lo que funciona comercialmente, ella también confecciona prendas y objetos que le gusta hacer. Y cada uno es un artículo único, lo suyo no es producción seriada. "Si fuera por lo comercial, haría sólo chales. Pero por ahí me aburro, y me da ganas de crear otras cosas, que quizá no interesen tanto". En esos caso aparece un factor que la rescata, como la maestra que es: "educar el gusto del cliente", afirmó la emprendedora, al tiempo que admitió sin ambages que ahora realiza cosas que le "gustan", pero no siempre fue así: "también he tirado mucho", ya que en sus comienzos como productora "hacía algunas cosas horribles, que no le gustaban a nadie".

En este derrotero de poco más de diez años con María Lana, hubo dos episodios que otorgaron a Tamborenea una alta notoriedad, allende el 'boca a boca' de sus clientas, que en su caso hace la diferencia: su participación como expositora en la edición 2024 de la Rural, y, en abril del año pasado, haber formado parte de un encuentro de moda sostenible, en España. La bolivarense estuvo allí junto a ocho diseñadores de nuestro país, como miembro de la Asociación de Moda Sostenible y en representación de Bolívar. Intervinieron en desfiles y rondas de charlas, "todas actividades muy enriquecedoras", destacó la participante. "No fuimos a vender, pero sí a posicionarnos y ver cómo estamos con lo nuestro en relación a los diseñadores de allá. Y nos alegró mucho lo que pasó y lo que vimos, ya que inclusive dos de nuestra chicas ganaron un premio", completó Tamborenea. También el año pasado, convidada por la Embajada de Alemania en Argentina al cumplirse un nuevo aniversario de los lazos de amistad entre ambas naciones, la diseñadora formó parte de una exposición en CABA, en Puro Diseño, donde presentó sus cosas en un desfile en la residencia del embajador de Alemania y entabló vínculos "muy interesantes". "Fue un año de mucho nomadismo para mí, por eso ahora quiero estar un poco más en casa", contó la emprendedora.

"En esto no se puede copiar ni aunque se intente, porque se trata de algo personal y vinculado con la creación. Yo estimulo eso, la originalidad".

Hay algo que no es un detalle: producís respetando algunas premisas de cuidado ecológico.
- Lo sostenible trabaja atendiendo a un eje social, uno ambiental y uno cultural. El ambiental implica que todo lo que use sea natural. Por ahí te restringe un poco, porque hay colores que no tengo, y cuando necesito incorporar tiño con tintes naturales. Todos los materiales son naturales: la lana es orgánica, y ahora conseguí con certificación animal. El eje social pasa por la transmisión de saberes, por legar la técnica y todo lo que es artesanal, lo lento. Así invitamos a un consumo consciente. En ese sentido, las prendas que yo confecciono son atemporales, no pasan de moda, y también duran mucho. Por último, el eje cultural estriba en que intentamos rescatar oficios, viejos saberes. Por ejemplo hallar a gente que cosa; hoy no es fácil encontrar a alguien que sepa coser una prenda de alta costura (destaca que ella trabaja con una costurera "que lo hace muy bien). Revalorizar la cultura del bordado, del tejido, es eso. Suele funcionar también como una suerte de terapia, un cable a tierra.

"No hago moda. No sé de moda. Hago algo que me sale del alma".

De algún modo, hoy María Lana es una marca por fuera de las marcas, una estrella que titila en el cargado universo de las firmas que el mundo conoce y consume.
- Yo digo que no hago moda, ni me gusta seguir la moda. No sé de moda. Hago algo que me sale del alma, que me gusta y me representa. Y me sigue pasando eso.

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