3 de mayo de 2026

COLUMNISTA

COLUMNISTA. ¿Para qué sirve el psicoanálisis?

Haciendo el trabajo sucio.

por
Juan Emilio Junco

¿Qué intentamos hacer en un tratamiento psicoanalítico? ¿Cuáles son las características actuales en torno al trabajo analítico? ¿Cómo entiendo la cura en el tratamiento psicoanalítico?

Las preguntas orientan en el qué-hacer con el paciente. Por ejemplo: ¿Cómo se presenta el que consulta? Desde un inicio no digo: ¿Cómo se presenta un paciente? Creo que un paciente en definitiva se construye en una interesante y ardua etapa preliminar frente al posible análisis. Entonces ¿Cómo se presenta un consultante? Un consultante que podrá transformarse en paciente. Un consultante que también puede ser traído por otro, venir sin aparentemente consultar nada ¿Qué me permite distinguir esto? Me refiero al interrogante sobre: ¿Cómo alguien llega al consultorio? No es únicamente lo relevante como llega, sino también, que sucede de ahí en adelante. Ese de ahí en adelante se refiere al contacto con él analista. Para esto recurro a cinco elementos.

Primer elemento: lo denomino "Indicios de posibilidad" para el trabajo analítico. Esos indicios arrojan indicadores de la potencialidad analítica con ese sujeto. Supongo que ya es un paciente y lo trato como tal. Lo escucho con un supuesto básico e instrumental. Chequeo como se las arregla frente a las posibilidades o no, de lidiar con aspectos preconscientes como con aspectos conscientes sobre lo que él sabe, pero ignora que lo sabe. Esa tarea licita, en un sentido ético sobre todo, genera una habilitación, mediada por un encuadre necesario, que me permite involucrarme en su intimidad.

Segundo elemento: evaluó qué le genera ese saber. Ese saber ¿le genera un sufrimiento psíquico? ¿Hay registro o no del mismo?

Tercer elemento: analizo el sentido de ese sufrimiento; o de su posicionamiento ante aspectos significativos de su vida ¿Para qué le sirve? Este elemento ¿se relaciona con esa construcción singular desde la cual cada sujeto, mira, interpreta y recorta el mundo? Lo que los analistas mencionamos como: Fantasma.

Cuarto elemento: ese sufrimiento se repite, es frecuente, resulta invasivo o ¿hay algo que se repite? ¿Qué característica presenta?

Quinto elemento: ¿Cómo me afecta todo esto que voy recogiendo de los cuatro elementos anteriores? ¿Qué me produce? ¿Cómo utilizo, esto que me produce, para trabajar con ese sujeto?

Como se darán cuenta estos cinco elementos facilitan, en un periodo corto de sesiones, empezar a delimitar un posible trabajo analítico.

El sujeto que viene al consultorio, no sabe de esos elementos, apelo a esos elementos para establecer condiciones necesarias para que se produzca un análisis. Es como evaluar ciertos "recursos" del sujeto al afrontar los efectos de lo inconsciente.

Los cinco elementos reaparecerán en distintos momentos del proceso terapéutico. Es conveniente resaltar que el tercer, cuarto y quinto elemento, deberán ser reconsiderados en diversas etapas ya que permiten analizar los siguientes aspectos: el vínculo paciente-analista, el encuadre y ¿desde donde se está mirando lo que se vive?

En definitiva: Encuadre, Fantasma y transferencia son algunas de las fichas esenciales que tanto paciente como analista tendrán que disponer si pretenden jugar el juego del análisis.

Pero ¿Qué es un sufrimiento psíquico? Es como una frecuente sacudida emocional que dificulta significativamente la vida, generando una complicidad que entorpece el querer, el poder como el deber del sujeto.

Repasando lo que Freud comento al respecto de cuestiones teóricas y técnicas mediante numerosas cartas con su amigo Fliess, resultan relevantes. Mencionare dos muy importantes: la carta 52 ("...nuestro mecanismo psíquico se ha establecido por un proceso de estratificación sucesiva") y la carta 69 ("...mis histéricas me mienten..."). Le permitieron profundizar el entendimiento del dinamismo psíquico, la transferencia, incluyendo algunas de sus notas peculiares. Una de esas notas, es la réplica en el consultorio, de algo del orden de ese sufrimiento que además de padecerlo, el paciente, lo fomenta buscando un consenso en torno al mismo.

