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sábado, 21 de mayo de 2022
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Se conmemoran hoy 150 años de la batalla de San Carlos

Aniversario de un hecho histórico de singular trascendencia.

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Hace 150 años se libraba en territorio ubicado hoy dentro de los límites del partido de Bolívar una batalla que quedaría en los anales de la historia, contada desde el ángulo que se eligiese: la batalla de San Carlos. De un lado, el gran cacique Calfucurá, del otro las fuerzas del Estado nacional que por entonces estaba en pleno proceso de ‘reorganización’.

Un dato es innegable: la cantidad de contendientes, que la transforma en una de los más grandes enfrentamientos que hubo tierra adentro. Por el lado de los pueblos originarios, más 3.500 hombres de lanza dispuestos a pelear, y por el lado de las fuerzas lideradas por coronel Ignacio Rivas unos 1650. La batalla, librada en las primeras horas de la mañana del 8 de marzo de 1872 tuvo al menos dos consecuencias.

El resultado económico de la estrategia ideada por Calfucurá, que planificó el más grande arreo del que se tuviese memoria y lo logró en buena parte, y el resultado bélico para las tropas nacionales, que lograron repeler de alguna manera lo que parecía un fracaso rotundo dado la magnitud de las fuerzas aborígenes concentradas, y que se popularizó en las versiones históricas dándose a conocer como una ‘gran victoria’ sobre el gran cacique del Desierto.

 “El jefe indio poseía condiciones impares, de sobresaliente calidad. Astuto y sagaz, valiente hasta la temeridad, calculador y frío, de magnífica cerebración, supo navegar con solvente habilidad por entre los escollos diplomáticos de tolderías y cancillerías argentinas, sin un solo fallo ni defecto, dejando más de una vez descolocado al ‘civilizado’ contendiente. A ello sumaba su capacidad de guerrero, al punto que algunos autores lo erigen a la categoría de Napoleón del Desierto.

Pero un Napoleón mechado de Talleyrand, que sabía ganar tanto en la mesa de negociaciones como en el campo de batalla. Además no era de temperamento cruel ni sanguinario, empleando mano dura sólo por extrema necesidad. De él que bien lo conoció, dijo Guinnard (NdelR: Augusto Guinnard, francés que fue cautivo y ganó la simpatía de Calfucurá hasta llegar a ser su secretario): “Este hombre, tengo la convicción de ello, no ha sido enemigo de la civilización, pues estaba dotado de instintos generosos. Tenía el sentimiento de la justicia…”. Y acusa a los gobiernos argentinos por no haberlo sabido tratar y atraer” (www.revisionistas.com.ar, sobre la Batalla de San Carlos).

En el mismo sitio se afirma que por aquel entonces, en 1872, Calfucurá estaba preocupado por el avance de los fortines, que amenazaba su dominio sobre parajes y aguadas tradicionales para sus malones, y se acercaba a ‘su sede’: las Salinas Grandes.

También le inquietaba la ocupación de Choele Choel que pretendía el presidente Domingo F. Sarmiento, lugar por el que conducían el ganador productor de los arreos hacia Chile. Hasta aquí, ciertas coincidencias.

Después, las versiones de la historia. Están las que afirman que Calfucurá maniobró las tribus, las unió para lanzar el gran ataque y para ello “había que provocar un hecho que alzara a los indios de hasta el último rincón de la pampa, y una vez apretados en haz solidario sin precedentes, arrojarlos contra fortines y poblaciones. Era jugarse al todo o nada, cuyo premio sería frenar el avance del blanco, pero cuya pérdida implicaba el fin del dominio indígena sobre el Desierto. Y Calfucurá echó el resto en el tapete, acechando la oportunidad y aún ayudando a provocarla”.

Esas versiones indican que fue Calfucura quien incitó a algunas tribus a sublevarse ante la autoridad nacional y cuando el coronel Francisco Elías atacó por sorpresa a esos grupos aliados, aludiendo esa sublevación, y apresándolos, la indignación que cundió en las tolderías fue el alimento moral que precisaba para iniciar su plan. Otras versiones cuentan la historia de manera diferente. De acuerdo a la investigadora local profesora Graciela ‘Bachi’ Waks (en ‘Geo historia de la pampa bonaerense: proceso de territorialización de pueblos indígenas en la frontera interior.

