31 de mayo de 2026
Por Gustavo Huesca Pérez, Ing. Agrónomo y Consultor Agropecuario.
por
Gustavo Huesca Pérez
La discusión sobre fitosanitarios en Argentina dejó de ser técnica para transformarse en territorial y política. Ya no se debate en abstracto. Se discute en pueblos, en municipios, en juzgados.
Y alcanza con mirar tres provincias para entenderlo, entendiendo que el debate abarca a todas las provincias argentinas, elegí tres pues son las provincias donde mayor cantidad de fitosanitarios se utilizan. Este es un tema que ha ocupado el 60 % de mi vida profesional, por eso es que me animo a opinar. Ademàs tengo la suerte que lo conozco desde varios ángulos.
He sido distribuidor de insumos agropecuarios, he tenido empresa de aplicación, he sido productor, he vivido en una zona rural, como Bolívar, donde las aplicaciones se realizan a veces muy cerca de la planta urbana.
Por último he trabajado profesionalmente en el Congreso de la Naciòn, asesorando al bloque de la UCR en materia agropecuaria y, específicamente, he integrado equipos de estudio y redacción de las distintas leyes que rigen para la aplicación de fitosanitarios, o agroquímicos ( nunca agrotòxicos como maliciosamente los denominan los grupos fundamentalistas, generalmente de signo de izquierda, pues piensan que a través de la denostación de estos productos, están combatiendo al imperialismo y sus "esbirros", como ellos los denominan, a las empresas industriales, generalmente multinacionales que fabrican estos productos).
Por ello pienso que , peligrosamente, se está tornando un debate político, cuando deberìa circunscribirse al terreno técnico.
· Argentina utiliza aprox. 3 a 4 kg de fitosanitarios por hectárea/año
· Brasil: 6-7 kg/ha
· Estados Unidos: 2-3 kg/ha
· Unión Europea: 3-5 kg/ha
No somos los que más usamos. Tampoco estamos fuera del mundo.
Ejemplo:
Lote de soja en zona núcleo. Distancias hacia zonas pobladas respetada
· Dosis: dentro de marbete, respeto total de las indicaciones tècnicas
· Viento: menos de 10 km/h
· Máquina calibrada correctamente
· Aplicador autorizado
· Profesional responsable.
· Disposiciòn final de envases correcto(Triple lavado, etc)
Resultado: control eficiente, sin impacto fuera del lote.
Este es el estándar real en la mayoría del país.
Zona periurbana. No respeto de distancias
· Viento superior a 20 km/h
· Falta de control de deriva
· Aplicación en horario inadecuado
· No respeto a alguna de las indicaciones
· Disposiciòn final de envases no resuelta.
· Sin profesional responsable
· Sin aplicador técnico autorizado.
Resultado: deriva hacia viviendas ? denuncia ? aplicación deficiente- conflicto social ? judicialización.
Este tipo de situaciones representa menos del 10% de los casos, pero explica casi el 100% del rechazo social.
Ensayo comparativo en maíz:
· Con fitosanitarios: rendimiento 8-10 tn/ha
· Sin control de malezas: pérdidas del 30-50%
Traducido: menos alimentos, más costos, menos competitividad.
? Producción vs. tecnología
Argentina produce alimentos para más de 400 millones de personas.
Sin fitosanitarios, las pérdidas por plagas, malezas y enfermedades pueden superar el 30-40% de los cultivos.
Traducido: menos producción, más precios, menos exportaciones. Menos divisas para el país.
Entonces... ¿la población puede estar tranquila?
Sí... pero con una condición clave: que se cumplan las normas.
Porque acá está la verdad incómoda:
El problema no es el sistema. El problema es cuando algunos no lo cumple.
El verdadero punto crítico
El 90% de las aplicaciones se hacen correctamente
El 10% con fallas o malas prácticas genera el 100% del conflicto social
¿Qué falla?
· Controles desparejos según zona
· Falta de capacitación en algunos aplicadores
· Falta de responsabilidad tècnica
· Ordenanzas locales sin base técnica sòlida y homogénea
· Escasa fiscalización real en algunos municipios
Entonces, ¿qué hay que hacer?
