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domingo, 26 de septiembre de 2021
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Primeros Pasos: dolor y angustia por una sanción que consideran injusta

Alma Pellicero, una de las integrantes del staff docente de la guardería, habló con La Mañana y manifestó su angustia frente a una clausura que afectó espiritualmente al grupo de trabajo.

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Una noticia reproducida por este diario el día 7 de mayo pasado dio cuenta de la clausura preventiva, dispuesta por el Juzgado de Paz Letrado de esta ciudad, de la guardería infantil Primeros Pasos, ubicada en la calle Rafael Hernández 136 de Bolívar.

Allí se desempeñan en calidad de docentes un grupo de jóvenes mujeres, encabezadas por Alma Pellicero y Luciana Checchia, que encontraron en esta actividad una forma de volcar hacia la comunidad lo más profundo de sus vocaciones. Por eso, aquella clausura dispuesta, el rótulo de la carátula judicial que dio origen a esa disposición y más tarde la difusión dada por este medio a la noticia, conmovió al grupo de trabajo, lo afectó espiritualmente, entristeció a sus integrantes que, ante todo, consideraron la medida como injusta.

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Así lo manifestó ayer ante el director de este medio Alma Pellicero, quien usando su derecho a réplica explicó que todo nació por la denuncia efectuada por una mujer que colaboró unos pocos días en actividades de Primeros Pasos. “Nosotros hacemos regularmente talleres de cocina de los que participan papás de los nenes que asisten a la guardería y esta chica fue contratada, antes de Semana Santa, para ayudar en esas tareas. Vino unos pocos días, contrajo COVID y luego no vino más porque así se lo pedimos. Pero evidentemente se fue enojada con nosotros y realizó comentarios descalificadores sobre nuestro trabajo. Sus comentarios fueron tomados por otra persona que dio participación al Servicio Local, que fue quien efectuó la denuncia. Ahora esa chica se retractó de lo que dijo de modo que -por lo que nos informó nuestro abogado- todo quedará sin efecto. Pero el daño ya está causado”, dijo Alma visiblemente conmovida al recordar aquellas circunstancias.

Alma se expresa con palabras simples, sin tecnicismos jurídicos que la exceden; pero demostrando en cada una de ellas su pasión por lo que hace y quiere seguir haciendo, más allá de los escollos que aparezcan en el camino elegido junto a sus compañeras de ruta. Su angustia aflora cada tanto y se denota claramente en su voz que a veces suena ahogada por el llanto inminente a través del teléfono.

“Somos toda gente seria, responsable, quienes estamos aquí. Hacemos este trabajo con mucho amor y respeto” y por esto mismo manifiesta tanto dolor por el momento que les toca vivir.
Afortunadamente para Primeros Pasos, el grupo ha recibido mucho apoyo de los padres de “sus nenes” y su trabajo seguirá cuando la pandemia lo permita, aceptando el mal trago sufrido y fortalecido en la convicción de hacer las cosas con amor.

CUANDO EL TRABAJO DUELE

Cada tanto nos pasa que nuestro trabajo nos causa dolor. En realidad eso nos ocurre bastante a menudo, porque sabemos que somos simples narradores de hechos y detrás de esos hechos siempre hay gente que sufre. No nos gusta ser multiplicadores de la angustia de nadie; pero al fin ese es el camino que personal y grupalmente hemos elegido desde hace casi 68 años. Lo seguiremos haciendo, por cierto, a pesar de todo ello, basados en el rigor periodístico y el máximo profesionalismo aplicado a nuestra labor. Pero aún así, a veces sucede que igualmente nos conmueven especialmente voces como las de Alma. Voces respetuosas, correctas, sinceras, que suenan así sencillamente porque no pueden nacer de otro lado que desde el corazón. Allí sí que duele un poco más nuestro trabajo.

Víctor Agustín Cabreros

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