23 de junio de 2026
En su primer show tras el fallecimiento de Indio, Skay deslumbró en el Complejo.
por
Chino Castro
No es Luis Alberto Spinetta. Tampoco Charly ni el Fito de los ochenta y noventa, envuelto en bucles, palidez e inspiración, pero Eduardo Federico Beilinson, ese otro gran 'Flaco' del rock argentino, también tiene con qué. Canciones, no sólo su toque, ese estilo característico en la viola que, sin exponerlo como un virtuoso, le da lo principal: un sello propio. Porque como dice el cantito que lo identifica, y que sonó fuerte en el repleto Complejo 'República de Venezuela' el sábado: es 'el corazón de Patricio Rey', y lo es a fuerza de riffs y personalidad.
Al frente de Los Fakires, su banda desde la implosión de Los Redonditos de Ricota a comienzos de los años dos mil, Skay brindó un concierto especial en su segunda vez en casa: fue su primera presentación tras el fallecimiento de Indio Solari el viernes 5 pasado, después de suspender, por una obvia y triste razón, su recital en Rosario ese mismo fin de semana, por lo que los bolivarenses gozamos de ese raro privilegio.
El hombre motejado así por sus ojos celestes, Cielo en inglés, y argentinizado a Skay, irrumpió en escena a las exactas 22 horas con esa sencillez con la que hace todo: lo suyo es eficacia, elocuencia, esencia rockera, con la premisa de que menos es más, una axioma para la vida y el arte también. Lo propulsa una banda sólida, al servicio de sus canciones, casi sin solos ni desmarques pero jugando en equipo y llegando al gol con practicidad y convicción.
Abajo y en las tribunas palpitaba una multitud de más de mil personas que lo aguardaba en el 'República de Venezuela' cuando el 'Flaco' y sus escuderos aparecieron para empezar a desgranar su contundente batería rockera: La nube, el globo y el río; Aves migratorias; Chico bomba; Arcano XIV y Presagio conformaron la primera andanada. Intercalada, Todo un palo, clásico de Los Redondos que el violero ofreció "en homenaje al amigo, y para ustedes". Ante estas palabras, sinceras y sintéticas, como todo en Skay, el Complejo se estremeció de emoción y agradecimiento, una postal en carne viva coronada por la propia figura de Beilinson en medio del escenario señalando hacia arriba.
Lo inesperado fue que a ese himno ricotero 'pegara' Criminal Mambo, pieza que cierra el disco debut de aquella banda, Gulp! (1985), y de lo más oscuro de su repertorio. Un saco a la medida de Skay y Los Fakires, el sábado en casa no quedaron dudas al respecto.
La banda sonó como un relojito rockero de potencia y fuego: ellos son Leandro Sánchez, en batería; Claudio Quartero, en bajo, y Joaquín Rosson, en segunda guitarra, guiados por Skay en voz y viola casi como un profeta en medio de las tinieblas, un maestro que siempre sabe llegar a algún puerto con forma de canción. Rock puro y duro, unos shots de blues y hasta perfumes orientales fundidos en certero maridaje con esas letras de impronta setentista que abrevan en la espiritualidad/mitología, el sentido de la existencia y hasta una cierta filosofía zen como plataforma de escape hacia la verdadera libertad, que está en la mente.
A propósito del mencionado Quartero: el bajista es el hijo de la 'Negra' Poli (Carmen Castro), pareja de Skay y quien fuera manager de Patricio Rey y la otra punta de la 'sagrada trinidad ricotera' que conformaban con su compañero y el Indio. Poli disfrutó todo el concierto desde un costado del escenario, a cubierto de las luces pero a la vista de los fans, que le tomaban fotos y recibían a cambio un cálido y discreto saludo suyo a la distancia.

Tras un breve intervalo de diez minutos (¿la pausa de hidratación?) el 'reci' siguió con otra andanada de perlas de los ocho álbumes solistas del artista, algunas ya clásicos del acervo rockero argento: la adhesivamente imbatible Síndrome del trapecista; El golem de La Paternal; Yo soy la máquina y Flores secas. Al toque, una imposible de gambetear (como tampoco podía, ni querría, el Indio): Jijiji, la que desataba el pogo más grande del mundo ("¡Jagger, hacete de abajo!") y también provocó una combustión de corazones en un Complejo con muchos más foráneos que bolivarenses (80 a 20, según los cálculos extraoficiales y off de record de un allegado a la organización, que quizá exagera pero no miente).
