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jueves, 23 de septiembre de 2021
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Mariana Callegari: Recalcular amor, o no volverá a amanecer

Una médica y su angustioso pedido de ayuda.

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“No veo recetas mágicas: debo ver qué puedo hacer yo para cambiar, y con ese grano de arena cambiar al resto”, afirma la doctora Mariana Callegari, quien con la crudeza que es menester pone el acento en la urgencia de “modificar nuestra actitud como sociedad” y “pequeñas cosas”, o “no veremos más un horizonte despejado”. En lo doméstico, alerta que demasiada gente “pierde un tiempo de oro” en solicitar el hisopado, subestimando síntomas que asimila a una gripe o resfrío, circulando, contagiando y propagando la tragedia del covid.

¿Qué considerás que se puede/debe hacer, algo diferente, como para producir otros resultados? Las cifras locales son cada vez peores…

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-No hay una receta mágica, de otro modo, a nivel mundial no estaríamos atravesando esto. El año pasado tuvimos la suerte en Bolívar de que nos tocó otra realidad, diferente a la que le tocó a nuestro país, inclusive. Vivimos la pandemia de costado, pero desde diciembre de 2020 el covid empezó a mostrarnos otra realidad, y a partir de marzo nos comenzamos a conocer la cara con este bicho. Hay cosas para hacer, pero lo más importante es que todos tomemos conciencia de nuestra responsabilidad individual. Podemos pedir más vacunas, más hisopados, herramientas excelentes, pero mientras no tengamos empatía ni conciencia social… No cabe pedirle al otro que haga lo que no hago yo. En muchos ámbitos no está pasando esto de no pensar más allá del ombligo. Hay que trabajarlo como sociedad, porque lo que estamos viviendo es terrible.

¿Por qué aún no sucede, a una altura en la que ya todos hemos llorado a alguien, o padecido la angustia del contagio propio o de un allegado?

-Cada uno tiene que reflexionar en qué puedo hacer yo. No veo recetas mágicas. Nos faltaponernos en el lugar del otro. No sé cómo se hace, específicamente, pero hay que hacerlo, en las cosas más sencillas. Por ejemplo: si tengo en mi familia a alguien con síntomas, debo insistir para que vaya a hisoparse. Y si la persona con la que convivo se hisopa, debo quedarme adentro hasta que esté el resultado. Hablo de esas pequeños cosas. Hay que pensar que un resfrío común de 2019, hoy es un posible covid. Y ese posible covid, con la cepa que hoy circula en Bolívar, es muy complejo y se puede llevar a mi pareja, mi hijo o mi madre. Lamentablemente, hasta que eso no pasa hay gente que no toma conciencia, como si fuera una película que viera otro, y decimos ‘mirá, pobre’.

¿En que acá circula la cepa de Manaos puede residir parte de la explicación de nuestras cifras? Porque si bien es real que se hisopa más, en ciudades de alrededor no se registra semejante cantidad de contagios ni de fallecimientos.

-No estoy capacitada para decirte por qué estos números. Puede ser la cepa de Manaos, quizá sí, habría que confirmar con la gente del LABBO si la que circula con mayor preponderancia en Bolívar es esa. Pero más allá de las cepas, tenemos que entender que debemos cambiar nuestra actitud como sociedad. Si no, nos van a llegar distintas cepas y nos seguirán llevando puestos. Ahí hay que trabajar, cada quien debe reflexionar en lo que puede hacer, en vez de ponerse a señalar a gente que se juntó y demás, porque quizá yo también he hecho algo mal. Todos podemos cambiar.

Uno cuando en la internación habla con los familiares, ve que realmente hay una demora muy grande entre la fecha de inicio de los síntomas y la consulta y el posterior resultado. Ese esun tiempo de oro que se pierde, en todo sentido. En el caso del paciente, pudo haber consultado temprano, tener un diagnóstico precoz y no evolucionar su cuadro hacia una neumonía bilateral, que son los casos que veo.

Lo que marcás respecto del “tiempo de oro” que se pierde, quizá explica este presente más genuinamente que la cepa de que se trate. Algo que en general pasa desapercibido. Mucha gente que demora, que cree que se trata de un resfrío o de sus habituales dolores de garganta otoñales/invernales.

-Por lo que veo, encontrás fallas muy groseras en eso. Muy. Gente que espera diez días, porque cree que es la misma gripe de todos los inviernos, el cambio de estación, la alergia, unos simples mocos. Y mientras tanto circula, se pone en contacto con gente. Y su familia también sigue circulando. Los síntomas de 2019 no deben ser considerados del mismo modo que entonces. Hoy puede ser covid, por lo que es preferible hisoparme, hisoparme de más inclusive.

Y eso sí queda absolutamente librado a la responsabilidad individual, el estado poco puede hacer en ese punto…

-Podés imponer Fase 1 estricta, pero si la gente no toma conciencia de que cuando tiene síntomas debe hisoparse y aislarse hasta que esté el resultado, esto no terminará más. Hay algunos que se hisopan y por las dudas van al supermercado, ya que si debo guardarme catorce días por lo menos ya tengo las cosas compradas. Ese tipo de cosas hay que cambiar, ya que en mi opinión ahí cometemos un gran error.

Muchos/as achacan al municipio laxitud para controlar que se cumplan las propias medidas que lanza. Afirman que siguen habiendo juntadas familiares, fiestas clandestinas.

