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domingo, 05 de febrero de 2023
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Salud como amor por lo común

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En estos tiempos, Jorge Alemán, psicoanalista argentino, ha desarrollado varias reflexiones como un intento más de pensar la época, haciendo eje en el cruce del capitalismo y la pandemia.

Lo primero que retoma de otras consideraciones que ha venido estableciendo, desde antes de la pandemia, es el fenómeno del inexorable avance del capitalismo, que queda demostrado en ese fuera de lugar en el que quedan todas las advertencias.

La pandemia estaba anunciada, los desastres naturales están avisados, como también los colapsos económicos. Sin embargo, el curso del movimiento del mundo sigue siendo igual.

Estamos ante el gran problema que implica poder desviar la marcha del capitalismo.

El neoliberalismo desarma los lazos históricos, se promueve que vivamos un continuo presente, que las relaciones con los otros sean de competencia. Todo lo cual desarticula sentidos compartidos, narraciones, el valor de la transmisión intergeneracional, contribuye a la falta de sentimientos de comunidad y a la creciente fragmentación de las sociedades. Predomina lo transitorio, lo que no dura. Y es así porque hay una relación lógica entre una forma de vida y el sostenimiento y la continuidad del régimen neoliberal, en tanto de ese modo se suspenden las condiciones para la reflexividad, las preguntas por la identidad histórica y de un proyecto futuro. Narraciones que, sostenidas por palabras, abren la posibilidad de implicarnos, de hacernos cargo, porque, tomando el decir de Alemán: “En las palabras reside la memoria”. Si se trata de un continuo presente, la durabilidad de las cosas no tiene ningún sentido, la transitoriedad favorece la permanente necesidad de consumo.

Y, actualmente, frente a esta pandemia, se pone de manifiesto la incompatibilidad entre el capitalismo y la posibilidad de resolver la situación.

Alemán sitúa que el capitalismo constituye un rechazo del amor, pero no del amor de pareja, de familia, de amigos, sino el amor por lo Común.

La posibilidad de resolver la pandemia va a darse a partir de estrategias e intervenciones de salud pública. Aquí es donde se plantea la cuestión de lo común. La salud pública implica a toda la población, a lo común entre nosotros, que tiene que ver con aquellas condiciones a partir de las cuales se construye la salud, aunque este “nosotros” incluya al extraño, al que no conozco. De ahí es posible pensar esta afirmación que ubica a la salud como el amor por lo común.

La vida, o la posibilidad de vivir, es algo que tenemos en común. Aquí es válido preguntarnos: ¿Qué valor tiene para nosotros lo que tenemos en común? ¿Qué valor tienen la vida humana?

La competencia va a contramano del amor por lo común, y es por eso que estamos frente a una competencia mundial de compañías para ver cuál descubre la vacuna, quién puede mercantilizarla primero. Cuando esta cuestión debería pensarse en términos de estrategia de salud pública, interviniendo en eso que tenemos en común, y que, entonces, tiene que ser para todos, nos encontramos con que se halla en manos de grupos económicos que buscan alcanzar objetivos ligados a su rentabilidad.

¿Es coherente preguntarnos si podemos comprar la vida?

Licenciada Cecilia Luna, psicóloga

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