28 de junio de 2026

COLUMNA - AGRO

COLUMNA - AGRO. Trigo: la planta que cambió la historia de la humanidad

Este cultivo, que acompañó a la humanidad desde sus comienzos, merece un tratamiento extenso, desde sus orígenes hasta la situación actual, por lo cual dividiré el análisis de este formidable cultivo en tres capítulos

por
Gustavo Huesca Pérez

Capítulo 1: Del Creciente Fértil a la mesa del mundo

Cuando observamos un lote de trigo ondulando bajo el viento, resulta difícil imaginar que estamos frente a una de las especies vegetales que más influyeron en la historia de la humanidad.

Mucho antes de la rueda, de los motores, de la electricidad y, obviamente, de internet, una sencilla planta perteneciente a la familia de las gramíneas comenzó a modificar para siempre el destino de nuestra especie.

La historia del trigo es, en muchos aspectos, la historia misma de la civilización.

Una gramínea extraordinaria

Desde el punto de vista botánico, el trigo pertenece al Reino Plantae, familia Poaceae o Gramíneas, género Triticum.

Comparte parentesco con otros cultivos fundamentales como el maíz, el arroz, la cebada, la avena y el sorgo.

Ser una gramínea implica poseer características morfológicas muy particulares.

Su sistema radical es fasciculado, formado por numerosas raíces finas que exploran eficientemente el suelo. El tallo, conocido como caña, presenta nudos y entrenudos claramente diferenciados. Sus hojas nacen alternadamente y abrazan parcialmente el tallo mediante una estructura denominada vaina.

La inflorescencia es una espiga compuesta por espiguillas que albergan las flores. El fruto es una cariopse, donde la semilla se encuentra íntimamente fusionada con el pericarpio.

Sin embargo, más allá de la descripción botánica, existe un detalle trascendental.

El trigo es predominantemente una plantaautógama. Una planta autógama es una planta que se fecunda a sí misma.

Una flor de esta planta tiene la parte masculina y femenina, por lo que el polen alcanza para producir semillas sin necesidad de que venga polen de otra planta. Por eso las hijas de esta planta suelen ser muy parecidas entre sí.

Se conserva más fácilmente una variedad. Hay menos mezcla genética.

Las plantas que no son autógamas (se llaman alógamas o de fecundación cruzada) necesitan que el polen venga de otra planta distinta para fecundarse. En estas, el viento, los insectos u otros medios (a veces manualmente) llevan el polen. Los hijos salen más mezclados genéticamente (caso de los híbridos)

Esta característica permitió durante miles de años conservar tipos relativamente estables y facilitó posteriormente los programas de mejoramiento genético.

El nacimiento de la agricultura

Hace aproximadamente diez mil años, grupos humanos que habitaban una región conocida como Creciente Fértil comenzaron un proceso que transformaría el planeta.

Aquella zona abarcaba territorios del actual sur de Turquía, Siria, Irak e Irán.

Hasta entonces, los seres humanos eran principalmente cazadores y recolectores.

Dependían de lo que la naturaleza ofrecía. Pero algo cambió.

Algunas poblaciones comenzaron a recolectar y posteriormente sembrar ciertas gramíneas silvestres que presentaban características favorables.

Entre ellas aparecieron los antepasados del trigo moderno.

Nacía así uno de los acontecimientos más importantes de toda la historia humana: la agricultura.

Muchos historiadores sostienen que primero apareció el trigo y después aparecieron las ciudades. No es una exageración.

Sin excedentes agrícolas no hubiera sido posible alimentar poblaciones permanentes, desarrollar oficios especializados, construir estados o crear civilizaciones complejas.

Los primeros trigos

Los primeros tipos domesticados fueron especies primitivas como Triticum monococcum y Triticum dicoccum.

Aquellas plantas diferían considerablemente de los materiales modernos.

Las espigas eran más frágiles. Los rendimientos eran bajos.

La cosecha requería enormes esfuerzos manuales.

Pero tenían una ventaja decisiva. Podían almacenarse.

