4 de febrero de 2026

DEPORTES

DEPORTES. Cómo la táctica hizo de Argentina una potencia mundial de futsal

Durante años, el fútbol sala fue considerado por el público general como un simple entretenimiento o un complemento de aprendizaje para el fútbol once. En los barrios de Buenos Aires y Rosario siempre fue otra cosa; allí el futsal se respira como una religión en los templos bajo techo de los clubes sociales.

Es su propio hábitat en el que el sonido de las zapatillas sobre el cemento es la banda sonora de miles de chavales. Esta cultura subterránea salió a la luz en 2016, cuando la selección nacional sorprendió al mundo y se coronó campeona mundial en Colombia.

Esa acción cambió todo para siempre; dejó de ser el hermano menor para convertirse en una disciplina de alto rendimiento que requiere una preparación mental y física extrema. El ritmo es frenético y el marcador puede dar un giro en cualquier momento.

Esta imprevisibilidad es lo que enamora a los fans, esos mismos que están acostumbrados a las apuestas de futbol regular y que están perfectamente conscientes de que el ritmo del futsal se mueve a otro nivel. Aquí la lógica puede explotar en un par de minutos y tienes que estar concentrado hasta que suena la bocina final.

La rebelión del orden contra la magia pura

Tradicionalmente, el dominio del deporte era de Brasil. Su juego era samba, genialidad individual, héroes como Falcão capaces de decidir un partido con una jugada imposible. Y Argentina entendió que tratar de vencer jugando a lo mismo era una causa perdida. La metamorfosis vino con una nueva identidad: sacrificio colectivo, rigor táctico.

Con la llegada de entrenadores como Diego Giustozzi, se instaló la mentalidad de que el equipo estaba por encima de cualquier nombre, y con ello, se creó un sistema defensivo sofocante que no dejaba pensar al oponente. La albiceleste afinó la marca, los relevos y la presión alta hasta hacerles la vida imposible a los rivales más dotados.

Ya no era una competencia de quién tenía la bicicleta más llamativa; más bien se trataba de un "torneo" por ver quién era el que fallaba menos, quién era capaz de llenar mejor los espacios. En general, gracias a esta filosofía, transformó un conjunto de talentosos jugadores en una máquina de ganar imparable.

El club barrial como escuela técnica

El secreto del jugador argentino es su superficie de origen; la mayoría no crece en el parqué de los estadios europeos, sino que aprende a jugar en la baldosa. Las canchas de cemento o mosaico de los clubes de barrio tienen una característica física definitoria: la pelota rueda más rápido y bota más fuerte, por lo que no hay tiempo para supervisar, observar y decidir; todo debe ser inmediato, natural.

Debido al juego, este ambiente hostil obliga al cerebro a procesar la información más rápidamente. El chico que juega en el club del barrio adquiere reflejos instintivos para sobrevivir en lugares cerrados. Aprende a controlar con la suela del pie un balón que llega como un rayo y a emplear su cuerpo para soportar la carga del zaguero. Es una escuela de supervivencia técnica.

Cuando ese atleta llega a una cancha profesional mejor equipada, el juego se le facilita porque su cerebro ya está entrenado para resolver problemas complejos en fracciones de segundo.

Una máquina de exportar cerebros

Las mejores ligas del mundo, sobre todo la española y la italiana, se abastecen de talento argentino. Los clubes europeos no los contratan solo por su juego; los buscan porque juegan otro juego. El jugador nacional llega a Europa con una formación táctica superior a la media. Son entrenadores en el campo que conocen cuándo presionar, cuándo retroceder, cuándo controlar el juego.

Esta inteligencia de juego es oro puro; mientras otras escuelas entrenan malabaristas, Argentina entrena atletas completos. Nombres como Santiago Basile o Maximiliano Rescia explotaron a nivel mundial por saber interpretar lo que el partido necesitaba en cada instante.

La creación de un proyecto a largo plazo

El campeonato de 2016 parecía una anomalía, pero el tiempo reveló que era el comienzo de una era. Volver a la final del Mundial de Lituania 2021 demostró que el modelo era sostenible más allá de los nombres. El cambio en el banco de suplentes por Matías Lucuix no cambió la línea de trabajo y exigencia.

La estructura se profesionalizó y la Asociación del Fútbol Argentino le dio al futsal el lugar que merecía, con mejores lugares de entrenamiento y mayor apoyo logístico.

Hoy Argentina es una potencia que mira a los ojos a Brasil, España o Portugal sin complejos. La Generación Dorada del Futsal demostró que con disciplina, estudio y corazón se puede compensar cualquier falta de talento. Lo que comenzó en potreros de barrios porteños hoy se analiza en el mundo entero como el modelo de cómo crear un equipo campeón desde la creencia y el esfuerzo.

COMPARTE TU OPINION | DEJANOS UN COMENTARIO

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.

REGIONALES

REGIONALES

Trágico choque en Ruta 60: un menor falleció y una niña de 2 años continúa internada

El siniestro ocurrió en cercanías de Carhué, en el tramo que une esa localidad con Guaminí.

REGIONALES

Subscribite para recibir todas nuestras novedades

data fiscal  © 2026 | Diario La Mañana | Av. Venezuela 159 | Bolívar (CP 6550)