22 de julio de 2026

POR ANTONELLA ALESANDRELLI

POR ANTONELLA ALESANDRELLI. Municipales de Bolívar: cuando dicen que no hay plata, la riqueza ya cambió de manos

Espacio solicitado por el Frente de Izquierda local.

Mientras las y los trabajadores municipales de Bolívar continúan cobrando salarios de pobreza, el Ejecutivo vuelve a repetir el mismo argumento de siempre: "no hay plata". Del otro lado, el sindicato reclama, anuncia medidas de fuerza que muchas veces no llegan a concretarse y el conflicto vuelve a quedar encerrado en una negociación que parece no tener salida.

Pero esa discusión empieza mal planteada. La verdadera pregunta no es cuánto porcentaje de aumento puede conseguirse, sino por qué nunca se pone en discusión quién se queda con la riqueza que producen miles de trabajadores y trabajadoras de Bolívar.

Toda la riqueza del distrito nace del trabajo. Ningún empresario produce riqueza sin trabajadores. Ningún gran propietario rural obtiene ganancias sin quienes siembran, cosechan, transportan y sostienen la producción. Ningún comercio vende si antes hubo alguien que produjo aquello que comercializa. El problema no es quién crea la riqueza, sino quién termina apropiándosela.

Por eso es falso aceptar que el problema sea simplemente la falta de recursos. Lo que existe es una transferencia permanente de ingresos desde quienes viven de su trabajo hacia quienes viven de las ganancias, la renta de la tierra y la especulación. Esa transferencia se sostiene todos los días mediante decisiones políticas.

El Concejo Deliberante aprobó para 2026 un presupuesto municipal superior a 57.640 millones de pesos. La pregunta no es si hay plata, sino cuáles son las prioridades y quiénes terminan beneficiándose de ellas. Si hoy existen trabajadores municipales que cobran apenas 160 mil pesos, e incluso destajistas en condiciones todavía más precarias, queda claro que la pobreza salarial no es una fatalidad.


La misma lógica aparece en otros conflictos del distrito.

Cuando el Municipio presentó la línea eléctrica de 132 kV la mostró como una obra estratégica para favorecer nuevas inversiones. Nadie discute la importancia de esa infraestructura. Lo que vale preguntarse es por qué esa misma decisión política nunca aparece cuando quienes sostienen el Hospital, las salas de salud, la recolección, las delegaciones, los espacios públicos y el funcionamiento cotidiano del Municipio reclaman un salario que les permita vivir.

También ocurre con el ambiente. La modificación de la ordenanza 2999/2024, cuestionada por el Colectivo Tierra Viva, mostró una vez más que, cuando entran en tensión la salud de la población y los intereses del agronegocio, el gobierno elige proteger a los sectores económicos más poderosos.

La vivienda expone esa misma injusticia de la manera más brutal. En julio de 2023, en plena campaña electoral, el Municipio organizó el sorteo de 23 viviendas y 168 lotes con servicios. Cada vivienda entregada fue una alegría para la familia que la recibió. Pero la escena en su conjunto mostraba otra cosa: cientos de bolivarenses disputando un puñado de casas y terrenos, atravesados por la angustia, la bronca, las discusiones y la frustración de saber que un derecho tan básico dependía de un sorteo. Parecía una versión local de Los Juegos del Hambre: vecinos enfrentados entre sí por un bien escaso, mientras la verdadera discusión -por qué faltan viviendas y quién se beneficia con esa situación- quedaba fuera de escena.

Y ese camino nunca va a resolver el problema de fondo. Entregar un puñado de viviendas o lotes cada algunos años está muy lejos de responder a la enorme necesidad habitacional que existe en Bolívar. Mientras tanto, el predio del ex Procrear, proyectado para 240 viviendas y 154 lotes con servicios, continúa sin desarrollarse plenamente. Hay tierras, hay familias que necesitan una casa y hay trabajadores que podrían construirlas. Lo que falta no son recursos: falta la decisión política de poner esas tierras y esa riqueza al servicio de las mayorías y no de la especulación inmobiliaria.

No son problemas aislados. Cada vez que un trabajador cobra por debajo de la canasta familiar, que una familia destina gran parte de su ingreso a un alquiler o que se flexibilizan normas para favorecer grandes intereses económicos, la riqueza vuelve a cambiar de manos. Y cuando el Municipio responde que "no hay plata", intenta ocultar justamente eso.

Por eso creemos que limitar el conflicto municipal a una discusión sobre porcentajes termina aceptando las reglas del juego que impone el propio poder político. Lamentablemente, la conducción sindical tampoco logra salir de ese callejón. Al no discutir quién debe pagar realmente esta crisis ni cuestionar a quienes más se benefician con este modelo, el conflicto queda reducido a una negociación cuyos límites fija el Municipio. Así crece la frustración de cientos de trabajadores que esperan no solo un aumento salarial, sino una salida de fondo.

Desde el PTS en el Frente de Izquierda creemos que hace falta cambiar el eje de la discusión.

Si la riqueza la producen las y los trabajadores, esa riqueza tiene que volver a quienes la producen. Por eso proponemos abrir las cuentas del Municipio para que trabajadores y vecinos conozcan el destino de cada peso del presupuesto y controlen democráticamente las prioridades del gasto público.

Proponemos también que la crisis deje de recaer sobre quienes viven de su salario, mediante un impuesto extraordinario a las grandes fortunas del partido, a los grandes propietarios rurales y a quienes hacen negocios con la especulación inmobiliaria, para financiar salarios equivalentes a la canasta familiar, terminar con la precarización laboral y garantizar el pase a planta permanente.

Al mismo tiempo, un plan masivo de construcción de viviendas públicas permitiría responder a dos necesidades urgentes del distrito: garantizar el derecho a la vivienda y generar trabajo genuino fortaleciendo el empleo público.

Nada de esto va a suceder porque un intendente, un concejal o un dirigente sindical decidan escuchar nuestros reclamos. Tampoco porque tengamos las mejores propuestas escritas en un papel. La historia demuestra que ningún derecho fue un regalo: cada conquista fue arrancada con organización y lucha.

El conflicto municipal abre una discusión mucho más profunda que una paritaria. Nos obliga a elegir entre un Bolívar donde la riqueza siga transfiriéndose todos los días hacia un puñado de privilegiados o uno donde vuelva a quienes la producen y sirva para garantizar salarios dignos, vivienda, salud, educación, un ambiente sano y una vida mejor para las grandes mayorías.

Ese es el debate que quieren evitar. Y ese es el debate que tenemos que dar.


Por eso te invitamos a sumarte a los comités del PTS. Un espacio para debatir la realidad de Bolívar, organizarnos junto a otros trabajadores, estudiantes y vecinos, impulsar cada una de estas peleas y transformar la bronca en una fuerza colectiva capaz de conquistar salarios dignos, trabajo, vivienda, salud, educación, un ambiente sano y todos los derechos que nos corresponden. Porque las propuestas solo dejan de ser un programa cuando existe una fuerza social organizada dispuesta a luchar por hacerlas realidad.

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