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domingo, 28 de noviembre de 2021
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Pasajera en tránsito despierto

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A meses de graduarse como licenciada en Artes Audiovisuales por la Universidad Nacional de La Plata, Ana Colato elabora el guion para el cortometraje que será su tesis, a rodarse en Bolívar a fin de este loco año. El trabajo hablará sobre la relación de nosotres con la naturaleza, y marcará la continuidad de una incipiente y promisoria obra como realizadora que reúne dos videos musicales, un cortometraje y una intervención artística para pedir por la aparición con vida de Roxana Villalba, desaparecida en Florencio Varela en diciembre de 2018.

Ana está cumpliendo en su ciudad de adopción, Bolívar (nació en Mar del Plata, pero se radicó acá a sus cinco años), con el aislamiento que, hoy con contornos más relajados, rige en el país desde fines de marzo. Aprovecha el parate general para pergeñar ideas y consumir arte y expresiones/manifestaciones de la vida en general que quizá mañana usará como insumo o inspiración para su trabajo, mientras los días transcurren a tranco lento, como si fueran apilándose sobre las espaldas de todes, acaso más similares que nunca unos a otros (hablo de los días, pero las personas quizá también hayamos descubierto nuestras profundas similitudes, prepoteades por la pandemia a refugiarnos en lo mínimo, que es también lo principal).

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Hace unos pocos años la conocimos públicamente por dos piezas: Volver a los 17, canción de Violeta Parra interpretada por Milena Plácido y Renzo Martínez, cuyo soporte audiovisual fue rodado por ella en Bolívar y La Plata, que aparecen retratadas en imágenes urbanas y familiares, y más tarde el registro en La Lomada de un fragmento del espectáculo Despertarse, concebido por Micaela Giménez para Las Bardeaux, grupo de pibas militantes feministas como ella.

Sin embargo su impronta fulgura más en el cortometraje Jaula de oro, que como Ana del Mar concibió, escribió y filmó en una tarde en una casa de la ciudad, junto a Santina Avendaño, que fue la intérprete, y Aldana López. Más cerca en el tiempo, en estos meses dio a conocer desde el seno de la colectiva audiovisual feminista, que nuclea en La Plata a mujeres del país, una intervención para pedir por la aparición de Roxana Villalba a partir de visibilizar su rostro. En el trabajo testimonia la mamá de la joven desaparecida, mientras camina calles sin su hija con folletos que aún no logran traerla de vuelta. La colectiva está colaborando con esa madre del dolor en una búsqueda especialmente dramática en este incierto tiempo de pandemia, arterias (cada vez menos) desoladas y restricciones para usar los espacios públicos, en el invierno argentino más crudo en añares. También contiene imágenes de diversas ciudades del país, como Mar del Plata, Bolívar, Santa Rosa, la lejana Ushuaia y la vecina Montevideo, en las que las militantes pegaron en postes y paredes carteles y consignas para reclamar por Roxana, que partió en diciembre del ’18 rumbo a la capital federal y nadie volvió a verla. (En algunos casos, esos afiches fueron ubicados junto a los que piden por Facundo Castro.) Todos los recortes fueron hilvanados por Colato para el trabajo final, que al igual que los anteriormente mencionados, está disponible en plataformas digitales como YouTube e Instagram. En lo relativo al tramo bolivarense de la campaña de difusión, Ana trabajó junto a Micaela Giménez y Camila Galván, de Ni Una Menos Bolívar. La obra acumula en Instagram once mil visitas, “un montón, porque la cuenta no es muy grande”, destacó la montajista.

 

¿Por qué te gusta volver a filmar acá?

– Creo que el cine, o lo audiovisual, implica hablar de lo conocido. Las obras que me han transmitido cosas se nota que son realizadas desde ese lugar. Es la identidad, lo que te constituye como persona, desde donde me gusta hablar. Este lugar tiene que ver con mi experiencia personal, más allá de la ciudad en sí. Además aquí construí mi relación con la naturaleza, algo que en La Plata no podría ocurrir. Siento que aquel es un sitio de tránsito para mí. Echás raíces, pero no tanto… Creo que cuando una habla de lo conocido, habla desde un lugar más sincero. Esto cambiará, pero hoy es así.

El modo en el que acá se vive, la inspira. Los que nunca nos fuimos tal vez no lo notemos, pero Bolívar ya no es esa planicie en la que no pasaba ‘naranja’ que no fuera gris. “Y me interesa rescatarlo. Aunque capaz que simplemente es nostalgia… Lo audiovisual te permite filmar en cualquier lado, tiene algo nómade. No sé dónde quiero echar raíces, hoy estoy acá, haciendo cosas e incluso con propuestas laborales” que tal vez impliquen que vuelva a radicarse entre nosotres el año que viene. Antes estuvo unos meses en Brasil, donde también filmó. “La cámara te permite en cada lugar al que vas, observar y reconocer patrones que te movilizan o transmiten cosas que considerás interesantes, y a partir de ahí construir audiovisualmente”.

¿Qué te influencia?

– En distintos momentos de la vida te vas enriqueciendo de cosas diferentes. Siendo general, tengo mucho interés por el realismo mágico y el género fantástico. Jaula de oro se enmarca en eso. Tengo recuerdos de la influencia que ejerció en mí siendo muy pequeña la literatura latinoamericana. Pienso que mi mirada de la realidad está muy atravesada por eso. Me influencian también mis compañeras de la colectiva audiovisual feminista La Plata, la CAF. Ellas como personas; es como una segunda escuela para mí el compartir e intercambiar allí, un espacio de conocimiento y crecimiento. Miramos películas y las debatimos, nos compartimos materiales. A través de esos intercambios todas nos vamos nutriendo.

