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miércoles, 02 de junio de 2021
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Todos los Diegos el Diego, todos los Diegos Nosotrxs

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Lxs que dicen “Maradona futbolista sí, persona no”, futbolistas no, personas tampoco.

Juguemos pa no llorar ni ponernos como una hornalla frente a tanta pavada con pretensiones, dale, subí que encaramos por ahí:

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Carrió futbolista no, Jesucrista tampoco. Política menos.

Perón ajedrecista sí, peronista siempre, hasta con la Triple A y Méndez enmierdándole las 20 Verdades. ¿Kirchnerista? No sé, según la época. Futbolista no, mejor DT.

Charly futbolista sí, odontólogo también, incluso maratonista de la madrugada, boxeador y tentempié de los novenos pisos mejor si mendocinos.

Este gobierno enfermero sí, y que sea pronto che…Ojalá que también doctor.

Luis D’Elía asador sí, y a las achuras las pone la ‘cana’.

Borges oculista sí, pero mejor vidente y cuchillero en el abismo.

Copani periodista sí, Gieco también. Fernando Iglesias nu, político (ponele) menos.

Leuco leucocito no, majulito tampoco, a Lanata no lo noto. Leuco cosito sí, majulito yes.

No lectores sabios no. Opinólogos cirujanos tampoco. Cuando se es mediocre, pequeño, es más fácil ser coherente. El problema no es ser mediocre, sino mediocre y pretencioso. Los salames con ínfulas de lomito son los peores, y ahora vuelven a aparecer, junto con los mosquitos. Esos que, siendo pueblo, empeñan toda su sangre en dejar de serlo para acercarse a ámbitos en los que sólo serían aceptados como aplaudidores. Pero sigamos, no nos pongamos como hornallas:

Gardel cantor, más vale, si cada día canta mejor, o los otros cantan menos. Carlitos es punk, igual que Goyeneche, y que los Ramones se hagan de abajo.

Indio Solari ladrón de mi cerebro, ¡sí!

Riquelme futbolista sí, persona no me interesa.

Berni futbolista no, de ministro un patadura (o mano dura).

Tu primo futbolista, capaz que en el Nocturno. Como pelotari jamás embocó un sobrepique. Y como persona pinta que bueno: no ha matado a nadie. Ah, asando lo saca a punto.

Tu hermana goleadora, puede ser eh. Como cocinera la rompe toda. Persona, nadie se ha detenido a pensarlo, la miran sin mirar adentro.

La pandemia asesina, siempre (que no haya vacuna).

Podríamos seguir, si querés sumá tus nombres y combinetas. Los míos surgieron al pleno antojo. Intento ponerle humor porque me duele, hacerle alguna cosquilla a la siempre cuadrada, incómoda solemnidad enemiga de los pueblos y los inadaptables como él.

Y sigo:

Maradona como futbolista, un estadista.

Maradona negro sí, zurdo petiso que te frita los ojos con tanto oro, también.

Maradona toro mugriento encarando un tren, con las cejas pesadas del barro de las cienmil villas del mundo y de la historia, sí. Ejemplo no. ¿Vos sí?

Maradona con el corazón ahogado de sur, saliéndosele por los ojos inyectados de revancha, obvio que sí.

Maradona limpio ni hablar, los limpios limpios nunca nunca, porque no existen.

Diego capullo, toda la vida. Cada mañana el Diegote del abrazo desbordado, empezando por sus padres, a los que llevó colgados de los hombros hasta el final, por eso caminaba así.

El Diego que metió las patas en la Fuente y la rebalsó, el que hace florecer negros como mariposas quemadas cada vez que abre la boca y empieza a ajusticiar. Ese, a cada instante.

El que se hace puño y se le clava como una flecha de pan entre las cejas a Dios.

El que fue y seguirá siendo una Ciudad Luz, y con la Torre Eiffel que se haga un asado.

Todos los Diegos el Diego, porque sólo alguien así podía jugar así, y viceversa, acá no hay grieta que valga. Todos los Diegos Nosotrxs.

 

Hoy es el primer día sin Maradona, y del cielo sobre el mundo una lágrima de barro cayó. ¿Amaneció?

La vida va a seguir, pero todos los días serán el primero sin Maradona.

Hoy se hace difícil analizar, no es tiempo de VAR. Para pensar tenemos 364 días más, incluso para intentar ser equilibrados, imperativo que no sirve para nada ya que como sabemos al mundo le faltan tornillos. Son esos días para asociar, ver dónde estamos parados, junto a quiénes, en contra de qué, a favor de qué sueño torcido como la blanca bicicleta del tangazo. Para atorarse de programas que lo celebren, para leer cosas lindas sobre él. Para reconfirmar que a ciertas bajuras jamás descenderemos, ya que seguiremos probándonos el traje de un mundo distinto, cariado, también, de maradonianas pústulas que lo harán más sensible, mejor. Para limpiezas y perfecciones ya existen los engranajes, que suenan demasiado a sistema, a cosa establecida, a dentellada de un animal grande sobre uno chico. Esos relojes que jamás marcan la hora de los pobres. Por eso los detesto, y me conforta que vos.

Hoy, quien no es capaz de escuchar a su corazón, no tiene, no sabe nada, apenas sobrevive aunque atesore veinte Titanics. Ni siquiera es gente que no.

La alegría se agradece, porque es amor. Como la risa. Fito dice que no hay que enojarse con el amor cuando el milagro no se produce, porque no te prometió nada. Entonces cómo no agradecerle a Diego, que tampoco te prometió nada y te sembró las manos de milagros que te ayudarán a andar toda la vida.

Parecía la última frontera, el tipo que aun descuidándose siempre nos cuidaría, lo más cercano a la figura de D10S. Una kermés de realismo mágico ambulante con la puerta siempre abierta. Pasan los gobiernos, las crisis y las guerras, pasarán la pandemia y hasta los artistas, y parecía que él iba a quedar. Pero se fue y acá estamos tiritando, con un barquito de papel huérfano en los ojos, extrañándolo hasta siempre… A [email protected] de mi generación, que transitamos esa edad en la que nos resistimos a hacernos grandes como si madurez fuera una palabra maldita, un estado de momificación en vida, que como un perro acorralado nos aferramos al último hilván de pibez para bancar con alguna gracia el azote de los días, se nos acaba de morir el último cacho de infancia. Tengo 46, pero si tuviera más de 60 me preguntaría por qué yo sigo y él se fue, qué carajo nos pasa que devoramos lo mejor que tenemos, con qué se emborracha Dios, qué pretende enseñarnos con semejante mazazo justo este año que la desgracia nos escupe la cara.

Somos quienes nos rodean, por eso me calma saber que soy más dieguista ahora que antes de esta nota; mi ‘barrio’ volvió a contagiarme como quiero que pase hasta mi último día, me tiñó, me tatúa, y me salva. Vos me salvás, yo te salvo a vos, y el pueblo florecerá en el Diez.

Chino Castro

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