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sábado, 25 de septiembre de 2021
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Un sol originario que se levanta sobre el polvo de una Roca

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Desde el viernes, la plaza ubicada frente a la terminal de micros se llama Pueblos Originarios, en lugar de Julio Argentino Roca, y la vecina bolivarense descendiente de mapuches, Olga Garay, es su protectora espiritual. El nombre de genocida fue removido en virtud de un proyecto del periodista y militante Marcos Lede Mendoza junto al colectivo Mujer Originaria, aprobado por unanimidad por el Concejo Deliberante y fuertemente respaldado por la Dirección municipal de Derechos Humanos.

El acto de imposición del nuevo nombre se llevó a cabo el viernes por la tarde en el lugar, al que concurrió muy buena cantidad de gente: entre otros, representantes del gobierno municipal encabezados por el intendente Marcos Pisano y la directora de DD-HH., Marianela Zanassi; referentes del colectivo Mujer Originaria, que bregó siete años por esta iniciativa, entre ellos el propio Lede Mendoza; miembros del colectivo Tierra Viva; la hija y los hijos de Olga Garay; integrantes de la comisión de Asociados del Banco Credicoop, que acompañó una obra alusiva realizada en la terminal por el artista Pablo Horcajo, inaugurada tras el acto en la plaza; el historiador Marcelo Valko, palabra reconocida en materia de reivindicación de los pueblos originarios y socio de Osvaldo Bayer en diversas investigaciones y cruzadas en favor de las víctimas del primer genocidio argentino; el artista plástico Andrés Zerneri, que iba a realizar el monumento a la Mujer Originaria con llaves de bronce recolectadas por el país; Santos Vega padre, descendiente de mapuches, junto a su familia; docentes del SUTEBA; artistas; militantes sociales y público en general.
Los concurrentes se ubicaron en un círculo, para producir una hermandad (“conectar desde la mirada”, propusieron Mónica González, Ana Karina Martínez y Candela Castillo, del colectivo Mujer Originaria y conductoras del acto organizado por esa organización y la municipalidad a través de diversas áreas, en especial DD.HH.) e imprimirle calidez a un encuentro que resultó, como se esperaba, altamente emotivo (y reconfortante, tal el adjetivo de Jorge Ravassi en su Facebook).
Tras las palabras de Zanassi, quien afirmó que desde el gobierno comunal estaban “orgullosos” por “poder acompañar esta reivindicación y esta lucha histórica”, fue el turno de uno de los momentos más emotivos de lo programado, con la ceremonia ancestral para resignificar espiritualmente la plaza, conducida por Mirta Millán, referente de la comunidad mapuche urbana Pillán Manque, de Olavarría, y Nilo Cayuqueo, de su par La Azotea, de Los Toldos.
El monumento al genocida quedó dándole la espalda al acto, todo un símbolo, como destacaría en su intervención el historiador Marcelo Valko.

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“ESTO ES OBRA DE LA DEMOCRACIA”
Con sólidos discursos, usaron la palabra más tarde Marcos Lede Mendoza y el mencionado Marcelo Valko. Este último tuvo cálidas y contundentes expresiones para con Osvaldo Bayer, y dijo que lo que importa es “lo que cambiará con este cambio; no podemos sacar un billete con la cara de un genocida, porque eso es naturalizar. (…) Nada es más peligroso que una estatua en su aparente inmovilidad, porque está inmóvil pero no cesa de decir, derrocha significación, naturaliza un estado de cosas”. También aseveró que los próceres de nuestra Patria Grande -mencionó a San Martín, Belgrano, Monteagudo, Castelli, Güemes, Artigas, Dorrego y Bolívar- “merecen pedestales“, mientras que los genocidas -Roca- “merecen prontuario”. Los buenos fueron asesinados por los malos, que vinieron a “hacer este país, esta porquería; un país chiquito, miserable, injusto, enquistado en el puerto de Buenos Aires, que les dio la espalda al interior y al resto de Latinoamérica, y así nos va. No era gente de ‘patria grande’, y hoy tenemos que recuperar ese espíritu de gente bien nacida”, cargó a fondo el investigador.
“Esto es obra de la democracia”, definió con énfasis, en lo que sería una síntesis de la idea-fuerza de su alocución
En un pasaje de lo preparado, el grupo ADN interpretó una canción sagrada en homenaje a Garay, creada por Franco Campo, líder del ahora cuarteto con la incorporación en guitarra de Mario González.
Luis, Jorge y Mónica, hijos de Olga Garay, descubrieron el nuevo nombre de la plaza, en lo que constituyó uno de los momentos más intensos del encuentro, sobre todo porque la inscripción contiene una foto de Olga, descendiente de mapuches y que falleciera hace unos pocos años en esta ciudad, y sus hijos se quedaron un instante abrazando la imagen de su madre y besándola, conmovidos.
Los mencionados más Marianela Zanassi, a continuación izaron la wiphala de los pueblos originarios en el mástil central.
Para cerrar, ADN interpretó dos canciones.
Entre las adhesiones, se cuenta la de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, que lleva la firma de la mismísima Nora Cortiñas.
Julio A. Roca (1843-1914). Militar y político argentino responsable del exterminio de los habitantes originarios de nuestras pampas para quedarse con sus tierras, pone blanco sobre negro (o sobre rojo sangre, dada la ‘obra’ del mentado) la placa ubicada al pie del monumento al asesino.
Durante añares, la plaza de la terminal llevó el nombre del victimario, del exterminador, pero desde el viernes, merced a un acto de justicia que enarbolaron el colectivo Mujer Originaria y el estado municipal, Concejo Deliberante en su conjunto incluido, llevará el de las víctimas de aquel exterminio, el primer genocidio de nuestra historia nacional.

Chino Castro

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