El enclave estratégico de Bolívar’, en co-autoría con Jorge Lapena), las cosas se dieron de otra manera. El coronel Elías, jefe de la frontera Sud y la Costa, firmó un acuerdo con los caciques tehuelches Calfuquir y Cipriano Catriel -hijo del fallecido Juan Catriel- por el cual este último ofreció proteger la frontera a cambio de ser nombrado jefe de todas las tribus que otrora había comandado su padre.

El tratado incluía considerar como rebeldes y enemigos de la región a los caciques que no se sometieran a su autoridad. Y precisamente eso fue lo que pasó con tres de ellos, independientes de la autoridad de Catriel, que se reunieron a deliberar sobre la situación y ratificar su apoyo al gobierno, pero le pidieron a Elías que se mantuviera al margen de ello, que nada afectaría su relación con Buenos Aires.

Elías los consideró en rebeldía por no adherirse a lo sostenido en el acuerdo, tomó medidas que los afectó, y algunos capitanejos se rebelaron. Eso fue el principio. Se decidió una acción sorpresiva del ejército con indios aliados del cacique Catriel: atacar al Parlamento tehuelche reunido. Una parte de ellos se dirigió al juez de Paz de Azul a pedir protección, pero los enviaron prisioneros al fuerte Blanca Grande. Otra parte se presentó al fuerte General Paz, para hablar con Boerr sobre lo sucedido.

 El coronel Boerr notificó al gobierno central sobre las acciones de Elías y Catriel, y la solicitud de los caciques. A su vez, Elías envió informes argumentando que la acción de los caciques había sido una sublevación y no un parlamento, y el ministro de Guerra se quedó con esta última versión. ¿Qué decidió? Le ordenó a Boerr dejarlos presos en el fuerte. De acuerdo a Waks, la situación provocada por Elías y Catriel condujo “a que Calfucurá organizara un gran malón como escarmiento a sus contrincantes”.

Además, esa acción les depararía “un gran botín a partir de hacerse de un gran arreo para llevar en principio a los valles neuquinos y luego a Chile”. “El estado de ánimo era correlativo a la provocación del gobierno, y así se precipitaron sus planes con éxito (…) Calfucurá se ocupó que hasta el último rincón del Desierto se enteraran de lo ocurrido, en especial de la perfidia del huinca”, dirá la escritora bolivarense. Una reunión en las Salinas Grandes selló el destino. “Allí había guerreros de todas partes.

Junto a los calfucuraches, los temibles ranqueles de Leuvucó, grupos llegados del lejano Neuquén y un fuerte contingente procedente de Chile. Los más notables caciques, los más famosos hombres de la pampa, estaban allí reunidos” (www.revisionistas.com.ar). En esa gran asamblea sobresalió el gran Calfucurá y se erigió como el jefe militar de un gran ejército de unos 3500 hombres, ‘indios de lanza’ como se les decía.

 Junto a ellos, una ‘chusma’ de mujeres, niños y ancianos sería la encargada de arrear lo robado. Se dice que la masa humana fue no menor a 6000 personas. “El mismo Lonko trazó el plan de ataque. Atravesarían la frontera por el sector oeste de los fortines -el más cercano a la ciudad de Buenos Aires- desplegados en partidas, no mayores de 200 o 300 indios, repartidos en forma tal que formaban un ariete de 10 leguas de frente por 20 de fondo.

Tras irrumpir en tierra de huincas, convergirían sobre la laguna La Verde, arrasando con los actuales partidos de Bolívar, 25 de Mayo, 9 de Julio, Carlos Casares y General Alvear. Pasarían la extensa región a fuego y lanza, lograrían un botín fabuloso, y de vuelta se concentrarían para batir, si era necesario, a las fuerzas nacionales que les salieran al paso. Calfucurá se prometía con ello dar un escarmiento feroz al gobierno de Sarmiento, que lo obligara a pactar y detener el avance sobre las tolderías” (G. Waks, Op. Cit.).

 La historiadora bolivarense marca la diferencia en el concepto histórico de la visualización de la batalla, sus antecedentes y su resultado. “La misión de este gran arreo que además integraba a varias tribus, era la manifestación de poder territorial de la Confederación, aunque la Historia oficial invirtió el sentido y propuso que era una guerra en armas, con un final a favor de Buenos Aires; sin deparar tampoco que la batalla de San Carlos era una estrategia para Calfucurá, e inclusive, una posibilidad en la gran movilización” (G. Waks, Op. Cit.). A fines de febrero de 1872 la masa indígena se puso en marcha desde Salinas Grandes.

