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Toda foto es política

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Es bolivarense pero reside en Buenos Aires, donde colabora con el diario Página/12. Mientras cumple la cuarentena en Bolívar, redescubresu afánde fotografiar acá y se replantea cómo seguir en un mundo que ha perdido claridad. Aquí, Verónica Bellomo nos revela el territorio sensible donde se cuece su vocación por transmitir y entender ideas a través de imágenes.

 

En una entrevista con la publicación TheRebelState de junio del corriente, afirmaste: “Me interesa la imagen como idea”. Ampliame el concepto.

-Me interesan las fotos que transmiten ideas e inquietudes. Creo que toda foto quizá posea una idea atrás. Si partimos de la base de que toda foto tiene un autor o autora, implica que esapersona hizo un clic porque sintió o pensó algo al ver lo que vio. También creo que a veces lo que cuesta es leer esas imágenes.

 

Si toda foto tiene una idea por detrás, no hay fotos inocentes, puramente estéticas o decorativas, y toda foto es política.

-Sí. Toda foto es política, así no trate de política. Toda foto que unx haga, es política en cuanto a qué temas te interesan como fotógrafe para levantar una cámara. Yo subo a mi Instagram una foto del café que me estoy tomando, y contiene un mensaje, si podemos leerlo. ¿Por qué ocupo mi Instagram con los cafés que me tomo, los lugares que visito, la ropa que me compro, el retrato que me hago dentro de casa y los muebles que deseo exhibir?

 

¿Tiene alguna función la fotografía?

-Sí. No sé si la foto en sí, pero por ejemplo el fotoperiodismo tiene la función de mostrar, comunicar a la gente. En medios gráficos tiene una función, en arte tendrá otra y en gastronomía, por ejemplo, una diferente. Pero todas ellas son políticas.

 

Spinetta decía que la música cura, en el sentido de que alivia. ¿Una imagen también?

(Piensa varios segundos; el café se enfría con su proverbial discreción, con esa facilidad que tiene para mimetizarse con el lugar en que está.) -Qué poético, qué lindo. Me encanta la idea. Puede sanar… Uno cuando ve una foto de alguien que no está viaja en el tiempo y se reencuentra con esa persona. Hay una conexión ahí. Una foto puede curar porque siempre es un documento. Yo puedo ir a un archivo y encontrar una prueba de, entonces puedo curar algo. Una foto de la movilización en el puente Avellaneda, la de Maxi y Darío, sanó algo. Hay una foto de Eduardo Longoni que muestra que estaban vivas unas personas en el levantamiento de La Tablada, gente a la que nadie vio más con vida. Y una imagen de un atardecer o de una flor hermosa, con una preciosa luz, también calma el alma, y es lindo ver eso, hace bien.

 

¿Cuándo una foto te conmueve a vos? ¿Hay algún patrón en ese sentido, o es aleatorio?

-Hay muchos tipos de fotos que me conmueven: las del fotoperiodismo, las de denuncia social; de atardeceres de paisajes; retratos… Pero qué tiene esas imágenes, no lo sé. O quizá son fotos en las que yo encuentro un segundo sentido, una idea, lo que no quiere decir que a todas las fotos que nacen de una idea yo pueda leerlas.

 

¿Existe algún límite? ¿Qué no fotografiarías?

-Hay límites éticos. No me aprovecharía de las personas, no vulneraría sus derechos, no les quitaría dignidad. Como fotógrafa, hay cosas que no quiero hacer, y hay también límites éticos. Yo no sacaría fotografías de personas ya muertas, no tomaría una imagen de un cadáver dentro de un auto tras un accidente, me daría cosa que la familia se enterara por esa foto.

 

¿Hay una foto por la que decidiste ser fotógrafa?

-No. Me fui a estudiar Historia a La Plata, di mal un examen, estaba mal y alguien me sugirió que hiciera algo que me gustara. No sabía qué y me anoté en un curso de fotografía. Y me encantó el mundo de las imágenes, fue un viaje de ida. Una imagen bidimensional me permite viajar, me dice cosas. Puedo ver una imagen y decir ‘qué loco esto, nunca lo hubiese pensado’. Como cuando leo un libro y veo una palabra asociada a otra, ambas dentro de un universo de vocablos. Algo dentro de mí me señaló que ese podía ser mi camino, si bien no tuve todo tan claro de entrada.

