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miércoles, 28 de julio de 2021
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Moura en la montaña rusa

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Además de mirar películas, hay otra cosa que se puede hacer en cuarentena: escuchar discos.
A continuación, las sugerencias de Hernán Moura, bajista de Tupá Gruv, guitarrista, sonidista y lutier.
Se trata de obras que como él mismo aclara en su escrito para este diario, ha escuchado “detenidamente estos días cuarentenezcos”.
“Los géneros son diversos ya que al escuchar música me encanta ese condimento adicional que da subirse a una montaña rusa de emociones, variando el mood”, argumenta el músico, que se prestó con gentileza a la invitación de este diario.

Mensajes del alma, León Gieco, 1992.
Este es uno de mis discos favoritos, de esos pocos de los que me gustan todas y cada una de las canciones. El contenido instrumental es de lo mejor de su tiempo, primer trabajo de Gieco con Luís Gurevich en los arreglos, quien lo acompaña hasta la actualidad. Grabado en Emi-Odeon, con sesionistas de primera como Guille Vadalá en el bajo fretless. El trabajo instrumental es sobresaliente.
Un disco con altísimo contenido político creado en pleno menemismo, lleno de hitazos inolvidables.

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Tedeschi Trucks Band, Revelator, 2011.
Esta banda estadounidense de rock-blues me llamó la atención hace unos años buscando data sobre uno de mis bajistas favoritos. Pareciera que siempre me enganchan las buenas líneas de bajo, en este caso Oteil Burbridge toca con estos monos y suenan impresionante. Una visión del género bastante remozada y llevada a otro nivel instrumentalmente. Todas sus canciones son muy lindas, la que más me gusta es Midnight in Harlem, pero el disco en sí no tiene desperdicio.

María, María Graña, 1996.
Este disco me parece una obra maestra de la canción porteña. Ya en los noventa la voz de María se encontraba a mi criterio en su esplendor, con un color vocal tanguero ya bien curtido y perfeccionado. Un álbum con una producción moderna, cálida y balanceada. Acompañada por músicos de la “Primera A” del tango como Juanjo Domínguez, Walter Ríos, el Sexteto Mayor entre otros animales capacitados. Grandes invitades como Mercedes Sosa, Eladia Blázquez y Domingo Cura entre otros dan un extra de monumentalidad a la obra.

Pilgrim, Eric Clapton, 1998.
Este discazo del Eric es una joyita de punta a punta. Un trabajo que suele ser eclipsado por otras obras de Clapton quizás más masivas. La exquisitez que yo le encuentro está en el sonido radio pop rock 90’s en su máxima expresión.
No es todo el tiempo un disco alegre. Aunque tiene un par de temas arriba es más bien lo contrario, está cargado de una tristeza muy sincera que refleja las grandes tragedias del autor. Impecable.

Bill Evans Trío, Waltz for Debby, 1961.
Este chabón para mí es insuperable, la capacidad melódico-armónica de Bill Evans es única. Una joyita de esas que van a pasar a la historia como las cantatas de Bach, de acá a trescientos años vamos a seguir estudiando y apreciando esta obra. Un disco de Jazz en formato trío con una sonoridad hermosamente pura. Piano, contrabajo y ‘bata’. Un clima tranquilo y armonioso para relajar cuando ataca la claustrofobia. Si prestamos atención se escucha el público mientras tocan ya que está grabado en un lugar chico con mesas y escabio. Una joyita que ha sobrevivido impecablemente al paso del tiempo. Tranquilamente se puede pensar que esto fue grabado ayer en el Tortoni, pero no, es de 1961.

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