No prohibir por miedo .No negar los problemas. Hacer cumplir TODO lo que ya existe.
Para dar ejemplos, me detendrè en 3 provincias con el fin de explicar la situación:
Córdoba: pérdidas de producciòn
En la Provincia de Córdoba, los conflictos en zonas periurbanas marcaron un punto de inflexión. Las restricciones a las aplicaciones, las zonas de exclusión y la judicialización generaron un impacto productivo concreto: pérdida de superficie efectiva y caída de rendimientos en áreas donde directamente no se puede intervenir.
Resultado:
· Restricciones de aplicación
· Zonas de exclusión ampliadas , a veces exageradas sin criterio técnico.
· Judicialización de casos
Consecuencia:
· Pérdida de superficie efectiva en algunos partidos: 5% a 15%
· Caídas de rendimiento en bordes no tratados: hasta 30%
Santa Fe - el peso de la percepción social
En Provincia de Santa Fe, especialmente en el sur, el debate se intensificó en zonas rurales-urbanas.
Resultado:
· Ordenanzas municipales con criterios distintos.
· Distancias de aplicación variables (100 a 1.000 metros según localidad)
Consecuencia:
· Inseguridad jurídica para el productor
· Dificultad para planificar aplicaciones
· Mayor costo operativo (hasta 10-15 USD/ha adicionales)
Buenos Aires - coexistencia con tensión
En Provincia de Buenos Aires, la situación es más heterogénea. La situación muestra otra cara: altos niveles de profesionalización conviven con zonas donde el control es menor. El resultado es claro: la gran mayoría de las prácticas se realiza correctamente, pero los desvíos -aunque minoritarios- terminan definiendo la percepción pública.
Conviven:
· Sistemas altamente profesionalizados
· Con zonas con menor o nulo control
Dato clave:
· Más del 90% de las aplicaciones se realizan correctamente
· Pero menos del 10% genera casi todo el conflicto social
En paralelo, el Estado nacional ha avanzado.
El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) implementó en los últimos años una serie de resoluciones que elevan el nivel de control del sistema: la Resolución 458/2025 reformuló el registro de productos, la 843/2025 estableció mecanismos de reevaluación permanente, la 214/2025 reforzó los controles y la 64/2026 avanzó en digitalización y trazabilidad.
El sistema, en términos normativos, se ha fortalecido mucho y queda también mucho por hacer..
Asì y todo el conflicto no disminuye.
Y eso revela algo más profundo.
El problema no es la regulación. Es la capacidad de hacerla cumplir de manera uniforme.
En un contexto donde la sociedad exige cada vez más transparencia y garantías, el margen para los errores se reduce.
Y acá aparece el verdadero punto de quiebre.
Durante años, el agro defendió su rol mostrando cuánto produce. Pero hoy eso ya no alcanza.
La sociedad no pregunta sólo cuánto. Pregunta cómo.
Y esa pregunta cambia todo.
Porque no se responde con estadísticas, y con datos técnicos pues el común de la gente no los entiende.. Se responde con confianza.
Y la confianza no se negocia.
Se gana... o se pierde.
Cada mala práctica la debilita. Cada falta de control la erosiona. Cada error la pone en duda.
Y cuando la duda se instala, el debate deja de ser técnico.
Por eso...... Se vuelve, lamentablemente, político. Se vuelve social.
Y se vuelve irreversible.
Entonces, la decisión ya no es si usar o no fitosanitarios.
La decisión es si el sistema está dispuesto a garantizar, sin excepciones, que se usen bien.
Porque si no lo hace... alguien más lo va a hacer por él.
Y cuando eso ocurra,..... las reglas ya no las va a escribir el sector.
Entonces:
"El problema no es lo que usamos...es si podemos garantizar cómo lo usamos."
"El agro argentino no va a ser juzgado por lo que produce, sino por la confianza que genere."
"No alcanza con alimentar al mundo...hay que demostrar todos los días que lo hacemos bien."
"Cuando la sociedad deja de confiar,
la discusión deja de ser técnica... y pasa a ser irreversible.
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