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Sergio Croce se sacó la espina, ganó las internas y será presidente de la UCR

Tras haber perdido por poco hace un año y medio a manos de Daniel Salazar.

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El año pasado, hace apenas 18 meses, aquel 21 de marzo de 2021, Sergio Croce se lamentaba porque le habían faltado poco menos de 30 votos para ser presidente del comité de la Unión Cívica Radical. Daniel Salazar en aquella ocasión, apoyado por Juan Carlos Morán, se impuso en la interna que tuvo 3 candidatos, el otro fue Julio César Ruiz, a la postre tercero.

En aquel momento, abatido, dolido, sabiéndose quizás el mejor candidato; pero con falta de nafta desde las 14 a las 18, tiempo en el que Salazar hizo la diferencia, decidió decir “no va más para mí, muy lindo todo pero me voy a mi casa”. Pareció apresurado, y al final lo fue, porque Croce lleva adentro esa llama de militante-dirigente que abrazó desde muy chico y que es difícil de evadir o disimular.

Acompañó a Salazar en la Comisión Directiva, observó cómo se daban los movimientos de algunas piezas internas y quizás esperándolo o no, le llegó una nueva propuesta para ser candidato a presidente del comité. Esta vez los Radicales en Movimiento, grupo conformado por los espacios que lideran Emilia Palomino, Nicolás Morán y César Pacho, entendían que necesitaban un candidato con historia para competir en una nueva interna de comité, y lo tentaron nuevamente.

A pesar de los compromisos laborales que lo convocan a diario, de los compromisos familiares y demás, no lo pensó mucho y aceptó. Esta vez veía que tenía de respaldo a un grupo de jóvenes entusiastas, algunos que habían jugado del lado de Salazar el año pasado, y que se sumaban los que le habían aportado votos a Julio Ruiz en 2021, era una interna de dos, a todo o nada.

Si bien enfrente el contrincante de turno era Guadalupe González, Croce sabía que del otro lado estaba nada más y nada menos que Juan Carlos Morán, el que hizo de artífice del triunfo de Salazar cuando pocos lo creían, y el que tranquilamente podía nivelar una elección con Guadalupe, con muchos menos pergaminos que Croce dentro de la UCR; pero con un equipo de trabajo envidiable, con Morán a la cabeza.

Fue una campaña corta. A diferencia de la de 2021 (se postergó de octubre a marzo y hubo 6 meses para anunciar la contienda), tuvieron menos de un mes para mostrarse, ir a ver afiliados, ir a convencer a aquellos que repiten ante cada visita “nosotros queremos la unidad”. Y Croce salió, entre remate y remate, y lo sumó a José Gabriel Erreca a los recorridos, menos tiempo porque tiene problemas con su padre que le han quitado tiempo; y lo sumó a Alberto Amado, y así fue armando el equipo de campaña.

Ensamblar tres grupos de trabajo no es fácil. Porque a los que ya Croce siente como suyos (Karina y María José Otano, Augusto Dal Seno, Tula Fabris y algunos más), se le sumaban los que vienen con María Emilia Palomino, que comparten mismo espacio; pero que por ahí no son tan cercanos. Y después los que venían de la mano de Nicolás Morán, más los que arrimó César Pacho, del residual que quedó del grupo que acompañó a Julio Ruiz.

Pareció que arrancaron más dormidos. Mientras Morán repartía a poco de conocerse las listas un diario mostrando a Guadalupe González con Alfredo Carretero, la campaña para los Radicales en Movimiento pareció no haber comenzado. Después se pusieron más a tono y se notó en el ambiente una paridad que se iba a definir el día de la elección, ayer.

La Escuela N° 1 se habilitó a las 8 de la mañana. Antes de ello hubo algunas discusiones de esas que no se piensan, porque hay que evitar las rispideces sabiendo que después debieran seguir todos juntos; aunque, seamos sinceros, sabemos que nunca pasa, nunca pasó, y difícilmente pase alguna vez. Hasta las 18 hubo acarreo y fue tan parejo todo que cuando se cerró el escrutinio había dudas de un lado y del otro.

Dos gacebos extratégicamente colocados en la vereda de la Escuela N° 1 hicieron de refugio a quienes se llegaron a votar. Después de las 15 horas, las últimas tres habilitadas para votar fueron de un aguacero poco recordable en elecciones. Alli también se guarecían los fiscales generales, que iban monitoreando con su propio “boca de urna” qué podía llegar a pasar.