¿Qué te influencia más: la pintura, la literatura, la música, el cine o el teatro?

– La fotografía, en gran parte. Tiene mucho que ver con lo que hago, sobre todo en la parte de ficción. Obviamente el cine también. Uno de los directores que más me han marcado es Miyazaki, que hace bastante animación. Y directoras argentinas, Albertina Carri. Su película Las hijas del fuego me rompió la cabeza. Estaban haciendo efervescencia el feminismo y el volver a mirar las cosas, y me partió la cabeza.

¿Por qué?

-Mostró en imágenes lo que yo necesitaba ver en la realidad. Hay una escena puntual de una situación de violencia doméstica, de una mujer violentada por su marido. Sus amigues la encuentran y ayudan. Hay un momento muy potente en el que le transmiten fuerza para salir adelante, y es brillante. Me quería levantar en el cine a aplaudir. Hacía mucho que no me pasaba.

¿Cuáles son los temas de tu obra, partiendo de la idea de que todo artista se dedica durante toda su vida a no más de tres o cuatro asuntos?

– Claramente la representación de la mujer es una pregunta constante. Cómo nos representaron en el cine, por ejemplo, y pensar cómo quiero que suceda. Las mujeres y las disidencias. Y después, desde mis 25 años, la relación de las personas con la naturaleza.

¿Desde el arte se puede cambiar algo, o empujar cambios sociales, o simplemente es reflejo?

– Creo que el arte es una herramienta transformadora de la realidad. En mi caso, que soy una persona crítica, todo el tiempo transpolo esa condición a las imágenes que produzco. (…) Hay un test que hace tres preguntas básicas respecto de un audiovisual, para ver si tiene una mirada machista: si hay más de dos personajes mujeres; si hablan entre ellas de algo que no sea un hombre, y si tienen nombres propios. Históricamente, en el cine, las mujeres siempre son la novia de, la amante de, la hermana, la hija o la madre de. La mujer es incluso aquella a la que el protagonista debe rescatar. Una con toda esa información previa puede construir en función de pensar en los personajes femeninos que está grabando, en qué lugares ubicarlos, haciendo qué.

 

“NO HAY UN MODO CORRECTO Y OTRO INCORRECTO DE HACER”

¿Cuánto importa la forma de las cosas, la estética? Un artista puede tener algo poderoso para decir, pero quizá si descuida la forma en que va a decirlo, su verdad pierde potencia y su obra se transforma en algo panfletario.

– Creo que hay muchos modos de hacer, no creo que haya un modo correcto y otro incorrecto. Cada cual hace desde su lugar. Puede haber una situación “mal” grabada pero potente en cuanto a su contenido. Suele pasar mucho en el documental, que los planos son desprolijos pero contienen una emoción muy poderosa.

Ahí, si ‘vestís’ o intervenís mucho puede perder vigor el contenido.

– Claro, son estrategias. Yo por la generación a la que pertenezco, tiendo al esteticismo. Tenemos mucha influencia de internet, del videoclip, de expresiones cargadas de una estética muy bien definida, elegida y potenciada. Me influencia todo eso, y lo elijo. Las imágenes se potencian.

 

El escritor Alan Pauls afirma que lo que define a un artista es que crea una forma de hacer, más que su obra en sí. Ana Colato está en camino. Aún no inventa su modo, pero sí reconoce algunas señales: “Soy muy detallista, quizá demasiado. Tengo una organización clara sobre lo que quiero realizar, necesito que todo esté planificado y sobre todo justificado”, enumeró, girando la lente sobre sí misma. Se hace camino al andar, dijo alguien más célebre que Pauls y demasiado citado, y, más puntualmente, agrego que se edifica un camino sin pensar en él, haciendo sin un objetivo ulterior, que no demorará en aparecer a ponerle a la obra un norte, que también puede ser un peso.

Chino Castro

 

Volver, ni a palos

Acerca de si el mundo será un lugar más justo y amoroso, es decir más feminista, Ana navega entre luces y sombras, pero las primeras son más potentes: “Creo que los cambios sociales implican procesos que juegan en simultáneo”, lo que algunos llaman crisis o parto, que es cuando lo viejo no termina de morir y lo nuevo de nacer. Ella ve signos positivos respecto de la protección del medioambiente por parte de las nuevas generaciones, en particular del agua, y en lo referido a la toma de conciencia del lugar de la mujer en la sociedad, que gana centralidad en relación al que le permitía el histórico orden patriarcal bajo el que hemos sido [email protected] Como calambres en el alma las sombras aparecen cada veintitrés minutos, cuando un hombre asesina a una mujer; sin embargo las luces vuelven a emerger, y acaso ganarán la partida si lxs jóvenes de hoy –lxs millennials- se deciden a profundizar los cambios ya en marcha, desligándose de todo lo que ‘tire para atrás’.

Ana es una de esxs jóvenes, una entre (y junto a) millones. Porque Ana no es ella, es ella con [email protected] demás. Montonazo de pibas y pibes que, igual que en la canción de Spinetta que lleva el nombre de nuestra entrevistada, cuentan las luces, miran la gran ciudad que es el mañana.

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