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jueves, 09 de diciembre de 2021
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“Si hay aperturas, podría desencadenarse una nueva reacción en cadena”

Luciano Schneider, médico de sala Covid 3, alerta que "no podemos darle nada de ventaja al virus”

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“Si hay una apertura, se puede desencadenar una nueva reacción en cadena que nos lleve a la situación de un mes atrás”, alerta Luciano Schneider, médico de Sala Covid 3 del hospital, que califica de “muy necesario” sostener las actuales restricciones económicas y sociales “al menos un par de semanas: fueron muy positivas y seguirían siéndolo”. Cómo, y por qué, afronta cada día una batalla que “sabés que vas a perder”. Su optimismo, a pesar de que “a veces te sentís ‘goleado’, cagado a palos”, ya que “los pocos casos que salen (entre los pacientes más graves, de los que se ocupa), son como ganar la Copa del Mundo”. En exclusiva con el diario, el primer bolivarense vacunado confiesa con crudeza que tiene miedo por su familia, que firmar certificados de defunción se había vuelto una rutina y que nadie está preparado para dar “tantas malas noticias juntas”.

¿Cómo estás afrontando este período tan especial, novedoso para las sociedades del mundo y para los médicos en particular?

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– Es una batalla que sabés que vas a perder. Es frustrante, sobre todo, porque la mortalidad es altísima. Sabemos que cuanto más hacemos la frustración al final será peor, porque más del sesenta por ciento de los casos, casi el ochenta, entre los pacientes críticos, va muy mal. Uno no está preparado para dar tantas malas noticias juntas, y a veces se siente ‘goleado’, cagado a palos. Podridos de dar malas noticias, de no poder hacer más. Hacemos todo lo que se puede, pero no depende de nuestra conducta y esfuerzo, sino del paciente, y eso es frustrante.

¿Y cómo hacés para seguir, tan garroteado día tras día, semana tras semana, mes a mes, qué te sostiene?

– Los pocos casos que salen, son como ganar la Copa del Mundo. Sabemos que algunos van a salir adelante y hacemos todo por ellos, y con respecto a los que no tienen buenas perspectivas nunca perdemos las esperanzas y seguimos haciendo todo. Así nos hemos llevado algunas sorpresas. Hay que meterle para adelante, y tratar de que no se haga tan automático todo. Nos pasa a todos, a cualquiera, a mí también: todo se vuelve automático, unos viven, otros mueren. Hace unas semanas, un certificado de defunción era como realizar un pedido de laboratorio. Sin un paréntesis. Era muy habitual, uno no caía en que estaba haciendo un certificado de una persona fallecida. Pero en el último tiempo, cuando pacientes jóvenes comenzar a perder la vida, hubo como un punto de inflexión en mí y en varios más. Nos pegó muy duro, eran jóvenes, sin patologías de riesgo, con todo para salir adelante, con los que hicimos todo, y aún así les fue mal. Eso fue muy frustrante, muy doloroso como médico.

¿Te da también miedo por vos? Por más preparados que estén, los médicos y enfermeros son personas como cualquiera. Y cuando empieza a irse gente joven y sana…

– Totalmente. Totalmente. Incluso lo hablaba con mi familia, yo fui la primera persona que se vacunó acá, me tocó estar de guardia ese día: en caso de no haber estado inoculados, más de uno no hubiésemos podido contarla. El riesgo es altísimo. Yo he tenido la suerte de no haberme contagiado, si bien me he hecho varios hisopados preventivos. Uno es médico y asume un riesgo, pero el miedo es llevar la enfermedad a casa. Yo tengo dos hijos chiquitos, una mujer, y el miedo no es por mí sino por ellos. Trabajar de esto y meterme acá es una decisión mía, no de ellos, por eso el peligro de introducir el virus en casa siempre fue mi mayor angustia, no que me pase algo a mí.

Luciano Schneider nació en Pirovano, localidad bolivarense en la que vivió hasta sus 8 años. Tras un período en Daireaux, emigró a la CABA para formarse como médico. Es especialista en medicina interna.