Por primera vez en la historia, las comunidades humanas podían guardar alimentos para consumir meses después de producirlos.

Aquella posibilidad modificó para siempre la relación del hombre con la naturaleza.

Egipto: donde el trigo se convirtió en poder

Pocas civilizaciones comprendieron tan rápido la importancia estratégica del trigo como los antiguos egipcios.

Las crecidas periódicas del río Nilo permitían producir importantes excedentes agrícolas.

Con ellos alimentaban ejércitos, financiaban obras monumentales y sostenían una estructura estatal extraordinariamente compleja para la época.

Los graneros egipcios se transformaron en verdaderos símbolos de poder.

Controlar el trigo equivalía a controlar la estabilidad social.

La historia demostraría repetidamente que el abastecimiento de pan y cereales podía determinar el destino de gobiernos enteros.

Grecia, Roma y la expansión del trigo

Posteriormente los griegos perfeccionaron técnicas agrícolas y difundieron el cultivo hacia nuevas regiones.

Sin embargo, fueron los romanos quienes llevaron la expansión a una escala sin precedentes.

A medida que avanzaba el Imperio Romano, avanzaba también el trigo.

La necesidad de abastecer a millones de habitantes impulsó mejoras en almacenamiento, transporte y comercialización.

Roma comprendió algo que continúa siendo válido en nuestros días.

La seguridad alimentaria es uno de los pilares fundamentales de cualquier sociedad estable.

Del Viejo Mundo al Nuevo Mundo

Cuando los europeos llegaron a América trajeron consigo semillas de trigo.

Las primeras introducciones fueron realizadas por los españoles durante el siglo XVI.

Poco a poco el cultivo comenzó a adaptarse a distintas regiones del continente.

Desde México hasta el Cono Sur, el trigo encontró ambientes favorables para su desarrollo.

En algunos lugares prosperó rápidamente.

En otros debió esperar décadas o siglos hasta encontrar variedades adecuadas.

Pero ya nada detendría su expansión.

El trigo y la construcción de la civilización

Resulta fascinante observar cómo una simple gramínea fue acompañando cada etapa del desarrollo humano.

Estuvo presente en el surgimiento de las primeras aldeas.

Alimentó imperios. Financióguerras. Inspiró religiones.

Motivó innovaciones tecnológicas.

Y continúa siendo hoy uno de los pilares de la alimentación mundial.

A lo largo de más de diez mil años, el trigo no fue simplemente un cultivo.

Fue una herramienta de transformación social.

Una fuerza silenciosa que permitió el crecimiento de la población humana y el desarrollo de las civilizaciones.

Cuando observamos una espiga madura balanceándose en el campo, estamos viendo mucho más que una planta.

Estamos contemplando uno de los mayores protagonistas de la historia de la humanidad.

Y esa historia recién empieza.

Porque si los primeros diez mil años fueron extraordinarios, los últimos doscientos terminarían cambiando al trigo para siempre.

En las próximas entregas abordaré la evolución del trigo con los avances tecnológicos de los últimos tiempos.

La Revolución genética, la aparición de los trigos mexicanos y lo nuevo que, en forma sostenida, avala el extraordinario avance de este cultivo, que acompañó a la humanidad durante toda su evolución.

En Argentina, este cultivo fue desarrollado localmente con una extraordinaria capacidad técnica. Podemos decir que es el cultivo más argentino. La familia Klein, con algunos de sus integrantes que pude tener el privilegio de compartir mis estudios universitarios, la familia Buck, otro grupo que se destacó en el mejoramiento de este cultivo.

El INTA que supo tener un programa de mejoramiento que nos dio variedades de trigo que revolucionaron nuestra producción.

En fin, un orgullo poder decir que nuestro país ha sido uno de los mas destacados en el mejoramiento de este cultivo, demostrando la alta capacidad técnica de nuestros productores, obtentores y empresarios que dedicaron una vida al mejoramiento de esta gramínea.

Seguiré, como señalé, con otras entregas, pues el trigo merece un tratamiento respetuoso y extenso.


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