-Es decisivo lo que uno mama en casa cuando es chico. Si a mis cuatro años mis viejos me decían que no cruzara la calle sola, no lo hacía. Pasa también por saber cuáles son los límites, dónde los fijamos. No quiero entrar en eso de si hay que poner una mano dura o no, porque se desvirtuaría lo que quiero significar. Hay que empezar a ver lo que cada uno puede hacer, sin exigirle al otro que haga determinadas cosas para recién después practicarlas yo. Debo ver qué puedo hacer yo para cambiar, y con ese grano de arena cambiar al resto. Si no, siempre exigimos al otro mientras miramos para el costado. Uno debe tener más empatía y hacer todo lo posible para no contagiarse. Sabiendo que podemos cumplir con todo perfectamente y contagiarnos igual, pero si me contagio será a pesar de haber hecho todo lo posible por evitarlo y por no exponer a los demás, no es lo mismo.

“Esto va a pasar, y tenemos que estar ahí”

Para seguir, uno debe ir tirando y tirando hacia adelante el horizonte, debe ‘ver’ un mañana. Imaginémonos en agosto 2021: ¿cómo suponés que será la situación a esa altura?

-Soy optimista (se relaja un momento, sonríe con cierto alivio de sólo pensar esa idea). Pero no sé. Una de las cosas que nos pasan, o por lo menos a mí, es no ver un límite, un final, un decir ‘peleemos que es hasta acá’. Este bicho nos ha traído eso también: no nos deja ver cuándo el horizonte será más despejado, porque hoy el cielo está totalmente nublado. Pero creo que en algún momento esto va a pasar, todo va a pasar, y tenemos que estar ahí la mayor cantidad de personas posible. Por eso debemos ser fuertes, cada uno, y comprometernos en ayudar a que bajen los contagios. Si no, ese horizonte despejado no se visualizará más.

Chino Castro

Lo que sostiene, cuando el dolor parece más fuerte

Sólo porque ama su profesión y no podría “ser ni hacer otra cosa”, es que la doctora Callegari, como tantos/as de sus colegas, no abandona una batalla que hoy huele a interminable. El testimonio de una médica con el alma en la mano.

Se repite una frase que va gastándose y resignando espesor de tanto que se reitera: que el sistema de Salud no da más. Sin embargo, justamente por esa pérdida de sustancia que promueve la repetición, no advertimos en qué puede decantar ese agotamiento de médicos y enfermeros, cuando es obvio que, al menos unos meses más, va a continuar esta situación crítica.

-En mi caso, comienzo mi jornada a las 7.30, en el hospital, y hasta las 14 estoy exclusivamente en Sala covid. Pacientes críticos en un 80 por ciento. Pensando cómo cambiarlos, cómo mejorarlos, cómo modificar las indicaciones para que ese paciente salga adelante. Con un equipo conformado por tractores de acción, porque verdaderamente trabajamos a destajo: no te sentás, no tomas líquido; de repente de das cuenta de que pasaron cuatro horas y no tomaste ni medio vaso de agua. Todos los días así, todos los días. Y tener a algún paciente joven en estado crítico nos afecta mucho, ya que en general se trata de personas cuyas historias conocemos, que son padres o madres de chicos muy chicos. Nos ponemos en el lugar de la familia, que no puede verlo y lo espera. No se trata sólo del agotamiento por el propio trabajo, sino de un agotamiento emocional.

Damos todo lo mejor, todo el equipo del hospital, pero de repente ingresa un paciente y te cuenta lo que te cuenta, y decís: “Hace un año y medio que estoy acá, un año y medio pidiéndole a la gente que se cuide y cuide a los suyos, y sigo escuchando los mismos relatos…’. Te preguntás ‘qué hago acá’. Es agotador. Uno deja su familia de lado, yo tengo chicos chicos y a veces cuando me voy me preguntan cuándo vuelvo, a qué hora. Es muy difícil. Sentís que es una guerra, lo sentís así.

Hace días posteaste que te dan ganas de colgar los guantes y abandonar esta ‘guerra’. Un rato todos los días sentirás lo mismo, y sin embargo no lo hacés. ¿Por qué, qué te sostiene?

-Que hay mucha gente que se cuida; mucha gente que está ahí no tiene la culpa, nadie tiene la culpa de estar ahí. Esas personas nos necesitan, y yo amo mi profesión. No podría ser ni hacer otra cosa. Pero después de un año y medio sentís que la cabeza ya te estalla, te cuesta pensar en lo que tenés que pensar. Es muy intenso. Yo a veces salgo de la guardia y me quedo con la cabeza en los pacientes. Me voy a dormir, acuesto a mi hija pero pensando en el paciente de tal habitación, que no estaba bien, y le mando un mensaje a la enfermera. Sin embargo me encanta mi profesión, a pesar de esto, y no podría hacer otra cosa. Por eso no bajo los brazos. Pero también sentís que mucha gente no acompaña, y a veces te preguntás para qué todo este esfuerzo.

Para reafirmar la vocación de médico o desestimarla, nada como la pandemia. Por fortuna para la población la gran mayoría sigue, porque si abandonaran no habría cómo reemplazarlos.

-Sí… Nos sostiene la vocación, el amor a la profesión. Y el apoyo de la familia. Mi familia sabe que lo que hago me encanta, y entonces me apoya. De otro modo, no podría transitar esto.

“Sólo por amor a los desesperados conservamos todavía la esperanza”, escribió el filósofo Walter Benjamin. Mariana Callegari puede dar fe.

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