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viernes, 09 de diciembre de 2022
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Salvemos la política

Escribe: Pedro Vigneau.

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A raíz de la decisión de las actuales autoridades del Comité radical del Partido de Bolívar en nombrar a dicha casa con el nombre de mi abuelo Manuel “Pichón” Busquet y Serra es que me siento a reflexionar sobre el asunto.

Conocí muy pocas personas con la generosidad y el desinterés personal que han abrazado la política como mi abuelo. ¿Puede haber algo más noble que trabajar para el conjunto de la sociedad en la búsqueda del bien común? Eso es en esencia “la política”. Ahora bien, ¿cuál es nuestra actual relación con la misma?

Algunas frases que se escuchan: ¡es una mugre!, ¡son todos chorros!, ¡los únicos que hacen plata!, las miserias más profundas están asociadas a ella, y podría seguir…
Todos grandes incentivos para que las personas de bien se alejen lo más posible. Ni hablar del mensaje que como padres damos a nuestros hijos.

Quiero enaltecer la figura de mi abuelo para reivindicar la buena política, imprescindible en los tiempos que corren. Creo que las casas partidarias locales deben ser el inicio de la vuelta a esos valores que alguna vez nos permitieron abrazar sueños comunes. Que estimularon el ascenso social a través de la honestidad, el esfuerzo, el trabajo y la espiritualidad. Generando ideas para el desarrollo personal, económico y espiritual de nuestros conciudadanos. En estos días, el foco son las personas y no las ideas. Los resultados están a la vista.

El individualismo, el materialismo, el hambre de poder y la codicia son los usurpadores que a través de personas seductoras pero muy oscuras se han adueñado de la política y la han devaluado aún más que a nuestra moneda, todo un récord.

Mi Tata nació en 1913, algunas décadas después que su abuelo viniera a la Argentina a los 16 años a trabajar de empleado en una estancia en Lobos, dejando a su familia atrás en busca de un mejor porvenir.

Mi abuelo vio como su abuelo y su padre a través del trabajo duro (había que vivir en el campo a principios del siglo pasado), fueron forjando una buena posición que les permitió desarrollarse en muchos aspectos más allá de lo económico. También su esfuerzo sumado al de muchos otros empujó el progreso de Bolívar como sucedía simultáneamente en innumerables localidades de nuestra Patria.
Había un sueño común, ser el granero del mundo. ¿Cuál es el sueño común de hoy? ¿Existe?.

La realidad actual brinda enormes oportunidades para nuestra querida Patria. La bioeconomía a través de la gestión de la fotosíntesis, la economía del conocimiento, la buena minería y los servicios con el turismo como uno de sus destacados protagonistas, son algunos de los vectores de desarrollo que esperan desplegar todo su potencial y ofrecerle a muchos argentinos las oportunidades que hoy no encuentran. Aún mayores a las que aprovecharon mis antepasados.

Es hora de enfrentar los problemas que nos hunden cada día más. La buena política debe resurgir. Los protagonistas de ese cambio debemos ser nosotros mismos, en honor a ellos que dedicaron buena parte de sus vidas a la búsqueda del bien común.

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