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sábado, 25 de septiembre de 2021
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Queremos tanto a George

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Escribe: Mario Cuevas

“Cuando escucho mi guitarra siento que todo es mejor / Y que todo se me aclara, todo a mi alrededor / Es como escuchar distinto, es como escuchar mi voz / Cuando mis dedos se mueve en su fino diapasón / De las notas de sus cuerdas hay una conversación / Mi guitarra y yo tenemos una extraña relación…”

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Quizás la mejor introducción para presentar a Jorge Godoy sea este comienzo de ‘Blues para mi guitarra’, de Pappo. Hace años que Jorge viene conversando con su guitarra y hoy en este espacio, como lo hicimos el sábado pasado en Sin Fronteras, le brindaremos tributo a uno de los guitarristas más emblemático y querido de nuestros pagos, escuchando su testimonio, el de su madre Betty y de amigos entrañables.

“Mi acercamiento con la guitarra fue aproximadamente a los ocho, nueve años. Poca gente sabe que el instrumento que más me gustaba era el piano, en esa época era imposible costear un piano, estamos hablando del año ochenta y moneditas; los teclados recién aparecían así que también eran costosísimos, era imposible acceder a algo con teclas. Comencé entonces con la guitarra con una profesora de barrio que se llamaba Delma. A los trece años terminé la carrera de música en el Conservatorio, dejé la guitarra criolla, abandoné un par de años, y a los 16 me acerqué a la guitarra eléctrica, al rock. Me acuerdo que salió el primer disco de Rata Blanca con el guitarrista Saúl Blanch, que por esas cosas de la vida terminé grabando con él, También conocí a Chugo Donofrio, un violero de Olavarría que en esa época era el Satriani de las pampas. Además, material para estudiar no se conseguía como ahora, cuando nos llegaba una revista como El Musiquero era super vanagloriada.”

“La cuarentena ha servido, por lo menos en la primera etapa, para que los artistas nos centremos en crear; sucede que se ha extendido demasiado y a veces nos mata tanto tiempo libre. En un primer momento me senté a componer y, sobre todo, también reacondicioné el estudio. He armado varias cosas para Kratos, la banda que tengo ahora y algunas cosas para mí, no sé si llamarlo carrera solista pero estoy proyectando con algunos músicos locales una banda para hacer temas propios, instrumentales, es algo que me debo y viendo si se pueden generar ensayos porque eso está complicado.”

“Me di muchos gustos y placeres que en mi niñez y adolescencia parecían imposibles porque era gente que admiraba un montón, pero el haberme ido tan joven me permitió cruzarme con gente. Uno de los placeres que me di es haber tocado con dos emblemas de Rata Blanca, con su primer cantante, Saúl Lanch, y con Mario Ian, con quien estuve de gira por Sudamérica, estar arriba del escenario, mirar a mi izquierda y ver a alguien que admiraba mucho en mi adolescencia, convivir con esas personas.

También tuve la suerte de tocar con Copi, que fue tecladista de Enrique Bunbury, de Héroes del Silencio; andube tres años de gira, estuve en tres discos y tuve el honor de ser el director, armar la banda, conseguir los músicos, hacer los arreglos en su primer disco solista, eso suma mucho al currículum.

Compartí experiencias con Sergio Verdichesky, con Gustavo Rowek, batero de V8 y de Rata Blanca, con Terma Verdichesky, el otro guitarrista de Rata. Son pequeños placeres que pueden engordar tu currículum pero en realidad pero tienen un provecho más grande que es el aprendizaje, poder grabar, ensayar, ver cómo se trabaja de manera profesional.”

“Con respecto a los guitarristas, uh, hay muchos. Mi fanatismo por quien comenzó todo esto: Jimi Hendrix, Stevie Ray Vaughan en el blues, en el metal Yngwie Malmsteen, un velocista de esa década; en Argentina, Walter Giardino, un referente, hay muchos y a esta altura de mi vida, los hay de otros géneros pero esos son los fundamentales, los que encendieron mi deseo de tocar la guitarra.

