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domingo, 25 de febrero de 2024
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Yori Aguinaga de Bres. Su fallecimiento

Necrológica.

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Escribe Walter D’Aloia Criado

Con la muerte de Yori Bres, la sociedad bolivarense pierde una figura de recordada e importante actuación en los círculos sociales y culturales de hace algunas décadas. Había nacido en Urdampilleta y muy joven aún contrajo matrimonio con Tomás Bres, propietario de la antigua Joyería Grossi y perteneciente a una tradicional familia de nuestra ciudad, siendo madre de dos hijos, Marcela y Tomasito.

Dueña de una excepcional belleza y una voz privilegiada, brilló en los círculos sociales y en el coro de la Parroquia San Carlos Borromeo y luego en el Coro Polifónico a cargo del profesor Lavalle. Impulsada por su sentido de la solidaridad y la caridad cristiana colaboró con las actividades benéficas del Hogar de Ancianos y de la Obra San José con motivo de los recordados bailes de presentación de sociedad, y otras instituciones, siempre generosa a la hora de donar una alhaja de su joyería y de dar su tiempo .

Pero el ámbito donde Yori brilló con luz propia fue en la magnífica gestión que realizó junto al Dr Felipe Martínez Pérez en la creación de la filial Bolívar del Mozarteum a fines de la década del 70 y primeros años 80. Allí puso su gran conocimiento musical, su buen gusto y su exquisito don de gentes al servicio de la cultura bolivarense, cuando secundada por Isabel Busquet de Busquet Serra, Ana Inés de la Hera, y Walter D’Aloia Criado, entre otros, hizo que el teatro Coliseo Español fuera escenario de memorables conciertos a cargo de intérpretes de primer nivel en el orden mundial, tales como el Trío de Trieste o la Orquesta de Cámara de Viena, por citar algunos. 

En aquella función inaugural del Mozarteum en Bolívar, primera filial en el interior del país, Yori, de salmón y perlas, junto a Jeanette Arata de Erize, fundadora del Mozarteum, puso de relieve una belleza y un glamour difícilmente igualable en la historia social de Bolívar. Años más tarde, después de una larga ausencia, volvió a Bolívar a refugiarse en su quinta, en sus afectos y en su religiosidad. La vida le fue quitando casi todo de lo mucho que le había dado. Menos la elegancia y la fe, que la acompañaron hasta el fin. 

Sus restos descansan ya en el cementerio de nuestra ciudad y su recuerdo será imborrable para varias generaciones de bolivarenses que la recordarán exultante en el cenit de su belleza.

Yori, descansa en Paz.

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