Se cerró el escrutinio a las 18 horas y no quedó nadie en la Escuela N° 1. Algunos fueron al comité, otros al bunker de Guadalupe González, la casa de al lado de la casa radical que alquila Juan Carlos Morán, y los Radicales en Movimiento arrancaron hacia el bunker donde hicieron sus números.

Daniel Salazar estaba en el comité, todavía sigue siendo el dueño de casa, el presidente. Juan Carlos Morán apareció al ratito. Estaba el ex concejal Alfredo López (UCR 1995-1999) y otros. El moranismo esperando por un triunfo de Guadalupe González se ubicaba al fondo, en la mesa que está junto a las puertas balcón que comunican con el patio. Los seguidores de Croce se juntaron en la secretaría, había marcación de territorio.

Alguien llegó con la noticia de que la primera mesa que se escrutó en la Escuela N° 1 había arrojado 40 votos a favor de Croce. Pocos creyeron, decidieron esperar. Al ratito, se supo que Manuel Mapios se impuso a Facundo Zácaro en las elecciones de Juventud. Y con esos resultados aparecieron los de las mesas de Pirovano y Urdampilleta, ambas favorables a Guadalupe González.

Poco sabía la prensa presente (muy poca por cierto) de lo que ocurría en la Escuela N° 1 con el recuento de votos. A poco andar, Juan Carlos Morán ingresó nuevamente al comité, y habló de una elección muy pareja, con ventaja para Guadalupe en los pueblos del interior del Partido; pero muy pareja en la ciudad cabecera. Lo comunicó a los que estaban en la mesa del fondo y volvió a salir. El siguiente ingreso del ex diputado nacional fue para reconocer que la cosa venía peliaguda: “Votó hasta el perro de Croce”, fue su expresión, en clara alusión a que se avizoraba una diferencia a favor del candidato opositor; pero también reflejaba la cantidad de votantes, superior aún a la de 2021, que sorprendió a propios y extraños.

Cuando Morán fue a comunicar nuevamente a la mesa del fondo las malas nuevas, el clima cambió. Se escucharon un par de portazos, algunos prefirieron salir a la vereda, mientras que la mayoría seguía sentada, escuchando las explicaciones del líder. En la secretaría, donde estaban los que esperaban buenos resultados de Croce, seguían tranquilos, sin mayores alborotos.

Resulta que aquella mesa que se había dicho en un principio que Croce le sacaba a Guadalupe González 40 votos era cierta; aunque a decir verdad a esa hora había 2 mesas escrutadas de la Escuela N° 1 con ventaja para Croce; pero González emparejaba con la diferencia que traía de Pirovano y Urdampilleta. De todas formas, la tendencia en la ciudad cabecera hacía presagiar que el resultado de las tres urnas que faltaban terminar de escrutar no iba a ser muy distinto al que habían arrojado las dos anteriores, y así fue.

Fue triunfo de Croce, que tardó en llegar al comité. Entró por el pasillo triunfador, transpirado, se abrazó con todos, lagrimeó. Lo esperaba Daniel Salazar, que lo abrazó y tomó el micrófono para felicitarlo. Habló Salazar, luego el triunfador de Juventud, Manuel Mapis, y finalmente Croce, que no quiso olvidarse de los que lo miran desde el cielo y alguna vez lo vieron desde muy chico andar las oficinas del comité de la UCR.

Ganó Croce. Se dio el gusto de llegar al sillón principal de la UCR, ese que le fue esquivo en 2014 cuando su grupo prefirió sentar allí a Elías Chorén sin elección de por medio, y la que se le negó el año pasado, cuando cayó por poco más de 20 votos de diferencia. Ganó Croce por más de 100, una elección tan reñida como histórica por la cantidad de votantes y el porcentaje de participación.

El radicalismo, que viene de ganar las elecciones legislativas de 2021, continúa movilizado. Marcelo “Mosca” Vignau les hizo firmar a los principales referentes del radicalismo una nota en la que expresa “el que gana conduce, el que pierde acompaña”. La verdad es que no se cumplió nunca, y es difícil que se cumpla ahora; pero Croce tiene el desafío de al menos intentarlo por los dos años que le tocará gobernar. Está a mano con la historia, pese a que todavía es joven y tiene mucho camino por recorrer. Está en el sillón que quería estar, se tenía una fe ciega para ganar, lo dijo en estas páginas en la previa, y ayer se le dio. Ganó Croce, el radicalismo afrontará el 2023, año de elección de intendente, con un nuevo presidente.

Angel Pesce.

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