7 de septiembre de 2026
La Destilada nos llevó de paseo entre bolas de espejos y luces de neón.
por
Chino Castro
En su regreso a Casa Negra, La Destilada puso a circular anteanoche la pilcha vintage de su evolución artística hacia un pop de neto corte ochentoso, de esa época en la que los estéreos de los autos (perdón pero era la tecnología de esa época, por cierto muy noble) chorreaba la irresistible miel producida por esas bandas inglesas y especialmente yanquis que llevaron la industria musical a un nivel estratosférico. Como si el futuro estuviera en el pasado, en línea con lo que, aplicado al fútbol, profetizaba el sabio César Menotti.
Tras la apertura instrumental de la 'estrella de cinco puntas' con Smoke and Mirror, de Lee Ritenour, irrumpió en escena el frontman, Leandro Curuchet, para definir el hexágono sonoro y comenzar a espolvorear una selección de obras pop de esas conocemos todos. Casi nada de jazz hubo en el menú, de la primera época del proyecto sólo sobreviven las amabilísimas On Broadway, de George Benson, y New York, New York, la gema que por antonomasia identifica a Sinatra, que nuestro sexteto enganchó, en el final de su performance, con Un inglés en New York, primer hit de la carrera solista de Sting, nave insignia de su primer disco tras la disolución de The Police en 1985.
Lo demás fueron algunos 'viejos conocidos' de La Destilada, entre otros The Winner Takes It All, ese crescendo de ABBA donde 'Leo' despliega todo -hasta la gorra, que voló al piso y casi se la coloca 'Patita' Suárez, el baterista-; Holding Back the Years y otra más de Simply Red, en una dulce convivencia con un estreno: la simpática The Logical Song, de Supertramp. Durante una presentación de una hora y cuarenta minutos, también estallaron en la garganta de 'Leo' y en el toque de sus cumpas dos de Stevie Wonder, una de ellas Master Blaster, esa especie de adhesivo reggae; la climática Golden Eye, canción que identifica una de las películas de la larga e inoxidable saga de James Bond, y que asociaremos siempre a la voz de la inolvidable Tina Turner, y la épica Ya no hay forma de pedir perdón, que los locales hicieron en su original idioma inglés pero en la Argentina muchos conocimos por la versión en castellano del ubicuo Pedro Aznar.
Fue también una noche propicia para los homenajes. Hubo dos, uno a Rubén Rada, que falleció hace unos días, a través de una incendiaria versión de Dedos, y el otro a Freddie Mercury, a horas de que el alma de Queen hubiese cumplido ochenta años.
El bajista y segunda voz del colectivo, Diego Abel Peris, tuvo a su turno un momento para su lucimiento personal, con su versión de Vientito de Tucumán, letra que quedó inédita de Yupanqui a la que Divididos le puso música moldeando una zamba nostálgica que convida a la introspección. En su encare, el versátil instrumentista vernáculo apeló a algunas delicadezas de su loopera, con la que se graba 'in situ' y va agregando capas y matices al desarrollo de la canción, vale decir al armado básico que va sonando.
Lo demás resultó un activo y óptimo complemento de lo que bajaba del escenario: la alegría de un público que celebró, como quien descorcha un champán, esta nueva etapa evolutiva del sexteto, unos destilados 'a lunares' ya que quizá más que nunca fue dable percibir una conexión artística entre ambas propuestas, algo que ha de ser casi inevitable, como si flotara en el ambiente, ya que tres músicos de esta formación, vale decir su exacta mitad, también integran Los Cohetes: los mencionados Peris y Suárez, y Eduardo Real Ricardo, que acá se bate como tecladista. Gente, la que vibraba como quien grita un gol del equipo de su barrio, que integra ese entrañable colectivo que pide la vuelta de las canciones lentas típicas en los boliches de años atrás en algunos pasajes diseñados para 'bailar pegados', como diría Sergio Dalma, o salir de 'pesca', cuando ya la noche empieza a declinar pero aún queda un par de 'rounds' claves. Bueno, La Destilada le dio el gusto, y el público lo agradeció.
El resto de la alineación son el saxofonista Álvaro Damiano, un excelente recurso para la música que 'destilan', y el guitarrista Ariel Adrián Tardivo, casi tan radiante en escena el viernes en Casa Negra como el siempre sonrisal Diego Peris, y seguramente mucho más que frente a la titánica a la vez que delicada tarea de extirpar un díscolo molar de algún paciente en su consultorio odontológico. Por si todo esto no fuera a ser suficiente, 'Lo de Delia y Leo' sirvió un sabrosísimo guiso de lentejas elaborado por el propio Curutchet, que vino a sumarse a la carta habitual.
El intendente Bucca visitó nuestra stand en la Expo el pasado domingo, poco antes de dar su discurso en la pista central. Se prestó al diálogo por stream y respondió sobre temas medulares como el Super Niño que se avecina y los caminos rurales, hasta la situación financiera del municipio y su impacto en los sueldos de los empleados.
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