 

PENSAR DESDE LA FOTOGRAFÍA LAS RELACIONES DE PODER

Un poeta escribe toda su vida sobre tres temas, no más. Incluso hay quien dice que un escritor está siempre escribiendo el mismo libro. ¿Cuáles son los temas de tu fotografía?

(Piensa varios segundos; el café resiste al olvido reducidoa breves vetas marrones atrincheradas al fondo de un pocillo que, vacío de su reciente contenido, pierde todo sentido.) Me gusta mucho fotografiar en Bolívar y en la región, pero no sé cuál es mi tema. He trabajado mucho con animales, el vínculo entre ellos y los seres humanos; he trabajado el poder, y ahora estoy tratando de ver algunas cuestiones con respecto a la mujer, que me parece que ahí también se plantea el rol del poder. Podría decirte que mi tema de trabajo es pensar desde la fotografía las relaciones de poder y los vínculos.

 

“Una fotografía lo que ama y lo que no logra entender”, reflexionaste en la mencionada entrevista.

-Tomar la foto es una manera de repensar algunas cuestiones, de investigarlas. Yo amo Bolívar, y la fotografía me sirve para entender ciertas cosas y mecanismos.

 

Sabemos que se puede entender el mundo a través de las palabras. ¿También a través de las imágenes?

-Sí. Quizá estamos más rodeados de imágenes que de palabras…

 

“ME GUSTA LA IDEA DE LA CONSTRUCCIÓN”

¿Cómo hacer una fotografía original en la ‘era de la imagen’ y el ‘homo videns’? ¿El auge tecnológico favorece a los fotógrafos profesionales, los desafía, o que cualquiera saque fotos conspira contra el desarrollo de la profesión?

-Todas tienen una idea y autor detrás. Uno puede subir decenas de fotografías al Instagram, ¿pero podemos leer las ideas que las motivan, o sólo se trata de algo meramente decorativo o pasatista? Es un desafío ser fotógrafe hoy, todo el mundo tiene celulares con los que hacer buenas imágenes, pero no todos lo logran. Veo que en ocasiones hay personas que ponen a la venta algo, y las fotografías que emplean están movidas, incluso a veces son espantosas. Veo fotos en perfiles que no están buenas; muchos les comentan ‘qué linda, qué linda’, pero son horribles.

 

Respecto de la Fórmula 1 algunos dicen que hoy son más carreras de autos que de pilotos, y que en la época de Fangio el conductor incidía más. ¿Cómo es en la fotografía?

-Los dispositivos de hoy permiten hacer buenas fotos. Pero a mí me gusta la idea de la construcción, de la mano del autor o autora. Para qué son esas fotos en el largo plazo, en una narrativa más extensa, que vaya mucho más allá de la imagen en sí. La cámara no hace a la buena fotografía, es una herramienta. No por enviar mensajes de texto voy a ser escritora. Hay que saber transmitir ideas, realizar una búsqueda personal, no ‘ametrallar’ con fotos porque sea algo lindo.

 

Mencioname una foto que envidies, que te hubiera gustado obtener.

-Capaz que hay muchas. Cuando veía las fotos del 19 y 20 de diciembre de 2001, notaba que me hubiese encantado sacarlas. Pero en 2017, cuando durante el tratamiento de la reforma previsional en el Congreso hubo manifestación y represión, no fui porque tuve miedo. Entonces en 2001, con 18 años, no me hubiera animado tampoco, no estaba empapada de ciertas cuestiones como para saber moverme. Me hubiese gustado, eso lo tengo claro. Por eso le doy tanta importancia al fotoperiodismo, porque los reporteros gráficos ponen ahí el cuerpo, y con sus documentos muestran, desnudan y denuncian.

 

(La foto de Verónica Bellomo que forma parte de esta entrevista es de Adrián Pérez; la otra es suya.)

Chino Castro

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