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miércoles, 01 de diciembre de 2021
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Una voz criteriosa pide educación en el tránsito urbano

Sobrino de Jorgito y nieto de “El Gaucho”, se sorprende por la cantidad de accidentes viales que suceden a diario en la planta urbana y reclama que el tema se aborde con toda seriedad y urgencia.

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Francisco Martínez Boero es hijo de Silvina, una de las hijas del “Gaucho de Bolívar” y por lo tanto sobrino de Jorgito, quien encontró la muerte a bordo de una moto de competición, precisamente en un Dakar. Quizás esa ingrata circunstancia empujó algunas determinaciones y su nombre, hoy, es el de la Agencia de Seguridad Vial de este distrito.

Francisco, quien ya hace mucho tiempo no vive en esta ciudad, sino que lo hace en Buenos Aires donde desarrolla su actividad profesional, llegó a este diario con una marcada preocupación que tiene que ver, puntualmente, con el tránsito en Bolívar y la multiplicidad de accidentes que se registran especialmente en la planta urbana y que los medios periodísticos locales registran permanentemente.

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“Me da mucho dolor que haya tantos accidentes en esta ciudad y me sorprende que casi nadie diga nada al respecto”, marca Francisco, quien también se siente angustiado “porque el nombre de mi tío esté en el propio de la Agencia de Seguridad Vial y que hoy el tránsito deba asociarse con un verdadero caos.

En el diálogo periodístico mantenido, Martínez Boero dijo que él cree “que todo pasa por una cuestión de educación. Entiendo que hay que diseñar un programa muy completo, que incluya al Ministerio de Educación, para que se enseñen contenidos relacionados al tránsito en las escuelas. Los niños son los principales educadores de los mayores”, advirtió, al tiempo que aceptó que es un tema de alta complejidad al que, “sin embargo, hay que abordar con carácter de urgente”.

“Estoy convencido que la educación es la parte principal del fenómeno, que por supuesto es más amplio. Los controles a veces ayudan y otras veces no. Depende de cómo se hagan, porque sino por momentos sólo tienen valor recaudatorio. Los lomos de burro tampoco ayudan. Pero es imposible aceptar la cantidad de accidentes que hay; es imperioso bajar esos porcentajes”.

Francisco quiso ser una voz, quizás la primera, en poner en evidencia pública esta temática, quizás acallada cuando la pandemia redujo dramáticamente la circulación y por lo tanto los accidentes, pero revitalizada ahora, cuando la normalidad retomó su curso y también volvieron a multiplicarse los siniestros viales.

Para no ser nada más que una palabra discordante y de reclamo, Francisco Martínez Boero se ofrece a colaborar en el tema desde el lugar que le toque, con espíritu solidario y para que su apellido se asocie alguna vez a la seguridad en el tránsito y no al caos ni al accidente

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