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lunes, 29 de noviembre de 2021
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Ponen el grito en el cielo para que la Parroquia no siga cayéndose

Afirman que el edificio sufre un deterioro ya alarmante.

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Baños inhabilitados, vitrales históricos hechos añicos y perdidos para siempre y un sostenido avance de la humedad en las paredes, entre otros deterioros, estarían empujando a la parroquia San Carlos Borromeo, una de las edificaciones principales de la ciudad, a un abismo de destrucción que debería producir una urgente reacción colectiva, según consideró en charla con el diario Osvaldo Justo Navarro, ex integrante de diferentes comisiones de apoyo de la vida institucional del templo.

“Me llama la atención, porque ya se han caído muchos vidrios, hay entrada de pájaros y los revoques están cuarteándose, con peligro de derrumbarse sobre los propios laicos”, comenzó la triste enumeración Navarro, que no vive en Bolívar hace seis años pero cada vez que regresa a la ciudad encuentra al templo “peor”, según calificó, sin que haya “ningún análisis sobre los problemas ni de ninguna índole”, lo que a su juicio ya grafica un cuadro alarmante que debería mover a una rápida reacción colectiva que impida que la iglesia siga yéndose a pique.

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Entre los vidrios rotos hay que contabilizar unos que no son cualquiera: los vitrales aportados por Nidia Danessa, auténticas reliquias del acervo cultural lugareño que sólo quedarán en alguna foto y en el recuerdo de los memoriosos.

“Los baños, construidos nuevos con todo impecable, azulejados, etcétera, están fuera de uso. Con las lluvias se han inutilizado techos y cielorrasos. Están clausurados”, añadió a la lista de la debacle quien durante unas dos décadas acompañó al padre Miguel Ostertag en las diferentes comisiones de mantenimiento edilicio que fueron formándose.

Consultado al respecto, Navarro dijo que no ha planteado esta situación al padre Mauricio Scoltore, el párroco a cargo del templo, a quien lo une una afectuosa relación personal. Aunque lo que viene ocurriendo no es responsabilidad del presbítero, quizá si sería el encargado de lanzar el puntapié inicial que habilite el nucleamiento de una comisión de vecinos que ponga manos a la obra y comience un operativo de reconstrucción que, en medio de la niebla de lo que empieza a tornarse un auténtico calvario edilicio, debería ser inminente. 

Tampoco sería la municipalidad la encargada de tomar cartas en el asunto, explicó Osvaldo: sí podría proponer una idea (por ejemplo el aporte de un subsidio), pero cualquier cosa que se haga debe contar con la aprobación de la propia Iglesia institución, representada en la región por la Diócesis de Azul.

Trascartón hay, para agravar este cuadro, “un problema de años”, puntualizó Navarro: “El avance de la humedad desde los cimientos. Fue tratado y visto en comisiones anteriores, pero en la actualidad no veo una disposición a mejorar las cosas, y desconozco si hay alguna comisión trabajando en el tema”, aseveró.

“A mí me duele mucho pensar en las obras de antes, bien orientadas, a las que aportó Nidia Danessa, por ejemplo, y que hayan quedado algunos de sus viejos vitrales” ya destruidos y sin chance de ser reciclados, añadió.

En otro segmento de esta charla telefónica, Navarro expresó que no deja de sorprenderlo que, en localidades de la ciudad, como Pirovano y Urdampilleta, por definición pueblos de menor densidad demográfica que Bolívar, “menos visitados por los directivos de la iglesia y que muchas veces se arreglan con un diácono”, sus templos lucen “en perfectas condiciones, bien pintados, lindos y sin problemas de electricidad, iluminación ni conectividad”. Y lo mismo con las capillas de los barrios de la ciudad cabecera de Partido. Todas están muy bien porque los propios vecinos se hacen cargo de su cuidado, mientras que no ocurre de tal modo con la iglesia central del pueblo: “Parece que al ser de todos, no es de nadie”, lamentó.

Finalmente, Osvaldo Navarro remarcó que cualquier ayuda pro rescate de la parroquia San Carlos puede ser bienvenida, “pero el proyecto final debe ser organizado desde la misma iglesia. Si viene de afuera hay que tener mucho cuidado, porque en dos mil años Cristo corrió a los mercaderes, pero a través del tiempo nosotros no hemos tenido el valor de echarlos”.

Afuera, desde la pared exterior, preside el edificio y por qué no el Centro Cívico una enorme foto con la sonriente imagen del Papa y una elocuente leyenda, que parece pensada para este momento del templo: Recen por mí. Claro que se refiere a otra cosa, y que el pontífice argentino nada podría resolver desde Italia, si alguien no toma la posta en Bolívar.

Chino Castro

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