 Para el 5 de marzo, el vigía del fortín San Carlos detectó movimientos. El mayor Santos Plaza avisó al comandante del sector oeste y a su par del extremo sur, el teniente coronel Nicolás Ocampo, que centenares de indios acaban de pasar la frontera hacia el interior, previéndose así un malón de grandes proporciones. Y así sobrevino el enfrentamiento. La marcha de las tropas, la disposición de las fuerzas de ambos bandos en el campo de batalla, la estrategia y su devenir sería motivo de muchas más líneas.

Se afirma que la contienda duró unas tres horas. Waks destaca: “La pelea entre los flancos enfrentados no se decidía, inmovilizando a las fuerzas del gobierno, mientras que los arreos de haciendas se alejaban hacia las tolderías, tierra adentro. En este contexto, el general Rivas comprende que este enfrentamiento es solamente una estrategia del ejército de Calfucurá, a fin de ganar el tiempo necesario para que la chusma se alejara de la zona de combate con el fabuloso botín, por lo que decide atacar con firmeza el centro enemigo”.

Esta acción definió la batalla. Cuando los indios emprendieron la retirada, Rivas ordenó perseguirlos y rescatar la mayor cantidad de ganado y cautivos. “De un total estimado de unas 200.000 cabezas de ganado arreadas, se recuperaron entre 70.000 a 80.000 vacunos, unos 16.000 yeguarizos y casi todas las manadas de ovejas; pero en sí, el saldo económico fue negativo para los huincas y a favor de Calfucurá” (G. Waks, Op. Cit.). Waks deja en claro que Calfucurá pretendía éxito en el arreo, que la batalla era sólo una alternativa distractiva.

 “En la carta que le manda al coronel Boerr al fuerte General Paz el día 7 de febrero le avisa que pasará por San Carlos con el arreo y que no quería pelear. Sólo le interesaba llevarse el botín, y así lograr que se reúnan en San Carlos las tropas distrayéndolas por algunas horas, y dar tiempo para que se puedan retirar los arreos con la chusma hacia las Salinas Grandes”.

La contienda bélica dejó sentado el poderío de las armas, que hizo una notable diferencia. Se habla de unos 300 aborígenes muertos y 200 heridos, contra sólo un cincuentenar de bajas del otro lado. El empleo de armas de fuego de largo alcance y buena precisión de tiro hizo mella en las filas de los calfucuraches. La historia oficial, como la llama la investigadora local, rescató el retroceso de los pueblos originarios y el avance de la línea de fronteras. 150 años han pasado, es tiempo de revisión, de replanteos, de conocer las distintas miradas sobre este hecho histórico trascendente. De pensar y repensarnos, de debate y acuerdos.

Tenemos una buena oportunidad. Vale la pena.

Jornada de conmemoración de los 150 años de la batalla de San Carlos

Organizado por el Colectivo Mujer Originaria Bolívar y el Grupo Autoconvocado por los 150 años de la batalla de San Carlos y homenaje al Toki Calfucurá, se llevará adelante hoy una jornada de conmemoración.

El cronograma es el siguiente:

  • *8.30 horas. Ceremonia ancestral (Ruta 65)
  • *9.30 horas. Descubrimiento placa recordatoria a Olga Garay, en homenaje a nuestros pueblos originarios en el paraje ‘Los cuatro vientos’
  • 18.30 horas. Conversatorio en el Aula Manga del CRUB, Av. Cacique Coliqueo 940. Disertantes:
  • – Nilo Cayuqueo, pueblo mapuche Los Toldos
  • – Dr. Guido Cordero, antropólogo (UNMdP-CONICET)
  • – Dr. Omar Lobos, historiador e investigador -Dr. Mariano Nagy, historiador (UBA – CONICET) -Valeria Mapelman, documentalista
  • – Dra. Liana Lenton, antropóloga (UBA-CONICET)
  • – Lic. Marta Millán, referente del pueblo mapuche provincia de Buenos Aires -Graciela ‘Bachi’ Waks, docente y escritora. Moderan Karina Martínez y Mónica González, docentes e integrantes del Colectivo Mujer Originaria Bolívar.
  • Acompañan las direcciones de Turismo y Educación municipal.

 V.G.

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