14 de septiembre de 2026
Enviaron un proyecto de Ordenanza para que se declare la utilidad pública. El destino sería mudar allí al deliberativo local.
por
Ángel Pesce
Entre el 14 y el 15 de abril de 1913, el Titanic chocó contra un iceberg en el Atlántico Norte y se hundió horas después. Poco más de un mes más adelante, se fundaba en Bolívar el Club Social, el 24 de mayo de ese año. Esta comparación viene a cuento para que se tenga noción de a qué acontecimiento histórico debemos remontarnos para tener idea de lo que pasaba en la ciudad justo en esos tiempos.
La fecha fundacional, claro, no es la fecha de la construcción del monumental edificio que conocemos en nuestros días. Ese monstruo que se levanta en el centro de la ciudad, en la Av. San Martín, es de mediados a fines de la década de 1930, cuando se finalizó su construcción, que estaba prevista para algún tiempo antes, con el objetivo de realizar allí los actos por la colocación del monumento a San Martín pero no se llegó con los tiempos.
Fue sin dudas uno de los clubes más elitistas que tuvo el Bolívar de aquellos tiempos (casi un siglo atrás), son recordados los comentarios de varios que vivieron en carne propia la experiencia, que si no vestías de tal forma no sólo que no podías ingresar, sino que casi no se podía pasar por la vereda. Ni hablar de la selección de quiénes podían ingresar al selecto elenco societario.
Pero no es de eso que viene cuento esta nota, sino que el Club Social tal y como se conoció en su momento y años más acá también, no existe más. De club elitista a lugar de entrenamiento de algunas actividades deportivas, algo impensado por quienes lo gobernaron durante años reclamando vestir de estricta etiqueta para acudir a sus celebraciones.
Obviamente que hablamos de otro Bolívar, otros tiempos, otras personas, otros pensamientos. El club, los clubes, mejor dicho, acaparaban a las personas y les ofrecían distracciones para que pudieran tener su espacio de ocio. El Social fue siempre reconocido por ser un club donde se jugaba mucho a las cartas, entretenimiento de muchos hombres de épocas pasadas, y hablo de hombres porque si bien en algunos clubes no estaba permitido el ingreso de mujeres, a las mujeres de esa época tampoco se les ocurría acudir a los clubes, salvo a eventos especiales.
Del esplendor del Club Social sólo queda el nombre y el edificio. Hoy casi no tiene socios, ni personería jurídica, ni nada. El tiempo no ha pasado en vano, ha enterrado esos lugares de reunión de muchos que luego fueron reemplazados por el televisor en un principio y por las distintas pantallas hoy en día. Antes la gente iba al club a distraerse, a pasar el rato, a comentar con amigos o vecinos lo transcurrido en el día, en el trabajo, hoy eso ya no pasa casi en ningún club, salvo algunos contados como pueden ser Alem, La Rural, El Fortín y Talleres en su espacio de la Av. San Martín, que quizás se los vea más como un lugar de encuentro y despacho de bebidas que como lo que supieron representar esos mismos clubes años atrás.
Bolívar ya "perdió" al Club Buenos Aires, casi una réplica del Social sobre calle Güemes, a manos del municipio en tiempos de Juan Carlos Simón intendente. No había casi actividad en esa institución, no había renovación de autoridades y casi no quedaban autoridades para hacerse cargo, por lo que fue cedido para oficinas municipales. Hoy funciona allí la Dirección de Cultura, por ejemplo, y si bien debería realizarse alguna restauración, al menos el edificio se mantiene.
El Departamento Ejecutivo Municipal envió un proyecto de Ordenanza al Concejo Deliberante para que se declare la utilidad pública del edificio del Club Social. El destino sería mudar allí al deliberativo local, que hoy tiene su espacio en el primer piso de Av. Belgrano 11, con un recinto envidiable pero sin lugar suficiente para todos los bloques políticos.
Precisamente son esos bloques políticos los que están tratando en comisión por estos días el expediente del Club Social, tratando de darle la mejor forma posible entre todos y que resulte el mejor proyecto para el destino final. Al ritmo que iba, sin demasiado control de nadie, esa bella construcción poco a poco iba a derruirse, y en este caso se pensó bien en salvarla y ponerla al servicio de la comunidad, ya que el Concejo Deliberante es el lugar donde hay 16 representantes del pueblo.
Los nostálgicos seguimos imaginando al Club Social como era, como fue en sus albores; pero la realidad es otra y lo supera todo, imaginar un club como el que se pensó en su fundación más de 100 años atrás es imposible, y algún destino hay que darle para que se lo siga manteniendo y se lo pueda poner en valor como corresponde, con esa monumental infraestructura, además de sus aberturas y su doble entrada con dos portones que tanto llaman la atención desde siempre en el centro de la ciudad.
"Si algún viejo revive, le da un patatús si ve al Social como está", me dijeron el otro día, y coincido. Pero es imposible que eso ocurra, y lo mejor que puede pasar con ese edificio es que se le dé una mejor utilidad que la que tiene actualmente, y que se lo conserve como patrimonio de la ciudad, representativo de una muy linda época, que no volverá, pero que vale la pena mantener viva al menos en sus edificios.
La Escuela Municipal de Ajedrez de Bolívar tuvo una destacada actuación en la séptima fecha del Prix del Centro, disputada en General La Madrid, con 19 representantes entre los 160 participantes. La delegación logró varios podios en las distintas categorías, incluyendo un primer puesto y tres segundos lugares, además de dos reconocimientos como mejores damas.
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