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martes, 24 de mayo de 2022
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Yamile Burich y su saxo de fuego para una noche con sabor a inolvidable

Su cuarteto deslumbró, en el primer concierto del año de la asociación musical.

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Fue una noche cualquiera, pero no, porque tuvo lugar el primer concierto de este año propuesto por la Asociación Musical, que durante 2022 celebrará seis décadas difundiendo, fomentando y alimentando música de la mejor, rubro por rubro y época por época.

Yamile Burich Cuarteto se presentó el sábado en el auditorio Barnetche de la biblioteca Rivadavia, la ‘casa’ de la asociación hoy presidida por María Marta Molfese, ante un excelente marco de público que disfrutó de principio a fin de la calidad artística general pero también del histrionismo, la calidez y el desparpajo de la líder, una instrumentista notable que además compone piezas pegadizas pero no ‘masticables’ (Rodrigo Fresán dixit), en la línea del jazz y el latin jazz pero inficionadas de folclore y alguna gota de tango.

El recital abrevó en una mayoría de obras propias de Buritch incluidas en sus discos, pero también en un puñado de estrenos, como Para Bauti (uno de los bises), Intento de succión y Raíces, un tema impregnado de folclore de reciente cosecha. Coco Blues (para su sobrinito), Plaza, Amanece, pensado para el despertar tras la noche pandémica, Sonny, para Sonny Rollins, y Siria, una balada dedicada a su mamá, fueron las canciones que el combo hilvanó desde el comienzo del recital.

Entre ellas hizo nido Oblivion, de Piazzolla, a propósito de los cien años del nacimiento de Astor, que se cumplieron el 11 de marzo, una efeméride cara al sentir de cualquier músico que se precie de tal, más aún, de cualquier artista, sin importar el género, la edad ni la nacionalidad. El cuarteto se completa con Gustavo Silva, en piano; Maia Korosec, en contrabajo, y Hernán Rodríguez, en batería, todes eximios instrumentistas con espacio para los consabidos solos del jazz y especialmente para la improvisación, una de la razones de ser y de volar de Yamile Buritch.

Nervio, precisión, potencia y sutileza para un encare si se quiere rockero que puso al público con los pelos de punta, en el buen sentido. Toda una energía que Yamile administró con maestría montada a su saxo de fuego (a veces fue clarinete), llevándonos a volar a toda velocidad por cielos nuevos pero regalándonos planicies de descanso y serenidad, antes de volver a trepidar.

En algunos pasajes, condimentó las canciones con segmentitos de obras de su admirada María Elena Walsh, que oficiaron de guiños emotivos para corazones que irradiaban felicidad. Si en la presentación María Marta Molfese propuso que durante una hora y un ratito nos olvidáramos de todo lo que nos pasa, Burich Cuarteto lo hizo posible.

Fue una noche más, pero no, porque además era 2 de abril (Malvinas estaba tan presente que nadie necesitó mencionarla), un día en el que la dolorosa música de la guerra nuestra vuelve a resonar con fuerza en las calles del país y los hogares argentinos, pero qué mejor que un buen concierto de jazz para mitigar la pena, renovar el homenaje a nuestros Caídos y Veteranos y volver a sentir, en todo el cuerpo, como sólo la música puede inducir, que siempre habrá un mañana.

Chino Castro

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