14 de septiembre de 2026
Escribe: Justiniano Fuente.
¡Qué difícil resultó la entrada ayer a la expo, señor director! Yo no pensaba venir este año, pero mi sobrina nieta, la Mercedes, hija de Rosarito que usted debe conocer bien, tenía que viajar a General Alvear y la acompañé. Me dejó en la caminera, en el cruce de la ruta 205. Los muchachos supongo que me conocen de algún lado, porque cuando me vieron bajar del 504 de la Mercedes algo se comentaron entre ellos y se vinieron de raje para el auto y me ayudaron a bajar. Me manotearon de los dos brazos y me sacaron de adentro medio enérgicamente y cuando estaban a punto de ponerme las esposas alguien pegó el grito: "soltalo, pobre viejo, tiene como 30 años más que el que estamos buscando". Me sentaron adentro, me preguntaron qué andaba haciendo por allí y cuando les dije que venía para Bolívar medio se preocuparon. Pararon a unos cuantos pero les costó conseguir quien me traiga. Finalmente paró un gordo grandote en una camioneta blanca que pasaba para Daireaux y me dejó justo en la puerta de la Rural.
Así que encaré nomás. ¿Tiene pulsera?, me preguntó un morocho que parecía el Cacique Medina con una pechera anaranjada. "Ni pulsera, ni aros ni collar", contesté "o me habrá confundido con mi hermana", dije en tono imperativo. "Mire, me dijo el morocho, si usted quiere entrar gratis tiene que tener pulsera o ser socio y si es socio tiene que tener la cuota al día. De lo contrario tiene que pagar la entrada. Y punto", finalizó casi al estilo de Manuel Adorni. A propósito, ¿qué será de la vida de Manuel Adorni? ¿Se acuerda que se hizo famoso por unos días? Ahora nadie habla de él!
En fin, yo socio dejé de ser allá por el 65, 66, épocas en las que anduve un poco mejor de plata, así que se ponía fea la cosa. Pero justo lo veo a Tito Benito que encaraba con su carnet en la mano y como pueden pasar dos dije que soy el hermano mayor y me dejaron pasar. A duras penas pude avanzar, porque estaba cansado. El solcito del mediodía abrigaba bastante y créame que me perdí entre la cantidad de autos que hay estacionados adentro del predio. Solo en el camino de entrada conté 30. Todos cerrados con llave así que no pude sentarme en ninguno a descansar y no me quedó otra que seguir caminando. Medio tropecé con unas sogas y casi me caigo, pero un jovencito muy agradable que luego me dijo que se llama Lucho me atajó y me llevó hasta su stand. Alcancé a leer ROAL Agro. Me sentó en la única silla que había (se nota que están empezando los chicos) y enseguida llegó otro bien alto que, con un gesto de cabeza quiso saber algo así como "quién es este viejo". Lucho le hizo un gesto parecido a la seña del ancho de copas. Me empecé a sentir como en mi casa y me puse a mirar unos aparatos con alas, parecidos a unos mosquitos metálicos pero grandes que venden estos pibes. Dicen que los usan para una especie de siembra al voleo, pero a mi se me hizo que me estaban cargando.
Cuando logré descansar arranqué para el pabellón Althabe, donde usted tiene su stand desde que yo era chico, pero no lo pude encontrar y me fui como para el fondo, a ver si podía garronear algo en El Fogón. Imposible. Ya no están las damas que antes atendían allí. Ellas me conocen y siempre me daban de comer sin cargo; pero la verdad es que ni me animé a entrar. Así que me senté en las tribuna y me dispuse a esperar el encierre de tropillas, que siempre me gustó mucho.

Me costó ubicarme, porque me cuesta mucho subir los escalones y para colmo de males un paisanito chiquito con boina verde capada, que llevaba atravesado a la cintura un facón que medía unos 90 centímetros y pesaba 4 kilos, cuando logré sentarse, me pegó sin querer con el cabo en una ceja y me dejó medio abombado. Yo quería verla de cerca a Andrea Sarnari, pero me quedé dormido. Me acuerdo mucho de ella, cuando era chiquita. ¡Si habré juntado maíz en esos campos de La 14! Me había hecho baqueano para reconocer los choclos cuando estaban a punto y como siempre sembraban el potrero que da a la calle la primera hilera era toda mía! Muy buenos choclos los de la familia Sarnari! Ideales para el puchero.
Cuando desperté, ya era tarde. De los caballos solo quedaban la bosta amontonada en la pista central y una señora que me despertó, luego de preguntarme si estaba bien se quedó un ratito conversando. Me puso triste. Porque entre otras cosas me dijo que Erreca se está despidiendo de la Presidencia de la Rural. Qué se yo! Uno se acostumbra! Lo tuvimos que extrañar a Luisito Leonetti, luego a Alzueta, antes a Cisneros y otros. Y Erreca salió bueno, caramba!
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