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sábado, 28 de enero de 2023
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Recetas simples, pasiones fuertes y un nuevo día que sonríe

Daniel Ledesma se recupera de su acv.

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Roberto Daniel Ledesma vio la luz del fin, esa de la que hablan las películas y los libros que parten de la realidad (¿es azul o roja?, porque verde seguro que no; ¿es una luz o un fogonazo?, no le pregunté). Durante un desesperante periplo hacia un hospital azuleño en el que los segundos parecían de desierto, se autoproyectó un film lleno de reproches, llegó a lamentar los momentos que se perdería con sus queridos, en especial sus hijos más chicos, que aún lo necesitan, y cuando todo parecía cerrarse la niebla se disipó y está de vuelta. “Volví a nacer”, dice sin ambages el conductor radial, que hace tres sábados sufrió un acv leve por el que espera el alta definitiva mañana, si como se supone el coágulo sanguíneo se reabsorbe.

La noticia corrió como reguero de pólvora esa tarde en la ciudad, es tremendo lo que vuelan las malas novedades, hay gente a la que le encanta darlas: Ledesma está mal, algo pasó. Ese algo para el que él se había comprado todos los números, como admitirá durante esta entrevista exclusiva. No fue magia. Se rumoreó que no podría volver a la radio y cosas aún más dramáticas, pero finalmente el percance no ha sido tan grande y hoy disfruta de hacer los deberes para estar mejor y aprovechar este nuevo crédito que la vida le da: comer sano, bajar de peso (perdió siete kilos en una semana), dejar la sal, beber mucha agua, caminar (por ahora lo único que puede, ya vendrá el tiempo de trotar y retornar al padel), tomarse la presión cotidianamente y aprender a desconectarse algunos ratos cada día, acaso lo más difícil no porque su oficio sea la radio, el epítome de la conexión, sino por sus características de hombre apasionado por lo suyo, que se enfrasca y sigue hasta el final. Lo está intentando, por ahora va bien; sabe que lo bravo es mantenerse pero también que no existe otra receta. Paradójicamente, tiene más ganas que nunca de hacer radio, como enfatizará en esta charla (volvió el lunes pasado, rapidito que se aburría).

En estos intensos e inolvidables días que dejarán cicatriz, pudo palpar un cariño que nunca se había detenido a calcular: gente que lo ve en la calle y lo abraza emocionada, conocidos y desconocidos suyos que le preguntan cómo está, a él y a sus allegados. Un alimento que se ha ganado con casi tres décadas de siembra en la actual FM 10, que fundó y dirige, y que también le salva la vida.

En la casa de Ledesma reina el silencio. Ningún aparato encendido. Raro, sano seguramente. Es un hombre de radio desconectado en esta tarde más amable, en términos climáticos, que las que vienen constituyendo tendencia en este tórrido diciembre de verano desatado aunque el almanaque diga que aún no. Su hija mayor da vueltas por allí, su perro parece querer hablar, mira como sonriendo, ¿buscará algún micrófono? Sandra, su compañera y sostén, saluda y sale, lo mismo que Luna, su hija menor. Un silencio que es el núcleo de la serena alegría del renacer, el ropaje de una confianza en la que poco a poco va disolviéndose la dentellada del miedo. El guerrero está en reposo, con el brillo de descubrir en los ojos. De hecho, y es un lugar común pero aplica acá, lo cotidiano le está sabiendo mágico, como en aquella canción de Peteco Carabajal en la que el trovador santiagueño venera el milagro de las manos trabajadoras de su madre, danzando al aire como pájaros. Cuando ves lo mismo de siempre bajo una nueva luz, todo te parece nuevo.

“Nosotros vivimos de la noticia, pero esta vez me tocó ser noticia a mí”, dice Daniel con una sonrisa no bien enciendo el grabador, para referirse al “sangrado cerebral”

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