Diario La Mañana. San Carlos de Bolívar +54 9 2314 53 5776

miércoles, 02 de junio de 2021
9 C
San Carlos de Bolívar
- Publicidad -

Un desaparecido que no para de aparecer

- Publicidad -
- Publicidad -

Cómo fue el proceso que los llevó “del silencio a la palabra, y de casa a la calle”. La interesada incompetencia de la justicia. La diferencia entre el macrismo y el kirchnerismo. Por qué el caso del “último desaparecido de la dictadura en democracia” se volvió insignia. El sagrado cariño del pueblo. La paz de haberlo entendido. El “orgullo” de ser hijo de Jorge Julio López, el desaparecido que no para de aparecer. Y la esperanza. Todo, en esta entrevista exclusiva con Ruben (así, sin acento) Eduardo López realizada tras la proyección, en el reciente festival de cine “Leonardo Favio”, de Todxs somos López, el documental sobre su padre.   

 

- Publicidad -

En la película decís que la investigación de la desaparición de tu papá no ha estado a la altura de las circunstancias, mientras que Jorge Julio López sí lo ha estado. Toda una definición.

-Lo resumís bien, no tendría que agregarle nada. Lamentablemente es así. Fijate qué triste que a lo que decís no tenga nada que agregarle.

 

¿Y quién es responsable de que eso sea así?

-Siempre es el estado, por acción o por omisión. Siempre. Si bien el estado somos todos. Hay un gobierno que administra el estado, hay una justicia que tiene que investigar, está la policía, que debe ser auxiliar, no investigar. Y lamentablemente nadie estuvo a la altura.

 

Desde septiembre de 2006, cuando Julio desparece, ha habido dos gobiernos nacionales de signo muy diferente. ¿Ninguno hizo las cosas como debía?

-Hay diferencias. El gobierno anterior se puso a disposición de la familia. El gobierno de Néstor Kirchner fue responsable en no haberlo cuidado y protegido, o tal vez en no haber previsto que eso ocurriría. En mi entender, no son responsables de la desaparición. Ahora, si una fuerza policial desaparece a una persona, como hemos visto en el último tiempo, es otra cosa. Me refiero al caso Santiago Maldonado, que sabemos que Gendarmería fue responsable de su desaparición forzada seguida de muerte, y está probado que el gobierno amparó que eso sucediera. En el caso de mi viejo, no tengo esa prueba. No significa que no pudo haber pasado. Pero no hay una persona que conecte a la investigación con un policía, ex policía o inclusive los genocidas. Tenemos sólo sospechas. Podría haber sido Etchecolatz el instigador del hecho, pero nada más que eso. Y ahí tenés la diferencia: el gobierno anterior se acercó a la familia a los tres días y estuvo a disposición hasta el 10 de diciembre de 2015, pero el gobierno actual no ha estado a disposición.

 

Al desaparecer a López, los asesinos quizá pensaron que quienes tenían que declarar iban a asustarse. De ese modo hubiesen conseguido parar los juicios. Sin embargo, un compañero de militancia de tu padre dice en la película que no se dan cuenta de que los militantes siempre han tenido miedo, pero han sabido dominarlo para continuar la lucha.

-El que habla es Walter Docters, junto con mi viejo pasaron por el centro clandestino de detención y exterminio Arana, donde se fusilaba y se hacían entierros clandestinos. Todos los testigos tuvieron miedo, pero no se detuvieron. Ese juicio fue el primero por lesa humanidad en La Plata, por eso era tan importante, ya que fue la base de los demás al ser declarado genocidio. Por eso era tan importante el testimonio de mi viejo. Si el primer juicio era nulo, porque algún testigo, mi viejo u otro, se desdecía, se hubiera caído la base fundamental de todos los juicios. Entendemos que es eso lo que se buscó. Lamentablemente, eligieron a alguien, al viejito que les parecía más “débil”, pero lo transformaron en símbolo de lucha. Por suerte les salió el tiro por la culata.

 

Y por desgracia para ustedes…

-Pero empezaron a proteger a los demás testigos. Por eso digo, fue una desgracia con suerte. Lamentablemente nos tocó a nosotros, pero por suerte no le tocó a otra familia.

 

“ME PUSE LA CAMISETA DE MI VIEJO Y ARRANQUÉ”

En el documental decís que pasaron del silencio a la palabra, y de casa a la calle. ¿Qué les provocó el clic?

-Los primeros días, alguien tenía que hablar con los medios. Salió mi hermano. Es contador, pasó por la universidad, está más preparado. (Ruben es carpintero). El tercer día nos llaman de Mañanas informales, el programa de Jorge Guinzburg, a quien siempre la agradecí porque nos trataron, él y su producción, de una manera excelente. Fuimos tres o cuatro veces, ya la última Jorge no estaba, había fallecido, nos recibieron Ernestina (Pais) y los demás. Ese día, mi hermano hizo un clic: se puso muy mal y dijo que no iba a hablar. Ya se había acercado un amigo periodista a asesorarnos sobre cómo desenvolvernos, porque no teníamos idea. Nos dijo que alguien tenía que hablar en nombre de la familia. Entonces me hice cargo yo. Ese día hablé con periodistas desde las 9 de la mañana hasta las 11 de la noche. Fue mi debut, un día terrible de septiembre de 2006. Tiempo después salimos a la calle. Estuve casi diez años hablando mes a mes con los periodistas, pero a partir de los primeros meses de 2016, ante las versiones de que le estaban dando la prisión domiciliaria a Etchecolatz, salí a la calle. Me puse la camiseta de mi viejo y arranqué.

 

Señalaste luego de la proyección, que un día van a tropezar con tu viejo y así lo encontrarán. Pero que mientras tanto, ya hace años que no hablás con el fiscal, que no tiene sentido a ir a ver qué está haciendo la justicia.

