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Thorsen lo hizo de nuevo, con una deslumbrante segunda vez de Diario de un loco

La obra se despidió el domingo, en El Mangrullo.

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En la que fue la última vez de esta pieza, el domingo en El Mangrullo se presentó Diario de un loco, basada en el cuento homónimo de Nikolai Gogol (según adaptación de Gonzalo Beitía), con protagónico de Christian Thorsen y dirección de Fabián Vena.

Contra lo que advierte el dicho sobre las segundas partes, esta función de la obra, tras su primera vez en abril de ’22 en Artecon, resultó igualmente conmovedora, al punto que gente que ya la había visto se retiró de la sala conmocionada, tratando de asimilar semejante torrente de emociones.

Ese Thorsen quebrado del final es una imagen que se quedará grabada en los corazones sensibles, y ese deseo de ayudar a Aksenti Ivanovich, el atormentado hombre al que da carnadura, será siempre un motor para los que se rebelan contra el estado de cosas. En la Rusia del siglo XIX, Ivanovich es un empleado público, un burócrata menor agobiado por un amor que nunca le corresponderá, y por un sistema que lo oprime y que detesta profundamente, en particular a los que lo ponen a funcionar, casi como autómatas que cumplen órdenes sin jamás preguntarse nada.

Estúpidos, según la exigente escala moral de un hombre profundamente desdichado pero que no sucumbe a la abyección. En su diario personal, Aksenti va escribiendo los cada vez más tristes sucesos de su vida cotidiana, y allí queda plasmado su descenso hacia el infierno de la locura. Hasta llegar a un final estremecedor, en el que todo el dolor se reduce a la necesidad del último gesto, que es siempre el primero.

Este diario ya realizó una crítica de esta puesta en abril del 2022, disponible en nuestro archivo web, por lo que no abundaremos acá. Igualmente, nobleza obliga a volver poner en resaltado la envergadura artística de un Christian Thorsen que parece hecho para los grandes desafíos actorales, en dominio de una paleta de matices, un botín de recursos técnicos y una voracidad por imprimirle humanidad a la maquinaria teatral, que provocan que empatices con su personaje del día casi desde el momento en que sale a escena.

 Cuando eso es así, toda obra es un disfrute, pero puede ir más lejos al tratarse del texto de un ruso, con la capacidad que le conocemos a esa corriente de autores para escarbar en el alma humana y los entresijos del mundo y las sociedades. Concurrió una muy buena cantidad de espectadores, organizó Cable a Tierra Producciones, de Daniela López.

Chino Castro

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