27 de mayo de 2026
La dupla estrenó 'La revolución preñada de poesía'.
por
Chino Castro
González Tuñón, Gelman y Rivera resuenan en todo lo que artísticamente hace Alabart, pero nacen de un modo diferente cada vez, quizá más cabalmente aún, en toda su magnitud revolucionaria que sigue gritando como el primer día, en una helada noche de mayo en Casa Negra, a apenas horas de un nuevo 25 de Mayo y a casi ciento dieciséis abriles de aquella gesta patriótica que empezó mejor de lo que terminó, pero ese desencanto acaecería después.
El actor y director José María Alabart presentaba en 'lo de Delia y Leo' 'La revolución preñada de poesía', un nuevo espectáculo tramado junto a un flamante compañero de ruta, el actor, cantor y también periodista Claudio Bevilacqua, de Caseros, Buenos Aires. Poesías y algunas canciones que nos hablan de lo de siempre, de lo único que no hay que dejar de hablar, y menos hoy: la (pendiente) independencia argentina.
El 'Mono' apeló a lo mencionado, artistas y obras que conoce bien y que siempre tiene a mano, y Claudio a Lima Quintana, Tejada Gómez, López Ocón y Rafael Amor, poetas y este último también músico, que comparten universos temáticos y a veces estéticos aunque no hayan desarrollado proyectos juntos. Es decir que, sabiéndolo o no fueron socios, como un cantautor de hoy podría serlo de Lennon, por transitar por el mismo camino. Toda gente que ya no está, pero cuya obra, elaborada mayormente hace varias décadas, continúa mirándonos desde el futuro.
Ante muy poco público, abrió el fuego el 'Mono' con un par de poemas de González Tuñón, entre ellos La luna con gatillo, un clásico de Raúl y también de Alabart, que gusta incluirlo en su repertorio. La siguió con Gelman, y allí explotaron como un buen champán dos textos tal vez de los más incandescentes y expansivos de Juan, como lo son sus poesías a Fidel Castro (Fidel) y al Che Guevara (Pensamientos), al que dejamos caer y todavía hoy nos hacemos los 'sotas', envasándolo en medallas, remeras y libros de historia pero abandonando la lucha a la que ofrendó su vida. En medio, una de un tono más íntimo, y acaso aún más desgarrador: el escrito de Gelman a propósito de la recuperación de los restos de su nieta, que permanecía desaparecida, el 31 de marzo de 2000.
Con Bevilacqua en la cancha, el espectáculo continuó con poemas de Lima Quintana y de Tejada Gómez, un preferido del hombre de Caseros, de quien entre otros textos recitó Peatón, diga no, en cuya interpretación convidó al público a participar expresando sus 'no' personales: al 'no te metás', a la competencia, se escucharon entre otras apelaciones. "Si alguien dice no, nadie puede, por más poder que tenga", señaló/ acicateó.

Para el final, los artistas se guardaron una muy linda carta, que fue ponerles la voz y el cuerpo a un fragmento de La revolución es un sueño eterno, de Andrés Rivera, con la novedad -al menos para quienes hemos visto mucho al bolivarense- de que Alabart no compuso a Castelli sino a su primo Belgrano, en la hora de la despedida. Como se sabrá, la apasionante novela de Rivera narra los últimos días de Juan José Castelli, considerado el orador de la Revolución de Mayo, quien en lo que representa una "patética paradoja" (así la calificó José María) murió de un cáncer en la lengua, sin poder hablar. Este segmento fue intercalado, como para ponerle el moño, con un pasaje de la canción Independencia, de Rafael Amor, cantada a capela por Claudio.
Para que el público y los propios protagonistas de la velada confortaran también las tripas y no sólo al espíritu y el corazón, la casa volvió a servir un riquísimo guiso de lentejas.
El siniestro ocurrió en cercanías de Colonia San Martín. Los bomberos acudieron a eso de las 9 menos cuarto y encontraron un panorama dantesco. El camión terminó contra un alambrado.
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