Es difícil para mí decir qué es la música porque ya es parte de mi vida, es mi actividad principal, puede ser dando clases, haciendo un sonido, grabando, tocando; pero cuando me refiero a la música en sí, a la interpretada, si mañana me despertara y tendría que vivir sin música sería demasiado complicado, por no decir imposible.

Borges decía que todo tendía a ser música, todo arte tiende a ser música y yo creo que es así. De todas las artes, es la que requiere menos conocimiento para poder entenderla, degustarla. En mí es una actividad fundamental, es lo que más sé hacer y lo más honesto que hago. No importa si lo hago bien, mal, no interesa, sin música no podría vivir, y es lo que me hace levantar todos los días, estar pensando en una canción, sacarla, tocarla, escucharla, ver qué hizo y qué no hizo el autor, tratar de aprender. Para mí la música es un hecho fundamental en la vida del ser humano.”

 

Queremos tanto a George

Betty Alba: “Mi hijo nació músico, nunca pude entender, Jorge tenía cinco años, nunca había visto un instrumento musical y sin embargo un día encontró un piano, lo abrazó y me dijo: ‘Mamita por favor quiero aprender a tocar esto’. Hablé con una profesora, pero le pedí que trate de llevarlo para el lado de la guitarra porque al piano no voy a poder comprarlo nunca. A los quince días me llamó y me dijo: ‘Comprale la guitarra porque es un monstruito’. Muy pronto me di cuenta que tenía razón, es capaz de morirse de hambre antes de tener que trabajar en algo que no tenga relación con la música. Me imagino la felicidad que habrá sentido cuando viajó a España, estar muy cerca de los Héroes del Silencio, pero sobre todo, la felicidad que habrá sentido cuando fue contratado por Rata Blanca para reemplazar al violero en una gira. Para Jorge debe haber sido tocar el cielo con las manos, y me alegra muchísimo porque realmente se lo merece”.

Juan Manuel Pollo Arroyo: “Tenemos mucho para hablar de Jorge, nos conocemos de hace 38, 39 años, vi sus primeros pasos con la guitarra, instrumento que después se le fundió en la piel. Tuve la suerte y doy gracias al universo de haberme cruzado con él porque fui parte de la primera banda de heavy metal de Bolívar, Sektor. Admiro esa fuerza de voluntad que tiene Georgie, como le digo yo, de perseguir su sueño, y el sueño está intacto, logró tocar en primera. Logró el sueño que muchos quieren, que yo también quiero. Jorge, sos un gran tipo chabón, lograste tu cometido en la vida.”

Tin de Azevedo: “Jorge Godoy es, para mí, uno de los tipos más virtuosos con la viola eléctrica con los que he compartido música (al menos del barrio de la escuela seis); no sólo por la cantidad de recursos que tiene, sino por el timing y los matices con los que logra hacer de una melodía mediocre algo cuasi-genial. Mejor que eso aún, es su experiencia, su fogueo por otras esferas, con las que ha logrado conocimientos suficientes como para producir música de casi cualquier género. Mejor que lo anterior es la humildad con la que me convocó a su casa para “producirme un disco” sin conocerme, sin ni siquiera haberme escuchado cantar en vivo. Lo mejor de “Chorch” no es la viola, ni el conocimiento, ni la humildad. Ni la exuberante cabellera. Lo mejor de este malabarista de la púa es la caridad (no la del dinero, claro, es un seco como yo), la caridad de algo mucho más valioso: el tiempo”.

Leo Curutchet: “A Jorge lo convocamos para grabar con Tríada en el tema ‘El siglo de sometimiento’ por sus cualidades, más allá que es un amigo-hermano, es un músico virtuoso, creativo, super pasional, tiene una gran virtud para la improvisación, además de su poder de adaptarse a cualquier estilo de música. Compartimos millones de presentaciones, la Plata, Buenos Aires. Jorge es de esos músicos que empieza a tocar y por ahí el público está en otra y de pronto se da vuelta y dice: ¿Quién es el que está tocando? Para mí, uno de los mejores violeros con los que pude tocar y el mejor violero con feeling arriba del escenario que me ha tocado compartir”.

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