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miércoles, 03 de agosto de 2022
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Vamos de Nuevo, una catarata que no fue caída sino crecimiento

Entrevista con el director del grupo, Carlos Teijón.

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Vamos de Nuevo surgió formalmente el 1 de marzo de 2019, cuando paralelamente  Carlos Alberto Teijón y su gente iniciaban, tras emigrar de El Mangrullo, las tratativas con la comisión de la Biblioteca Cabrera en busca de un espacio donde trabajar. “Barajamos otras posibilidades, incluso el Coliseo, pero nos dijeron que no”, recordó el director entrevistado por este diario. Así cobró fuerza la opción de la Cabrera, a raíz de que Florencia Danessa, miembro del entonces naciente Vamos de Nuevo e hija del cantinero del club La Rural, que está al lado de la biblio, comentó que la sala poseía un escenario. También se habló en la ocasión de la aguda crisis que atravesaba la institución fundada hace cincuenta años por Pablo Víctor ‘Paulino’ Volpe, por lo que la mancomunión fue rápidamente vista como una alternativa con rédito para ambos emprendimientos culturales.

El arribo de Vamos de Nuevo a la sala de Falucho 780 se produjo durante ese mismo marzo, cuando la pandemia que asolaría al mundo un año después no estaba en los planes ni del más avezado conspirador.

Rescataron el escenario, que estaba cerrado hasta la mitad (en gran parte del perímetro operaba una sala de lectura, con un piano), desmontaron la estructura del salón para refuncionalizarlo sin que dejara de ser una biblioteca, haciéndole lugar a la nueva platea, y se lanzaron a la aventura en la que persisten, ahora con otra espalda e instalados como una opción más del hoy nutrido mosaico de realizadores y de reductos culturales/artísticos locales. “Fue una movida grande”, afirmó Teijón, que desde hace unas semanas y por un año también es presidente de la Biblioteca María Alcira Cabrera.

Ahora la sala ya cuenta con los elementos básicos que garantizan su funcionamiento en condiciones correctas, pero el grupo que la regentea va por más, cuales son la ampliación de los canales de luces, que invitará a puestas más ambiciosas en lo relativo a la iluminación, y reciclar como camarín una sala que hoy hace las veces de depósito, y que incluye un baño actualmente fuera de servicio. La otra necesidad es construir un baño para el público. Para eso negocian con el club La Rural la cesión de una porción de su patio (el sanitario quedaría montado en el sector de ingreso a la biblioteca), en la que también se haría lugar a un sitio para guardar elementos, habida cuenta que hoy la Cabrera no dispone de un cuarto para archivo.        

Además de las realizaciones propias que han ofrecido en la sala, en estos casi tres años y medio el grupo se ha mostrado muy activo como productor de espectáculos de músicos y grupos teatrales de Bolívar y la zona. ¿Lo pensaron de tal modo, ese era el propósito, o se fue dando?

-A varios artistas locales, sobre todo a músicos, en conversaciones informales y en intercambios por redes sociales les decía que el espacio era para ellos, los invitaba a que lo hicieran propio. Esas invitaciones quedaron, y una vez que se dio a conocer Vamos de Nuevo empezaron a fructificar. No es que yo gestiono puntualmente la llegada de tal obra o de tal propuesta musical, sino que los propios hacedores se contactan para venir aquí. No sé si gustó el espacio, si no hay otros disponibles, sí, por ser nuestra sala más chica, la ven con condiciones de factibilidad para hacer lo suyo, pero se comenzó a gestar una movida muy linda. El lugar fue conociéndose, no sólo la sala sino la biblioteca, que creció en cantidad de socios y de actividad. 

Sembrar y multiplicar

Era un lugar frío, desde la perspectiva de la realización de espectáculos, un sitio no explotado para eso. Lo que encaraban ha salido bien pero tranquilamente podría no haber sido así.

-Sí, más que la actividad de la biblioteca no había en ese momento ninguna otra cosa. Creo que funcionó el boca a boca. Desde que llegó el primer grupo de la región tratamos de ser buenos anfitriones, de estar a disposición, no es que les dejamos la llave y volvemos después sino que acompañamos, les ofrecemos una cena tras la función. Eso ha provocado que los grupos visitantes se hayan ido muy conformes y contentos, y lo agradecen, personalmente pero también por las redes sociales. Y se va multiplicando. Además, eso propicia intercambios, nos brinda como grupo la posibilidad de viajar con nuestros espectáculos y conocer otras salas y lugares.

