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viernes, 24 de septiembre de 2021
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“Siento que El duelo todavía late, y que aún hay mucho para trabajar”

Lorena Mega, entusiasmada con el arribo de su obra a la Biblioteca Rivadavia.

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Con la novedad de que la directora, Lorena Marisol Mega, se hará cargo de uno de los personajes por la deserción de Valentina Laborde, El duelo volverá a tablas, por primera vez en el auditorio de la Biblioteca Rivadavia. “Siento que la obra late todavía, que hay aún mucho para trabajar”, destacó Mega, también la autora del texto estrenado en noviembre pasado por Souvenir patio teatral. “Nos gusta este ejercicio de movimiento continuo, como si nunca estuviese terminada”. Variantes que “nos modifican”, y “hacen que cada vez sea diferente”.

Vuelve El duelo, con una novedad: serás, además de la directora, una de las protagonistas. Ya habías reemplazado a Valentina Laborde, pero supongo que no es lo mismo relevarla sabiendo que es por unas pocas funciones, que hacerte cargo del personaje.

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– Es totalmente diferente. Le sumás tus recursos, el personaje pasa por vos, no es lo mismo Valentina (Laborde, la protagonista original) que Lorena, somos actrices diferentes. Fue la manera más sencilla de continuar con la obra rápidamente, en lugar de buscar una reemplazante y volver a ensayar.

¿Así van a seguir?

– Sí, al menos durante esta etapa de funciones ya programadas.

¿Y cómo es ponerte en la piel de ese personaje que no escribiste para vos?

– Imaginate que ni siquiera pensaba llevar ese texto a las tablas, lo escribí como parte de un ejercicio. No imaginaba escenas, mucho menos voy a pensar en actrices. Jamás pensé ese papel para mí. Será ponerme en el lugar del personaje tratando de no mirarme como directora. Ser personaje, y buscar ojos que ayuden de afuera, como los de Bettina (Garayalde Marchione) y Clara (Tiani), que nos han ido mirando. Es tratar de mantener las acciones, para no romper la estructura, pero entran en juego otras intenciones, otras respuestas gestuales y físicas en relación a la composición que hacía Valentina, porque somos diferentes.

¿Te gusta este doble rol, o lo ejercerás dadas las circunstancias?

– No sé si lo elijo, no sé si elegiría actuar y dirigir al mismo tiempo, fueron las circunstancias. No quiero acostumbrarme a hacer esas cosas, me parece que es muy difícil ser personaje y director, creo que son dos maneras distintas de ver y transitar la obra.

“Agregamos fragmentos muy poéticos”

¿Mantienen el texto original, o has ido incorporando o quitando elementos?

– Va modificándose permanentemente. La primera función duró veintidós minutos, y ahora su extensión es de unos treinta y cinco. Hemos incorporado bastante texto.

Y seguramente seguirá siendo así.

– Sí, si la obra late va a seguir pasando eso. Agregamos no por capricho, no por estirar, sino que por ahí escribo algo suelto, Nadia lo lee y resolvemos sumarlo a alguna parte de El duelo, y analizamos cómo decirlo y demás. Ahora agregamos fragmentos muy poéticos, plenamente literarios: el relato de algo que sucede en un libro, la lectura de una poesía.

Hacemos como una dramaturgia constante de la obra, y eso está rebueno. Yo siento que late todavía, que hay aún mucho para trabajar. Esas modificaciones nos modifican a nosotras, el espacio, la función, y hacen que cada vez sea diferente. Y para el espectador también. Alguien podría ir a todas las funciones y encontraría algo diferente en cada ocasión. Ahora anexamos unos textos que nunca serán los mismos, porque se abrirán en diferentes lados (al modo de las hojas de un libro), si bien por supuesto están vinculados con la obra. El que toque en esa función, es el que se dirá. Nos gusta esta especie de juego, este ejercicio de movimiento continuo de la obra, como si nunca estuviese terminada.

“Me gusta arreglarme con lo que hay, adaptarme a los recursos del lugar”

Han actuado en varios escenarios y ciudades. ¿Qué implica dentro de ese recorrido desembarcar en la Biblioteca Rivadavia?

– Es un espacio diferente e imponente. Desde la estructura, el ambiente, el hecho de que sea todo blanco. Es también un espacio no convencional para el teatro, con mucha claridad. Vamos a adaptarnos a todo eso, pero a mí me gusta algo que creo que viene de mi tarea docente: cuando das clases de teatro en un aula, te arreglás con lo que tenés. Me recuerdo así en esa labor. A mí me parece interesante y lindo llegar a un lugar y ver con qué recursos cuenta, y arreglarme con lo que hay. Los personajes se adaptan a eso, y la obra también. Nada de estar tirando una luz de acá, otra de allá. No, decime qué tenés, yo quiero adaptarme a tus recursos, no que vos tengas que acomodarte a mi necesidad.

Ojos que miran fuerte

¿Qué representa hacer la obra hoy, aún en pandemia pero ya con un alto porcentaje de la población vacunado? Es similar al escenario de fines del año pasado, cuando la estrenaron, pero a la vez es diferente. No se trata de un regreso a la normalidad de antes de la pandemia, pero se asemeja bastante. ¿Cómo creés que jugará todo esto?

– Y, vamos a seguir viendo a los espectadores con barbijo, con distancia social, en una sala con menos de un cincuenta por ciento de su capacidad (habilitarán cincuenta butacas; en el lugar caben unas ciento veinte). Es parecido y no. Ver a los espectadores con el barbijo es muy fuerte. No ves la expresión de sus rostros, pero sí sus ojos. Ese aplauso con el barbijo es distinto, moviliza algo. En la mirada de cada quien ves si le gustó no, pero el contacto es diferente. El barbijo hace que mires a los ojos, hay un vínculo visual más intenso y eso también está bueno.

Me refería a que el año pasado no había nadie vacunado, y ahora casi todos sí lo estamos. Ahora hay una esperanza, se ve la salida de la pandemia en un plano concreto, a través de la vacunación, y eso producirá que la atmósfera durante las funciones sea otra.

– Sí, supongo que eso provocará que el público se sienta más seguro y confiado, por estar vacunado. Y además saben todos que hay un protocolo para cuidarnos y cuidar. Hay cosas ya sobreentendidas, nadie te pide que te coloques alcohol en gel, a esta altura lo hacés vos por tu cuenta, casi sin registrarlo. Ya hay rutinas, cosas que cada quien hace sin percibirlo. Y me parece que hay muchas ganas de ver actividades artísticas. Quienes vengan lo harán con mucho anhelo de ser parte de ese convivio.

Las funciones en la sala “María Barnetche” de la Biblioteca Rivadavia serán el miércoles y viernes próximos, a las 20.30, con entradas a 300 pesos que deben reservarse con anticipación a través de las redes sociales de Nadia Marchione y Lorena Mega.

El sábado 21, El duelo se presentará en La Criba, Azul, a partir de las 19.30 horas, y también tiene funciones confirmadas en La Plata y la CABA.

Como ya informamos, con dirección de Mega Souvenir patio teatral ensaya otras dos obras de la propia Lorena: Las vecinas, protagonizada por Nadia Marchione y Bettina Garayalde, y A veces un recuerdo, con Clara Tiani, Javier Krigier y Dalmiro Zantleifer Ojeda, dirigides por la dupla Mega-Marchione.

Chino Castro

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