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lunes, 27 de septiembre de 2021
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Con Azulita en el corazón

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Quiero agradecerles por permitirme relatar lo que es para mí y mi familia Azulita, Lamento no poder contarles cómo fueron sus últimos meses, su dulce sonrisa o su compromiso en abrazar a los más desprotegidos.

Cuando nací un 27 de octubre, Azulita tenía 18 años. Cuando durante el terrorismo de estado cívico-militar y eclesiástico la secuestraron, ella tenía tan sólo 25 años, yo 7.

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En su libro “Policronía”, el compañero Miguel Gargiulo describe que ella pide pasar las fiestas, de ese entonces, con su compañero de vida. Corría el año 1978.

Lo que yo recuerdo de esa época, lo que puedo contar, es que un 25 de diciembre a la madrugada, entré a la casa de mi tía Nita Marina corriendo al encuentro sus abrazos abiertos, y la abrazo fuerte. Estaba abrazando a mi prima, recién entiendo que me abrazó una militante política. Me tenía a upa, cuando nos sacan una foto, no recuerdo quien la sacó. Sólo sé que Azulita hace la V de victoria, no me quedé atrás y me enseñó como lo tenía que hacer. En ese momento grita “VIVA PERON” y el segundo fue a dúo.

Antes de despedirnos la tomo de ambas manos, la llevo a la pieza de mis abuelos y le hago sólo dos preguntas: ¿quién es Perón?, ¿qué hizo? Con solo 7 años, sin conocimiento real de lo que me marcaría en mi vida. Ella sembró en mí el compromiso social de la militancia política. Compromiso de una Patria más justa, libre y soberana.

Quizás ese día fue la última vez que la vi. Tal vez ella pudo haberme enseñado más sobre Perón. Un deseo corre por mi mente: si no se la hubieran llevado yo no sería un militante más. Quizás seríamos militantes juntos. No lo sabremos, sin embargo podemos saber que ella inculcó en mí un deseo, una lucha.

Hoy quiero homenajear la militancia política de los 30.000 compañeros y compañeras desparecidos y sobre todo a los 12 compañeras y compañeros que son parte de la historia de nuestro pueblo de Bolívar.

¡Nunca nos fuimos!, sólo dejamos los cargos políticos. Nuestro verdadero compromiso ético y moral como militantes políticos, es nuestro apego irrenunciable a estar junto al pueblo, a defender el bien común social y los intereses colectivos del pueblo.

El 2 de abril 1976 el ejecutor civil del terrorismo social, económico y uno de los ideólogos del Proceso de reorganización nacional, comienza su discurso diciendo:

“Se abre, señores, un nuevo capítulo en la historia económica argentina. Hemos dado vuelta una hoja del intervencionismo estatizante y agobiante de la actividad económica para dar paso a la liberación de las fuerzas productivas”. Martínez de Hoz, abril del ‘76.

Dicha frase fue avalada en aquel entonces y fuertemente reivindicada en el gobierno de Mauricio Macri. La impronta fue “DEMOCRACIA MERITOCRATICA”. Prevalece el individualismo y la violencia, el concepto de la sobrevivencia del más fuerte, la desigualdad social y económica siempre fue política de estado del gobierno pro-liberal.  También hizo uso del terrorismo de estado, con una tablita de devaluación de un tal Martínez de Hoz y los ministros del macrismo usando planillas de Excel.

Creo en la democracia del consenso, en la real presentación del interés colectivo del pueblo, en la reconstrucción del tejido social. Creo que hay que estar del lado de los más vulnerables. No somos descartables.

Los que liberaron la fuerza destructiva de la patria financiera, engendraron la soberanía de la bicicleta financiera. Estos también enarbolaron la bandera de la meritocracia que rompió el entramado social del pueblo, generando el descarte de los más humildes.

La junta militar, gobierno autoproclamado, no democrático, fue la pata represiva del segundo genocidio que hubo en la argentina. El plan fue el exterminio sistemático, la desaparición forzada y la violación de los derechos humanos, hasta la caída del mismo.

El 6 de noviembre del 2017, las/os alumnas/os de mi querida Escuela Nº 1 pusieron en la puerta de la escuela una baldosa que hicieron con sus manos. Cuando peticionaban a viva voz “donde esta Azulita”, sus guardapolvos blancos se iban transformando en pañuelos blancos. En el camino de búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia, no nos debe guiar el odio ni el rencor, solamente el amor. Vamos a tener un pueblo entre los dedos que nos van acompañar a seguir buscando a los 30.000 compañeras/os.

Azulita está presente, ella seguirá presente en nuestras memorias, en la historia de nuestra querida ciudad de Bolívar. Estará en cada uno de los integrantes de nuestra familia, somos una de las familias de los y las 30.000 desaparecidos/as. Es necesario hacer un minuto de reflexión, ella no huyó, no pudo volver a su hogar, no pudo escapar. Ella no eligió ser una desaparecida. A AZULITA, María Celeste Marina, la desaparecieron un 25 de enero.

Como argentinos, debemos tener memoria y decir Nunca Más por los 30.000 desaparecidos, que están presentes en nuestra memoria.

Ahora y siempre.

Sebastián Marina, primo de Azulita Marina

(Este valioso texto fue conseguido por gestión del sociólogo, investigador y escritor Miguel Gargiulo.)

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