Al hospital municipal se incorporó a fines de noviembre del año pasado, como médico de guardia. De ese servicio pasó a Clínica Médica, mientras también realizaba guardias en la Unidad de Terapia Intensiva. Pero la virulencia de la ‘segunda ola’ le sumó trabajo y presión, como a casi todes sus colegas, y así es que hoy se desempeña en la sala de Covid 3, nueva área abierta en la emergencia, codo a codo con Marcelo Amaro y Elvio Di Berardino. “Nos ocupamos de los pacientes que están ‘respirados’ en piso, por falta de camas”, indicó.

Ahora que las cifras locales están bajando, ¿podemos confiar en que saldremos de este lío, o se trata de un valle y pronto padeceremos otro pico?

– Yo soy optimista, por eso sigo adelante, como te decía hace un rato. A veces uno peca de ingenuo, porque es optimista ante tanta decepción, porque eso es lo que se siente. Algunos te ven como raro, por seguir siendo optimista. Pero los casos bajaron, la gente tomó más conciencia, las medidas restrictivas que se implementaron fueron muy positivas, más allá de que les hayan convenido o no a alguien. Los números hablan por sí solos. Se puede ser optimista pero no hay que bajar los brazos nunca, no relajarnos, porque sabemos que si le damos un poquito de ventaja a este virus, en una semana se nos viene encima otra vez la ola, porque cuando se activa produce una reacción en cadena muy difícil de controlar.

Seguramente comenzarán las aperturas. ¿Vos mantendrías las actuales restricciones, para consolidar la baja, o considerás que es momento de empezar a abrir actividades económicas y sociales?

– Hay que mantener las restricciones, al menos un par de semanas más, para después sí ir abriendo paulatinamente. Si hay una apertura, se puede desencadenar una nueva reacción en cadena que nos lleve a la situación de un mes atrás. Por eso es muy necesario continuar con las restricciones al menos un par de semanas más, porque fueron muy positivas y seguirían siéndolo.

Chino Castro

“Las vacunas son ultraseguras, la mortalidad ha bajado muchísimo”

Si sos el primer vacunado, estás entre los que de entrada creyeron. Parece algo obvio, más siendo médico, pero no lo es: aún sigue habiendo gente que duda, que no se quiere vacunar y que hasta expresa auténticos dislates sobre las vacunas y la ciencia. ¿Qué les dirías?

– Yo creo en la evidencia médica, no en otra cosa. Si hubiese sabido que la vacuna no servía, no me hubiera vacunado. Pero hay mucha desinformación, mucha suciedad en todo esto, mucha política sucia. Las vacunas son ultraseguras, la mortalidad ha bajado muchísimo, hemos visto pacientes con muchísimas patologías de riesgo que por tener la vacuna cursaron la enfermedad con muy pocos síntomas, como un resfrío. Eso habla del éxito de una campaña increíble, pero eso no vende en los medios: lo que vende es que un tipo se vacuna y hace una trombosis, que no hay vacunas, que se prohíbe en un país por un caso de efecto adverso. Si tenemos una vacuna de un 96 por ciento de efectividad y vamos a mostrar los cuatro casos cada cien a los que les va mal, estamos ‘vendiendo’ muy mal un producto, y a conveniencia de un grupo que no está a favor de los médicos.

Hablando de los medios: el sociólogo ‘Beto’ Quevedo dice que la vacunación masiva viene provocando en mucha gente una alegría que no está siendo transmitida por nadie. De hecho, en los vacunatorios se vive un clima de fiesta, son burbujas en medio de semejante angustia colectiva, y no salen en ninguna parte. ¿Coincidís?

– Sí. La vacuna es como darle la llave de la casa a una persona para que pueda volver a salir, es como regalarle la esperanza de que otra vez sale el sol y puede ir a la calle. No quiero ser literal en esto, no estoy fomentando que salgamos a la calle, se entiende. Por lo que veo, la vacuna le da a la persona la seguridad de que no se va a enfermar gravemente y de que hay esperanza. Como médicos podemos hacer todo lo posible, y no es suficiente nunca, pero con la vacuna disminuimos el riesgo de internación y el de enfermedad severa. Eso es lo único que nos hace sentir seguros, como médicos y como personas. Ya te digo, si yo no estuviese vacunado estaría con una incertidumbre total, porque el riesgo de muerte es altísimo.

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