-Es así, lamentablemente. Ya me olvidé cuánto hace que digo que hace cinco años que no hablo con el fiscal. Deben haber pasado siete. Hay un abogado que nos representa, pero vas y preguntás, presentás un escrito, hacés algo y no tenés respuesta. En un juicio Etchecolatz aparece con un papelito donde se alcanza a leer ‘Julio López desaparece’, entonces pedimos que lo trajeran al Juzgado a declarar. Todavía estoy esperando que lo citen. Para qué voy a ir a exponerme si nadie hace nada. Esa es mi bronca con el fiscal. Y ese es sólo un ejemplo, hay un montón. El día que tenga que informarme algo, que lo haga. Por ahí parece que uno no quiere hacer las cosas, pero no es así.

 

“NO DIMENSIONÉ LO QUE CONTÓ; NO PENSABA QUE IBA A PASAR LO QUE PASÓ”

Se cuenta en Todxs somos López que Irene, tu mamá (falleció hace unos años), estaba enojada con tu viejo porque fue a declarar…

-Es cierto, fue así. Y la entiendo a mi vieja, porque lo estaba cuidando. Yo no entendí la necesidad que tenía él de contar lo que había pasado hasta que lo escuché en el juicio, el 28 de junio de 2006. Nunca había escuchado todo su testimonio. Ahí entendí por qué quería ir a declarar, y por qué tenía que hacerlo. Ese día le di la razón. Como también le doy la razón a mi vieja… Ella estaba enojada porque no le hizo caso.

 

¿Le pudiste decir a él que lo entendiste, que le dabas la razón?

-Pasaron unos pocos meses después de junio, no hablamos de eso, no nos dimos la oportunidad. Yo no pensaba que iba a pasar lo que pasó… Recién ahí lo valoré, yo en junio y los meses siguientes pensaba que había sido un trámite, ‘ya está, ya fue, ya declaró y listo, chau’. Uno no dimensiona todo lo que contó. Siempre creí que tenía más necesidad de contar lo que vio que lo que sufrió. Vio cómo matan a una militante, a eso no se lo pudo sacar más de la cabeza.

 

TODXS VAN A ESCUCHAR TU REMERA

Supongo que el sentimiento que predomina en vos es el orgullo. Y que el dolor de su ausencia se alivia al verlo en las remeras y las banderas de la lucha.

-Sí, sí. Sí, y en las paredes, en que donde vas, la gente te reconoce por ser el hijo de Julio López. Eso me abre puertas, y no se paga con nada. Que venga gente a abrazarte por la calle, que te dé palabras de aliento. Eso me conmueve. La gente misma que vino aquí a ver el documental, los que van a verlo donde lo pasamos…

 

¿Es tu padre un desaparecido que no para de aparecer, parafraseando una canción que habla del Che, o se lo olvida?

-En algunos lugares lo olvidan. La justicia lo olvida. Pero el militante no. Ese te reconoce en la calle, te da un abrazo. Ahí aparece cada vez. Lamentablemente, para los jueces, que son los que administran justicia y nos deben una explicación, cuanto más desaparecido esté será mejor.

 

Sin embargo para el pueblo, que quizá sea lo que más les interesa a vos y a la familia, y lo que le interesaría al propio Julio, que por algo fue un militante social, está siempre presente. Para el pueblo y en el pueblo.

-Sí, sí. Está buena esa frase de que es un desaparecido que no para de aparecer… Durante mucho tiempo se calificó a mi viejo como un desparecido en democracia, yo también lo dije y lo pensé. En la democracia moderna podríamos decir mi viejo pero no, en La Plata está Miguel Bru, desaparecido por la policía de la provincia, torturado, asesinado, su cuerpo aún no aparece.

 

El de tu viejo se volvió un caso aún más emblemático.

-Claro. Pero hace poco un amigo me decía que él lo califica de otra manera. Me gustó cómo lo dijo, yo nunca lo había pensado así. Dice que es el último desaparecido de la dictadura en democracia. Creo que esa es la mejor definición, la más precisa.

 

“EN ALGÚN MOMENTO NOS VAMOS A ENCONTRAR”

¿Aún tenés esperanzas de que aparezca, de reunirte con él? Julio tiene hoy, y vamos a ponerlo en presente, 90 años.

-Sí. Sí. En algún momento nos vamos a encontrar. Si no somos nosotros, serán mis sobrinos. O mi nieto postizo. El tiempo nos dará una respuesta. Lamentablemente, en el transcurso la familia se va muriendo. Este 25 de noviembre cumpliría 90 años. Yo a esta altura no creo que lo vaya a encontrar vivo, lo tendrían que haber cuidado mucho. No tenía muchos problemas pero no podía comer con sal ni carnes rojas… A esta altura ya es muy difícil.

 

Se va Ruben; la entrevista fue el último ítem de una tarde intensa, una más. Su mujer, su compañera de lucha desde lo profundo del corazón, lo espera. Parte emocionado como suelen emocionarse los laburantes de oficios rudos, más acostumbrados a hacer con las manos que a hablar: sin que se le note demasiado. Su cuerpo chiquito, con un hueco grande; sus manos de carpintero que no renuncian a tallar un cielo -pero en la tierra- de justicia que, casi trece años después, sigue pareciendo una quimera, o, mejor, una patriada -unida y organizada- que nuestro pueblo aún les debe al viejo López y a tantos luchadores sociales que querían algo mejor.

Chino Castro

spot_img
spot_img
- Publicidad -
- Publicidad -
- Publicidad -

Más Leídas

- Publicidad -

Edición Impresa

spot_img
spot_img