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jueves, 01 de diciembre de 2022
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Shorthorn se adueñó de Bolívar

La raza lidera en número la exposición ganadera de la Sociedad Rural.

Si alguien nos decía hace unos quince años atrás que la raza predominante al menos en cantidad ejemplares sujetos a jura de clasificación iba a ser alguna vez la Shorthorn en Bolívar, lo hubiésemos tildado de equivocado y, dependiendo del grado de confianza con ese imaginario interlocutor, quizás de extravagante, como mínimo.

Porque por entonces la sangre que fue fundadora de la ganadería nacional, la que deviene del célebre Tarquino, pasaba por un momento de casi ocaso a pesar de todas su bondades, por influencia quizás de la explosión en la elección de los criadores de otras que aseguraban menores engrasamientos en la media res y otros tecnicismos que no vienen al caso mencionar.

Fue por allí cuando el Shorthorn realizó su primera exposición nacional en Bolívar, escenario elegido por las autoridades de la Asociación casi como una prueba aprovechando las ventajas estructurales que ofrece la Sociedad Rural y tal vez mirando atentamente el devenir de la ganadería bolivarense, que jamás perdió vientres contra todo tipo de políticas erráticas y, al contrario, florecieron establecimientos ganaderos que nada tienen que envidar a los de punta de cualquier otro punto del país.

Aquel pronóstico que hubiese sido erróneo hace ese tiempo, hoy sin embargo, es una realidad palpable. El Shorthorn se ha transformado en la 93° expo ganadera en la principal raza, aventajando por lejos al Abeerden Angus que trae muy pocos ejemplares a la jura, muy a pesar de ser esta última la sangre imperante por marcada mayoría en los rodeos locales.

Algunos factores confluyen para que esto suceda. En principio la caída en categoría de la exposición de Angus, que alguna vez mereció que se enmarcara en la mismísima nacional y que ahora, con categoría disminuida, no ofrece igual atractivo para los cabañeros que no reservan sus mejores ejemplares para Bolívar y, al contrario, los derivan a otros escenarios.

A ello se suma, por la positiva, el muy buen trabajo de la Asociación de Shorthorn y de todos los criadores que eligieron Bolívar aquella vez y que insisten con esta plaza donde, a su influjo, han surgido un puñado de cabañeros que sumaron Shorthorn a su planteo genético y numerosos productores que también eligen la raza como factor de cruzamiento para ganar en kilos y vigor genético, entre otras ventajas.

Así las cosas, es el gran momento del Shorthorn en Bolívar, cuya bandera flameará orgullosa en la pista de juras local que se pintará de colorado, rosillo y blanco gracias a unos 80 magníficos ejemplares que la pisarán el sábado. Y la propia exposición local deberá celebrar este “triunfo de Tarquino” porque eso le permite mantener valor e importancia a una muestra ganadera que siempre fue piedra angular de esta instalación anual.

Ojalá no nos afloje el Angus y alguna vez vuelva a ser lo que fue. Que el resto de las razas británicas carniceras recuperen espacio y protagonismo, copiando quizás el ejemplo de Shorthorn, cuyo presente deseamos lo sea por muchos años.

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