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viernes, 02 de diciembre de 2022
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Por quién riman las canciones

La movida de productores el lunes pasado – Otra mirada.

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Mucho repositor de súper en la manifestación del lunes contra Pisani y su destrato al campo. ¡Estalló el caos en las góndolas de la mañana, las leches chocolatadas aparecieron entre los perfumes, el público tuvo que hacer malabares para encontrar la compra, pero feliz porque a pocas cuadras alguien lo estaba defendiendo!

El horario de la movida, 10 AM, revela que fue destinada a gente que tiene empleados, dinero, vacaciones o no trabaja. O campo, que es más o menos lo mismo, si me permite la befa, no se amosque tan pronto que no estoy diciendo que los productores agropecuarios son vagos y planeros, ya que hay de todo, como en todas partes y épocas. Vagos también, y a veces planeros ‘gold’, cuando piden exenciones por inundación o porque vino la langosta, que se cansó de la canción de Víctor Heredia y decidió radicarse en la pampa resbalosamente húmeda este otoño, según la nueva mancuerna Carretero-Morán. Pero es como cuando repartían carteles con la leyenda “Todos somos el campo”. Imposibles de pegar en las bicis o motitos, y así como nadie va a escuchar tu remera, como profetizó Indio Solari, tampoco nadie va a sacrificar su campera, con lo que arde comprar una en el infierno inflacionario del otrora Capitán Beto. Estaba pensada para la camioneta, esa que todes tenemos en la puerta de casa, hoy que no hay dónde estacionar, lo que está creciendo Bolívar, terrible.

Lo bueno es que nueva gente se suma a tomar la calle para reclamar. Eso siempre es para descorchar. Personas del común hartas de tanto atropello institucional que se autoconvocan sin banderías políticas. En la próxima marcha contra Mosca va a haber bocha. Guarda que la multitud desatada va a empezar a descabezar muñecos. La Justicia comienza a descorrerse la venda, parece, ¿habrá un ojo abajo, o un pin de Guevara autografiado por Rosatti?

Nada de todo esto quita que la demanda sea genuina, las caminos rurales una plasta, la ayer enhiesta maquinaria, chatarra pura y dura durmiendo el sueño de los olvidados en un corralón donde la bandera flamea en flecos y, acaso exagerando un touch, la tasa vial entrañe un tinte confiscatorio que empuje a productores al borde de la desaparición, porque si cobrás y no prestás el servicio, y hay que ponerse a especular sobre dónde van esos recursos, si a pagar cantantes de trap o gente que afina sin Autotune… (¿A la Sole le garparon con la Vial 2021? ¿¿Le avisaron a Lorena Carona, directora de Producción??) Después, si los productores cumplen o aguardan prolijamente esa moratoria que es como el sol, porque aunque no la veamos siempre está, es una guita aparte. Una guita, no un vuelto. Cabe reiterar que un gobierno está en problemas cuando el reclamo coincide con la realidad. No importa quién lo haga, nunca hay que matar al mensajero. Puede ser el caso, de eso están hablando casi todos y acá no viene al caso.

¿Esta movida puede ser el principio de algo, un 16-M? No parece. Lxs manifestantes urdieron una especie de canción contra el gobierno comunal que fue levantada por La Nación pero que, lo mismo que un coro con pocas voces, antes del primer estribillo empieza a resquebrajarse: horas después de la movida del lunes, la Sociedad Rural salió a desmarcarse de Productores Autoconvocados, lo que desnuda que el sector no es monolítico. (Torpe sería creerlo cuando ya hay en acción una creciente corriente de labradores de la tierra enrolados en la agroecología, lo que más que una discrepancia de formas revela un desacuerdo de fondo que es profundamente ideológico.) Un arresto creativo que, aún propalado por el diario de los Mitre -de seguro ya lo olvidó-, no será hit de este otoño-invierno salvo que haya inundación.    

Por encima del conato de rebelión de productores hartos, la jugada de la Rural podría expresar que aún pervive esa alianza con el oficialismo que catapultó a Pisani a golear a Morán por inauditos márgenes en 2019 y subir a la intendencia con más espalda que el ruso que bajó a Canelo y ahora suda la gota para cobrar la bolsa.

Lo cierto es que mientras un grupo de productores continúa apostando al diálogo y a esporádicas apariciones mediáticas de baja intensidad, otro se cansó de charlas que no resolverían un problema oriundo de hace una década, según fechan los reclamantes. Casualmente cuando ‘Bali’ Bucca subía a la intendencia. Son los referentes locales de un núcleo duro nacional, la gran minoría intensa de la Argentina contemporánea que, como si hubiese perdido hasta la casa durante el kirchnerismo, aupó hacia la Rosada a Macri, el epítome de lo entreguista y la deshumanización gubernamental por encima hasta de Menem. No casualmente ahora encabezan la ofensiva contra el gobierno. Es obvio que no es todo el campo, lo estamos viendo acá, ni tampoco ese sector solo  Una acometida que, por el tono, el despliegue, el respaldo mediático que la inflama y el apoyo de gente a la que no le cambia nada si al campo le va joya, exuda un vaho destituyente. Si somos honestes, nadie debería sorprenderse si Alberto terminara mal. Ya desluce alfonsinizado, con más tendencia al autogol que un equipo de Bielsa (y no porque ataque con semejante valentía), lo que lo pone a un tris de quedar al-fosilizado.  

Como sea, es posta que Pisani algún centro tirará a PAU. Aunque los que necesitan tsunamis de centros son los ninguneados de siempre, esos rotos que jamás le motivarán dos tristes estrofas a los ursos de un rubro que se auto percibe la médula del sentido común argentino y que se joda el que viene atrás, que cuando habla de consenso y la mesa grande lo que está diciendo es “vengan al pie”. Los nadies, en definición de Galeano, que tras una inesperada primavera en la primera década de los dos mil no paran de ser goleados por una realidad que los omite, no por jodida sino porque las manos que la amasan (¿o amassan?) son guiadas por ojos que se agachan ante esos segmentos privilegiados de la economía que gustan ser, irónicamente, los que jamás estarán a buenas con nada que haga el peronismo, con cordialidad o destemplanza, vocación de poner la otra mejilla (¿cuántas tiene Alberto?) o de confrontar, tipo Cris, la de los labios en flor que dice verdades y ya demostró y, como si no tuviera nothing que ver, hoy se erige en una comentadora de luxe de la realidad y el errático rumbo de un gobierno lábil que se pejotiza en vez de peronizarse.

Finalmente, una pregunta con anclaje local y nacional es quién capitalizará políticamente el descontento del sector agropecuario, una olla a presión en la que también bullen parte del comercio, de la volátil clase media y una ancha porción del espectro asalariado, embotados por los pertinaces efluvios del sentido común, que todo lo aroman aunque nos tapemos la nariz, pero también asolados por una inflación que es el drama económico de hoy, al licuar el poder adquisitivo del salario al punto que ya no es un síntoma sino la enfermedad, en una Argentina donde la tragedia no es la desocupación sino el empleo de baja calidad o subempleo, y casi ninguno es de alta frente a una escalada de precios que ya es histórica, con la canasta por las nubes y el mañana, que crecimos creyendo que sería mejor, porque un querido poeta nos lo avisó, que no para de alejarse.

Chino Castro

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