En el medio hubo una pandemia, que correspondería no olvidar: a un año del surgimiento del grupo, fue interrumpida por tiempo indeterminado la labor de los trabajadores del arte, y el regreso ha resultado arduo para todos pero supongo que especialmente para emprendimientos como el de ustedes, que no tenían casi ‘espalda’ y podrían haber quedado fuera de juego.

-En ese tiempo no nos quedamos quietos, de hecho el espacio creció un montón, con el dinero obtenido con las dos funciones que habíamos podido hacer de Esperando la carroza (en el Coliseo) y un subsidio del CPTI, Consejo Provincial de Teatro Independiente. Y con mucha gestión: buscando quién puede hacer esto, quién podría aportarnos esto otro. Un día surgió la posibilidad de instalar butacas, y así continuamos (fueron donadas por el Círculo Médico, y Teijón evalúa que ese aporte también es hijo del boca a boca alrededor del grupo, que irrumpió en la escena cultural local con muy buen volumen de actividad: “Nos eligieron a nosotros, pero podrían haber donado esas butacas a otra institución”, reconoció el director teatral). Se fue dando una seguidilla de cosas que aún nos sorprende; más, cuando en el medio hubo una pandemia de dos años, período en el que deberíamos haber estado quietos.

A propósito de esta etapa de salida de la megacrisis sanitaria global, el líder del grupo admite que, tras el regreso a la actividad artística con presencialidad plena, VdN “dejó de funcionar como funcionaba”, y que esto es algo que advierte en emprendimientos colegas, por caso Artecon. “Cuesta volver a juntarse, que el compañero esté en el ensayo del otro, esas cosas. Creo que van a pasar unos dos años más hasta que las cabezas vuelvan a alinearse y recuperemos la libertad que había, en función de lo grupal”.

Planes son combustible, pero sin enloquecer (ni enloquecerse)

¿Qué proyectan?

-La sala va a seguir en actividad, tenemos muchos pedidos y si quisiéramos programaríamos una función  por fin de semana y a veces más. Pero como programador he resuelto poner un tope a todo ese flujo, para no abrumar al público ni cansarnos nosotros también. Por eso la idea es montar dos o tres actividades por mes. Y desde lo grupal, también me he propuesto levantar el pie del acelerador y pensar más los proyectos, decidir con más tiempo. Ya no tengo esa necesidad tan característica en mí, de estar pensando en el proyecto que viene mientras termina algo. Estoy tratando, porque mi cabeza siempre ha funcionado así… pero intento relajar.

La proyección anual indica un regreso a escena con La empresa perdona un momento de locura, dirigida por Teijón y con protagónicos suyo y de Verónica Badoza. Además, a partir de septiembre la obra saldría a girar por la región, en base a las invitaciones recibidas de elencos colegas.

La otra propuesta que VdN pondría en vigor antes de fin de año es una nueva edición de Poesías y canciones, con un repertorio renovado pero con las mismas intérpretes que en su anterior representación, es decir Camila Teijón, Lorena Palacio, Verónica Badoza y Julieta Martínez.

Por otra parte, en estos días Carlos Teijón recibió el okey de Claudio Tolcachir para comenzar a ensayar con VdN una pieza suya. “En eso estoy, armando el elenco, que es posible que incluya a algún actor invitado”, adelantó, que cabría inferir que sería de Artecon, dado que ambos grupos están llevando adelante una política de intercambio cultural (en ese marco, el propio Teijón actuó como actor invitado en El fusil de madera, la obra de Duilio Lanzoni que también realizó una función en la sala de VdN).

En relación a alternativas no propias, el 6 de agosto se presentarán en Falucho 780 José María Alabart, Raúl Chillón y Diego Abel Peris, con un espectáculo a total beneficio de la actriz Ana Laura Maringer, que debe afrontar a fin de agosto una intervención quirúrgica ocular en una clínica porteña, sobre lo que se hablará en estas páginas próximamente

Chino Castro

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