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miércoles, 07 de septiembre de 2022
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Ramón Antonio “Poroto” Rodríguez, su fallecimiento

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Hablar de alguien que se fue con sus jóvenes 85 años, porque no representaba esa edad, es referirse a alguien que pasó buena parte de su vida atravesando hechos históricos de la ciudad, con miles de vivencias, de amigos, con una gran familia que siempre giró a su alrededor y lo extrañará por mucho tiempo, por todo lo que Poroto Rodríguez representaba.

 

No hace mucho tiempo hicimos una nota extensa, que prometo buscar y reproducir, de la que también participó en parte su hijo Gerardo. En aquella ocasión, debe hacer unos 3 años, quizás más, hablamos de su historia, de un nuevo aniversario comercial, y del legado que iba dejando, siempre amagando con dar un paso al costado; pero siempre estando como el respaldo para lo que se lo pudiera necesitar.

 

Había comenzado desde muy chico con el oficio de la carpintería, como empleado, y de muy joven también se lanzó por su cuenta, en tiempos en que había muy buenos carpinteros, de esos que cuesta conseguir, como solía decir Poroto. El se hizo en el oficio trabajando a la par de sus empleados, los que a poco de andar por su cuenta debió contratar porque había mucho trabajo.

 

Como todos en este país, Poroto debió afrontar crisis económicas, y siempre le puso el pecho a las balas, saliendo adelante con una sonrisa, con el trabajo como su principal arma y su clientela, esa que nunca lo abandonó y que le tendió una mano cuando la necesitó. En aquella nota de tiempo atrás recordábamos algunos trabajos, a la vez que apreciábamos en su casa de calle Bernardo de Irigoyen algunos de ellos, que los hizo para él; pero que son dignos de admirar.

 

No conforme con trabajo que ya tenía en madera, fue de los pioneros en el aluminio, primero vendiendo y después fabricando. Allí volvió a necesitar mano de obra y se agrandó el staff de empleados, quienes tienen hoy la sensación de haber perdido a un familiar, al margen de que ya no estuvieran ligados a la empresa, que cerró sus puertas hace poco tiempo.

 

El Covid, esta maldita pandemia que nos toca atravesar a las generaciones que vivimos por estos días, lo alcanzó y se lo llevó luego de batallar varios días internado. Su familia, sus amigos, sus allegados, sus clientes, sus ex empleados, muchos pedían por su vida con cadenas de oración en redes sociales. Parecía mentira que ese hombre que parecía un roble estuviera entre la vida y la muerte en los primeros días del año, con sus 85 años muy bien llevados.

 

Se fue Poroto, salvo algún compañero de colegio o familiar directo, pocos sabían que se llamaba Ramón Antonio. Se fue un hombre que hizo historia y escuela dentro del comercio local en el rubro carpintería. Se fue un tipo sano, bonachón, que siempre estaba de buen humor y con una sonrisa. Pérdida irreparable para la familia y los más allegados, pérdida también para una ciudad que lo vio destacarse con la labor de sus manos y el sudor de su frente por más de 70 años de actividad. QEPD.

Angel Pesce

 

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