A Jijiji la engancharon con otra gema 'redonda': Nuestro amo juega al esclavo, del disco ¡Bang! ¡Bang!... Estás liquidado (1989).
Fue una de las noches más frías del año, pero adentro ni se notaba, aunque el líder casi no nos dirigió la palabra durante las aproximadamente dos horas de show, ni presentó un solo tema. Acaso todo eso hubiese estado de más, como agregar condimentos a una comida ya sazonada, en una juntada con algo de fogón en la que todo el mundo conocía la totalidad del material interpretado, sin necesidad de explicaciones, arengas ni vanaglorias que les quedarían mejor a otros.
Generoso, a su singular modo un 'guitar hero', cuando ya las primeras brasas comenzaban a enfriarse el guitarrista regaló bises como para tatuarnos la piel y la memoria. Fueron cuatro, o cinco, canciones extra, que el público pedía y pedía y Skay no se guardó: entre alguna más, florecieron en ese grand finale Oda a la sin nombre (uno de sus grandes clásicos); El sueño del jinete (y uno al escuchar la letra no podía dejar de pensar en Solari, ese 'jinete que partió una noche y ahora anda galopando el cielo, montando su brioso corcel') y Gengis Khan.
El balance de esta suerte de patriada artística seguramente resultará auspicioso para quienes se animaron a encararla, siempre que sepan que con público de la ciudad nunca llenarían un Complejo, nuestra gente ha dado sobradas muestras de no apasionarse con el rock... pero la región también existe, y por ello es que vimos flamear en ese emblemático gimnasio vernáculo banderas de Tapalqué, Olavarría, Tandil, Pehuajó, La Plata y siguen los pueblos, hasta Neuquén. Más de mil personas juntas y a la par. Se aguardaba mil doscientas, quizá se haya alcanzado esa ambiciosa cifra.
Con Skay volvió al ruedo como productor Simón Emilio Campos Di Julio, tras su etapa en la vieja Vizcaína como referente de la sociedad del boliche con Fredy Álvarez, de la productora marplatense Sentimiento Incontrolable, que trajeron al bar de la esquina de todo y lo mejor durante unos inolvidables tres años (2009-2011), con resultados dispares en cuanto a repercusión pública. (No había aún semejante auge de las redes sociales; con 'manija' en Instagram y Facebook, hoy todo aquello sería una auténtica bacanal de cosas imperdibles, geniales, inolvidables, mágicas y maravillosas, hasta estashar de frenesí.) Esta vez, Simón en yunta con Miguel 'Lacho' Almeira y el olavarriense Martín Ferrari, que ya ha organizado shows acá. Después de lo del sábado es de esperar -y de desear- que vayan por más. Así lo ha de anhelar también la municipalidad, que se asoció cediendo el predio y estaría dispuesta a seguir haciéndolo.
Fue una noche especial, tocó el corazón de Patricio Rey, y los alrededores del 'República de Venezuela' también lo sabían, al armar 'las bandas' esas coreografías típicas de los recitales de rock con los puestos de ventas de artículos referidos al artista y, fundamentalmente, de comestibles, con choripanes, sándwiches de carne en variedad de tamaños, conos de papas fritas y helados elixires bebibles.
En el mes del Mundial, Skay y Los Fakires ganaron, golearon y gustaron en su segunda ocasión en la ciudad, unos pocos años después de su recital en el Club Independiente, afuera, para menos gente y sin que la misa alcanzara semejantes pináculos de efervescencia popular como el sábado.
Quién sabe hayamos asistido al recital del año en Bolívar. ¿Qué mete mil y pico de feligreses en algún lugar, que no sea La K'onga ni Los Caligaris en el Me Encanta, que no son propuestas rockeras? Ojalá que la chispa encienda el fuego y pronto tengamos más. De rock, y de todo lo demás también; de todo, pero de rock también.
Skay es una estrella, aunque trabaje en contra de serlo. Podría ser el 'Sr. Rock'. Como fuere, el sábado en el Complejo ese 'Flaco' fue nuestro lujo.
Nadia Montañez fue considerada como víctima en el expediente tramitado.
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