Los sujetos que se acercan al consultorio aparecen: traídos, renegados, convencidos, con dudas, para ver de qué se trata, con sintomatología, sin sintomatología, porque alguien se lo viene diciendo: "Che te haría bien ir a terapia"; por creer que puede funcionar mejor o desarrollar algún aspecto de su personalidad, etc.

Ahora puedo responderles de lo que no es un análisis: no es una lucha intelectual, no es dar consejos, no es saber quién tiene la razón, no es desarrollar funciones o aspectos cognitivos, no es tener éxito en la vida, no es que no me duela algo, no es no sentir, no es lograr felicidad, no es encontrar un "gurú" que da recetas, no es educar, no es enseñar como "vivir", no es prometer, no es no "sufrir más", no es consolar, indultar, ni perdonar.

Estos cinco elementos, que vuelvo a repasar, dan indicios de lo que intentamos hacer en un tratamiento psicoanalítico:

1) Posibilidades para un trabajo analítico. ¿Qué constatación subyace?

"Aquel que pide la curación no necesariamente está dispuesto a modificar la vida que lo hizo enfermar".

(Consultar: "El psicoanálisis (no) es imposible". Una introducción a su práctica. Luciano Lutereau. Verónica Buchanan).

2) Entender el saber del paciente. ¿Qué constatación subyace?

"Es importante no fijarse en ningún elemento en particular y prestar a todo lo escuchado la misma atención".

(Consultar: "Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítico". Sigmund Freud.)

3) El sentido del hablar. ¿Qué constatación subyace?

"No hay verdad que no mienta".

(Consultar: "El seminario XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Lacan, Jacques).

4) La distancia entre repetir y recordar. ¿Qué constatación subyace?

"Un analista no busca normalizar la relación con el paciente; quizás sí, por decirlo de alguna manera, normalizar su relación con el lenguaje".

(Consultar: "El niño, su enfermedad y los otros". Maud Mannoni).

5) Para respetar el encuadre y trabajar con la trasferencia, se requiere prudencia, resignación y paciencia. ¿Qué constatación subyace?

"Todo lo que hagas a otros te lo haces también a ti mismo".

(Consultar: "Ética y psicoanálisis. Erich Fromm).

Por lo tanto el psicoanálisis implica una práctica que "Sirve para emprender la búsqueda de la conciliación que nos conduce, "desde adentro", hacia el vivir en paz" (¿Para qué sirve el psicoanálisis? El qué-hacer con el paciente. Luis Chiozza).

Retomo las dos preguntas restantes planteadas en el inicio de la columna. ¿Cuáles son las características actuales en torno al trabajo analítico? y ¿Cómo entiendo la cura en el tratamiento psicoanalítico? El filósofo Dibi-Huberman planteaba la siguiente distinción: "Si por poder se entiende la capacidad de encausar las fuerzas para producir un orden del mundo, la puesta en juego de una racionalidad que compele al trabajo, por potencia hay que entender la forma en que las fuerzas ponen en ruina las coerciones cotidianas del mundo sin que sean traducidas a modos de dominación o de producción".

¿Qué significa? Tanto la dirección de la cura en un proceso analítico, como la abstinencia fundamental por parte del analista, implican trabajar una escucha que retoma esa potencia planteada por Dibi-Huberman. Por eso cuando a veces me preguntan con la lógica imperante de esta época ¿para qué sirve el psicoanálisis? Me sale sin pensar la siguiente respuesta: No sirve para nada. Ese para nada, es que la labor que se plantea en un análisis ronda en torno de captar esas impotencias, para quizás, "rescatarlas" ante la dominación y la producción agobiante, restableciendo la potencia del sujeto en su relación con el lenguaje y así poder conciliarse, mediante una confrontación profunda, consigo mismo.

No resulta extraño encontrar en los pacientes o en quién consulta, resistencias cargadas de agresividad, frente a la invitación solapada de afrontar un proceso y dejar por un momento los resultados. Una de las características actuales en torno al trabajo analítico es ese tipo de resistencia masiva que mediante agresiones exige respuestas, fórmulas para no implicarse. Un análisis permite distinguir la impotencia "negativa" de la "positiva", generando aperturas, nuevas posibilidades. Que al ser cada vez más experimentadas develan las etapas finales de una cura.

El psicoanálisis es una práctica humilde, prudente y silenciosa entre tantos chiclés, formulas y falsas propuestas rápidas.


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